Como cualquier otra organización que pretenda mejorar la eficiencia, la eficacia y la productividad, también los parlamentos nacionales de los distintos países se interesan por cómo aplicar la inteligencia artificial (IA).
En efecto, la actividad parlamentaria está llena de trámites y procesos llamados a la inevitable automatización. Sin embargo, es un camino largo el que hay que recorrer si queremos transitar desde la identificación y el reconocimiento del potencial de la IA hasta la visibilidad de soluciones verdaderamente aplicables. Ese trayecto, además, está repleto de retos legales y tecnológicos, además de éticos.
