Un equipo del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC) y de la Universidad de Córdoba (UCO) ha constatado que los telómeros y subtelómeros del trigo, es decir, las regiones situadas en los extremos de los cromosomas, resultan determinantes para mantener la estabilidad del genoma y asegurar la correcta asociación cromosómica durante la meiosis. Los resultados ponen de relieve de nuevo la relevancia de estas zonas como elementos activos para comprender y manipular la genética de este cultivo.
La investigadora del IAS-CSIC que encabeza el trabajo, Pilar Prieto, recuerda en una nota que “el trigo es uno de los cultivos más importantes a nivel mundial, y comprender la organización de su genoma es crucial para los mejoradores”. “En este estudio, examinamos el papel dinámico de las regiones teloméricas y subteloméricas del trigo, centrándonos en su influencia en el apareamiento de cromosomas homólogos durante la meiosis, el proceso que produce gametos y asegura la fertilidad de la planta”, destaca.
El trabajo abarca diferentes especies y variedades de trigo y muestra, por primera vez, que los telómeros presentan una variación estructural mucho más amplia de lo que se asumía, lo que indica que podrían desempeñar funciones adicionales a las descritas hasta ahora. Esta diversidad genera auténticos “códigos de identidad cromosómica”, que la célula podría emplear para identificar qué cromosomas deben emparejarse, un mecanismo esencial en un cultivo poliploide, con más de dos juegos de cromosomas, como el trigo.
En cuanto a los subtelómeros, el estudio los describe como regiones sometidas a rápida evolución genética, muy enriquecidas en genes, elementos móviles y señales de recombinación, lo que los convierte en dianas prioritarias para los programas de mejora genética. Su elevada dinámica favorece la incorporación de genes de otras especies y la manipulación dirigida de la recombinación para introducir nuevos rasgos de interés agronómico.
Mediante estas estrategias de modificación genética es posible, entre otros usos, reducir o modificar componentes del gluten para crear variedades aptas para personas con sensibilidad, aumentar la resistencia frente a patologías como la roya o el oídio y elevar la productividad del cultivo ajustando parámetros como el rendimiento por hectárea, la tolerancia a la sequía o la eficiencia en el uso de nutrientes. De forma conjunta, estas aproximaciones permiten desarrollar trigos más sostenibles, seguros y alineados con las actuales demandas de producción y consumo.
Al respecto, Pilar Prieto señala que “los extremos cromosómicos actúan como verdaderas firmas, códigos de barras que ayudan a los cromosomas a encontrarse durante la meiosis”, a lo que añade que “comprender su variabilidad nos abre nuevas oportunidades para mejorar el trigo de forma más precisa”. El estudio ofrece así una visión renovada del papel de los telómeros y subtelómeros en la estabilidad y evolución del genoma del trigo y plantea nuevas vías para acelerar la mejora genética de este cultivo básico.