El biólogo e investigador de la Estación Biológica de Doñana-CSIC Miguel Clavero ha advertido de que la anguila es una especie inmersa en una “espiral de extinción” por “su escasez y por el deseo humano de exclusividad”, por lo que insiste en que “no debe explotarse comercialmente”.
Estas reflexiones las ha realizado en una entrevista concedida al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), difundida por Europa Press, en la que analiza los desafíos y amenazas que afronta la especie tras el reciente anuncio del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico de volver a plantear a las comunidades autónomas que se declare la anguila en peligro de extinción, con el fin de “garantizar su recuperación y frenar su declive”.
En esta línea, un estudio encabezado por Clavero junto a otros científicos de la EBD-CSIC, publicado en 2025 en la revista científica 'Conservation Letters', determinó que “la propia escasez de la especie, combinada con el deseo humano de consumir productos exclusivos, genera una 'espiral de extinción' que promueve que la anguila pueda pescarse y ser comercializada hasta su desaparición definitiva”.
El investigador ha detallado que la categoría de amenaza que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por las siglas en inglés) asigna a cada especie según su situación y evolución “no tiene ninguna implicación legal”.
Clavero ha recordado que “la anguila europea sostuvo la pesquería de aguas continentales más importante de Europa. Eso ha generado una inercia y un lobby que tiene una fuerza muy grande. Las administraciones a todos los niveles son muy temerosas de la impopularidad que pudiera generar las decisiones. Pero los pasos tomados estos días por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico parecen muy decididos y son esperanzadores”.
El biólogo ha señalado que ya en 2008 “se consideró en peligro crítico y evaluaciones posteriores han llegado a esa misma conclusión”, de modo que “la tendencia de la anguila europea es muy clara y la aboca a la extinción”.
Por este motivo, el experto insiste en que, tratándose de una especie al borde de desaparecer, “no debe explotarse comercialmente”. “Evidentemente, quienes pescan y venden anguilas se sienten perjudicados. Pero el papel de las administraciones no debe ser aparcar el conocimiento científico para hacer suyos los argumentos de esos colectivos agraviados, sino ofrecer soluciones a esa gente”.
En su opinión, “su participación y su conocimiento son importantes y hay muchas formas de hacerlos partícipes en la deseada recuperación de la anguila. Pero abrazar el negacionismo científico con la ilusión de conservar una actividad que va a desaparecer igualmente cuando no haya anguila es hacer un flaco favor a los pescadores y a toda la sociedad”.
Respecto a la opción de recurrir a la cría en cautividad para favorecer la recuperación de la especie, el investigador ha indicado que se han destinado importantes recursos y se han logrado avances con la anguila japonesa, hasta casi cerrar su ciclo vital en cautiverio. En el caso de la anguila europea, “se ha conseguido reproducir las condiciones en las que se suponen que se reproducen, e incluso que nazcan individuos, pero no se ha llegado a cerrar el ciclo todavía”.
No obstante, advierte de que “aunque se consiga, no es ninguna garantía de que se vaya a conservar la especie”. “De todas formas, todavía no está en el horizonte cercano que la anguila se pueda producir en cautividad de forma barata para abastecer los mercados, como se hace con el salmón. Es inviable comercialmente, de momento”, ha precisado.
En cuanto a las causas que han llevado a la anguila a situarse al filo de la extinción, Clavero explica que se trata de “un proceso multifactorial”. Por un lado, apunta a las presas y grandes infraestructuras hidráulicas, ya que “a principios del siglo XX las angulas, las crías de las anguilas, llegaban sin problema a casi toda España por los cursos de agua, incluso hasta a altitudes por encima de mil metros sobre el nivel del mar”, mientras que en la actualidad es “prácticamente un animal costero, porque hay miles de embalses y bloquean su acceso a muchos lugares”, aunque en Europa, “con un relieve mucho más llano, las angulas siguen pudiendo entrar muchos kilómetros tierra adentro”.
Otro elemento clave es “el impacto de un parásito de las anguilas asiáticas, que se introdujo en Europa por el comercio global de anguilas en los años 70 y 80”, ya que “crece en la vejiga natatoria y limita mucho la capacidad de las anguilas de volver al Mar de los Sargazos, donde se reproducen”. A ello se suma la contaminación, que “también influye” porque “acumula mucha grasa, necesaria para volver al Mar de los Sargazos, un viaje de al menos 5.000 kilómetros que realizan sin comer”.
Sin embargo, el experto identifica como “una de las amenazas principales” la presión pesquera, puesto que “el lobby de la pesca de anguila siempre quiere resaltar que es una pesca tradicional, sin impacto, pero la realidad es que no lo es”. “Hay una pesquería tradicional que cambió a lo largo del siglo XX para convertirse en una pesquería industrial y que, además, se globalizó. A principios de los años 70 colapsó la anguila japonesa, y el mercado asiático empezó a tirar de la anguila europea, que colapsó. Después se focalizó el mercado en la anguila americana, que colapsó también. Hay un colapso secuencial, que tiene una relación muy clara con la explotación comercial”.
A pesar de todo, Clavero subraya que “aún quedan muchas cosas por descubrir” sobre esta especie, ya que “no se sabe dónde ni cómo ni cuándo se reproduce la anguila europea”. Recuerda que “el hallazgo de que las anguilas se reproducen en el Mar de los Sargazos se hizo hace algo más de cien año por el biólogo Johannes Schmidt, pero seguimos sin saber dónde se reproducen realmente en ese lugar tan grande, ni a qué profundidad, ni en qué época, ni cuántos individuos de los que salen se reproducen”.