Conferencia de financiación en Sevilla: el momento es ahora

España acoge a finales de este mes la IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo. Será en Sevilla. Una cita que se produce en un contexto internacional con graves y complejas crisis que afectan a millones de personas en todo el planeta: en Sudán, Palestina, Ucrania, Afganistán o Yemen. También en Colombia, Ecuador, El Salvador o Nicaragua. E incluso en nuestros barrios y ciudades, donde se sufren las consecuencias de la emergencia climática, la desigualdad, o la falta de servicios...

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España acoge a finales de este mes la IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo. Será en Sevilla. Una cita que se produce en un contexto internacional con graves y complejas crisis que afectan a millones de personas en todo el planeta: en Sudán, Palestina, Ucrania, Afganistán o Yemen. También en Colombia, Ecuador, El Salvador o Nicaragua. E incluso en nuestros barrios y ciudades, donde se sufren las consecuencias de la emergencia climática, la desigualdad, o la falta de servicios públicos. ¿Qué tienen que ver esas crisis y conflictos con las finanzas internacionales? Tienen que ver y mucho.

La cita de Sevilla reunirá a representantes de todo el mundo, presidentes, ministros y ministras de economía, de finanzas y de exteriores. Durante tres días negociarán sobre cuestiones tan relevantes como las reglas para una fiscalidad justa, la deuda externa que asfixia a muchos países o sobre los compromisos -nunca plenamente cumplidos- en cooperación internacional para el desarrollo. En realidad, ya están negociando sobre ello, aunque a puerta cerrada, lo que demuestra que hay muchos intereses en juego.

Recursos hay, aunque mal repartidos

Hablar de estas cuestiones supone definir las reglas del juego: dónde está el dinero, quién lo gestiona, cómo y en qué se invierte (o se malgasta). Mientras millones de personas no tienen qué llevarse a la boca, no cuentan con servicios públicos básicos o ven cómo empeoran sus condiciones de vida, el sistema financiero sigue engordando los bolsillos de unos pocos. Las guaridas fiscales esconden 25 billones de dólares que no pagan impuestos; mientras tanto, faltan 4 billones para cumplir la Agenda 2030 y, con ella, garantizar condiciones dignas para la vida de la mayoría de la población mundial

La sociedad civil mundial lleva décadas movilizada en torno a la Conferencia. Miles de organizaciones en todo el mundo han demostrado que dinero hay, ahora falta voluntad política para que se invierta en el bien común. No es posible que haya países que destinan al pago de la deuda externa más del doble de lo que invierten en salud; una deuda que, en muchos casos, es ilegítima. No es posible que el 1% de la población mundial acumule más riqueza que el 95% restante. Existen medidas que podrían tomarse de manera inmediata para comenzar el giro urgente que tal situación exige.

Responsabilidades diferenciadas

Este tipo de encuentros se celebran desde 2002, en Monterrey, Doha (2008) y Adís Abeba (2015). Fueron los países del Sur global quienes reclamaron estas conferencias ante una situación insostenible. Esta es la primera vez que se celebra en un país europeo y eso no debería ser algo que pasara sin dejar huella. El llamado Norte global tiene una responsabilidad enorme en esta situación que ahoga a la mayoría y alfombra el paso de la gente más adinerada. La deuda histórica de los países que son más ricos a costa de empobrecer a otros debería tener consecuencias que aseguren compromisos reales que reviertan las desigualdades estructurales de las instituciones financieras internacionales,y que  impulsen reformas que democraticen su gobernanza. España, como país anfitrión, tiene una responsabilidad aún mayor; el contexto mundial lo exige y no estar a la altura no es una opción.

Opciones muy claras para marcar la diferencia

A pesar de la opacidad en las negociaciones, especialmente en esta ronda final, y a espera de conocer la última versión del borrador que se está negociando, la sociedad civil mundial tiene muy claro por dónde debería avanzar esta Conferencia. En primer lugar, debe garantizarse que las decisiones económicas globales se toman de manera democrática y sin que unos países tengan más peso que otros. Además, las grandes fortunas y corporaciones deben pagar los impuestos que les corresponden, hay que poner fin a la opacidad y a los paraísos fiscales. Y deben, por supuesto, respetar los derechos humanos y medioambientales; para ello, es urgente un tratado de Naciones Unidas de obligado cumplimiento.

Otra de las piezas fundamentales es la que tiene que ver con la deuda externa: es el momento de contar con una convención internacional, en el seno de Naciones Unidas, que cancele lo injusto y reforme el sistema. La sociedad civil mundial exige una cooperación fuerte y sin paternalismos, debe cumplirse, como mínimo, con el histórico compromiso del 0,7% para Ayuda Oficial al Desarrollo. La agenda de la cooperación también debe definirse en el seno de Naciones Unidas, y no en un espacio cooptado por un reducido grupo de países donantes. Por otra parte, debe protegerse el planeta y el apoyo a quienes lo defiende, no es posible que sigamos contabilizando como fondos para la protección del medioambiente cuestiones que no lo son.

Y todo ello debe estar empapado de los enfoques feministas, interseccionales, decoloniales, ecológicos… Es urgente invertir en sistemas públicos de cuidados que protejan y garanticen el bienestar integral de las personas y la casa común que habitamos. Por último, y no por ello menos importante, señores y señoras políticas, no olviden que la noble profesión de la política tiene sentido solo en relación directa con la ciudadanía a la que representan.

La Conferencia en Sevilla será un momento crucial para definir en qué lugar de la historia queremos situarnos. La elección debería ser muy clara: ante la avaricia de la minoría a costa del mal vivir de la mayoría, deberían primar, sin ningún género de dudas, la justicia y la protección de la vida digna. Quienes acuden a Sevilla y hoy negocian en despachos cerrados tienen una responsabilidad histórica que, de no cumplirla, traerá graves consecuencias a todo el planeta y las generaciones presentes y futuras. Ojalá se consiga una alianza con posiciones avanzadas; no podemos permitirnos un documento de consenso, pero diluido y sin capacidad de resolver la encrucijada en la que nos encontramos.

El ejercicio responsable de la política es una de las dedicaciones más nobles que existen. Trabajar por la garantía de los bienes comunes y el bienestar de la ciudadanía deberían ser faros en el quehacer político cotidiano. No olviden que encuentros como el que acogerá Sevilla son fundamentales para no defraudar a esa esencia.

SOBRE LA FIRMA
Javier Ruiz Gaitán es el presidente de La Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo