Hasta ahora, la situación que viven los deportistas en este país ha permanecido prácticamente invisible. Muchos daban por hecho que el deportista de alto nivel cotizaba en la Seguridad Social, que los años de inversión, esfuerzo y horas de trabajo —con prohibiciones, exigencias y obligaciones— llevaban implícito estar dado de alta.
El gran cambio llegó hace dos años y medio. Al ver la mirada triste de muchos compañeros hacia sus propias trayectorias, sentí la necesidad de actuar. No solo eran las lesiones crónicas las que marcaban su paso por el deporte, sino también la ausencia total de vida laboral en su historial.
El impacto de pérdidas como la de Blanca Fernández Ochoa, así como otras menos visibles, evidenció una realidad urgente. Fue entonces cuando entendí que, si no actuábamos los propios deportistas, nadie lo haría.
Cuando comencé a impulsar el grupo de trabajo, integré a la Fundación Blanca Fernández Ochoa —de la mano de su hermana, Lola Fernández Ochoa, impulsora de iniciativas centradas en la salud mental de los deportistas—, a la abogada especializada en derecho deportivo María Laffitte y a UGT como sindicato clave para orientar la regulación de nuestra vida laboral.
Entendí que, si no actuábamos los propios deportistas, nadie lo haría
El objetivo era avanzar con rigor, sin depender de impulsos mediáticos, para lograr un cambio estructural y duradero. Pronto se sumaron referentes de distintos deportes, entre ellos Fernando Romay, que se puso en contacto conmigo al conocer el movimiento, generando una movilización colectiva sin precedentes. En ese proceso, comprobamos que disciplinas como el ciclismo o el baloncesto ya estaban trabajando para regular sus propias condiciones laborales, sin éxito, lo que reforzó la necesidad de un enfoque conjunto, aunque adaptado a realidades distintas.
Así estructuramos el trabajo en tres fases: la primera, para aquellos que, a pesar de pertenecer a ligas profesionales y tener contratos e ingresos, no podían cotizar; la segunda, para deportistas sin empleador que solo recibían becas y nunca han cotizado; y la tercera, centrada en la creación de un Estatuto del Deportista que garantice la obligatoriedad de cotización.
Esta última afecta especialmente a los Deportistas de Alto Nivel (DAN) actuales, que se ven obligados a adelantar de golpe, a principios de año, la cotización como autónomos. Posteriormente, el Consejo Superior de Deportes devuelve ese importe, financiado con los derechos audiovisuales del fútbol. Sin embargo, esta partida económica no se está utilizando en su totalidad: muchos deportistas desconocen su existencia, otros son demasiado jóvenes para comprender su importancia y, en muchos casos, simplemente no disponen del dinero necesario para adelantar esa cantidad.
La pregunta es evidente: ¿qué trabajador autónomo está obligado a pagar toda su cotización anual a principios de año de una sola vez? El deportista.
He confirmado, más que nunca, que la unión hace la fuerza. Durante años, muchos deportistas —especialmente quienes gozaron de mayores privilegios— intentaron resolver su situación de forma individual. Sin embargo, no ha sido hasta la creación del movimiento “Jubilación Justa” cuando se ha producido una verdadera unión en torno a una causa común.
El 1 de octubre de 2024 logramos celebrar una jornada parlamentaria en el Congreso de los Diputados. Fue esperanzador comprobar cómo los distintos grupos políticos respaldaban nuestro movimiento; incluso algunos desconocían la situación de abandono y desamparo que atraviesan muchos deportistas tras su retirada.
El 18 de julio de 2025 dimos un paso más: la primera fase salió a consulta pública. Junto con el CSD, se elaboró un formulario para identificar a los deportistas de ligas profesionales con contrato. Es importante reconocer la buena voluntad y la implicación del Consejo Superior de Deportes en este proceso, mostrando desde el inicio disposición para abordar una problemática que durante años había permanecido desatendida. Sabíamos que esta sería la fase más sencilla de abordar, precisamente porque afecta a quienes, dentro de la problemática general, son los menos desprotegidos.
Con el impulso de UGT y el compromiso de los propios deportistas, se ha logrado un primer avance: la salida a audiencia pública del Real Decreto para presentar alegaciones. Un paso importante, pero aún insuficiente.
No podemos hablar de un cambio histórico si los más perjudicados siguen siendo los grandes olvidados: los deportistas que nos han representado en Juegos Olímpicos, mundiales y europeos, los Deportistas de Alto Nivel (DAN). Aquellos que hacen vibrar a todo un país, que inspiran a los jóvenes y representan los valores del deporte, no pueden quedar desprotegidos tras su carrera.
Si somos marca España y motivo de orgullo colectivo, es legítimo preguntarse cómo hemos permitido su abandono.
A partir de aquí, la pregunta ya no es si el sistema debe cambiar, sino cuándo y con qué determinación. La solución pasa por reconocer de forma clara la actividad del deportista de alto nivel como una actividad laboral, con derechos y obligaciones equiparables a cualquier otro trabajador. Cotizar no puede seguir siendo una excepción ni depender de la disciplina o de la estructura que haya detrás de cada carrera deportiva. Debe ser un derecho garantizado.
Pero también es imprescindible mirar más allá de la competición. La retirada no puede ser un salto al vacío. Es necesario establecer mecanismos reales de transición: acceso a formación, orientación profesional y acompañamiento que permita a los deportistas construir una segunda vida con dignidad. Estos mecanismos ya están en marcha, pero seguirán siendo insuficientes si el deportista no ve reconocido su esfuerzo en un aspecto esencial: su vida laboral. No puede ser que el único rastro del alto rendimiento en su trayectoria sean las lesiones acumuladas.
Porque el problema no termina cuando se apagan los focos; en muchos casos, es ahí donde empieza.
Este no es un debate sectorial, es una cuestión de justicia. Un país que presume de sus deportistas no puede permitirse darles la espalda cuando dejan de competir. Porque entonces el mensaje que se lanza es tan claro como injusto: mientras compites, eres un símbolo; cuando terminas, eres invisible.
Y lo que es aún más grave: muchas familias empiezan ahora a conocer la situación en la que se encuentran los primeros deportistas que se dedicaron exclusivamente al alto nivel y que hoy afrontan la jubilación. Una etapa en la que descubren que no pueden jubilarse en condiciones dignas, porque aquellos años no cuentan como trabajados o porque la pensión resultante no les permite vivir con dignidad, pese a haber sido referentes para todo un país.
Y eso, sencillamente, no es aceptable.
SOBRE LA FIRMA:
Almudena Cid es la única gimnasta del mundo que ha alcanzado cuatro finales olímpicas consecutivas (Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008). Tras su retirada,ha desarrollado una carrera polifacética como actriz, escritora y comentarista deportiva. En esta última etapa ha impulsado la reivindicación de pensiones justas para deportistas de élite.