Así en los partidos políticos como en las organizaciones agrarias

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Elisa Plumed

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Por Plumed Lucas

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El 1 de mayo entrará en vigor el Tratado comercial de Mercosur. ¡Tiemblen!

Esto es lo que venimos oyendo desde hace meses quienes nos dedicamos a la información agroalimentaria.

La cuestión es que, tras leer, preguntar y analizar la situación, una viene pensando que hay demasiado “Pedro” para "este lobo". Me explico: el Tratado de Mercosur ha sido el más complejo que ha negociado la Unión Europea hasta ahora (por algo ha costado más de 25 años cerrarlo) pero dudo que vaya a ser tan negativo como nos lo han pintado algunas organizaciones agrarias y otros tantos partidos políticos.

Y como la duda es algo que los periodistas debemos practicar, en las últimas semanas, para confirmar dicha teoría, la he contrastado con la opinión de otros colegas especializados, quienes me confirman que sí, que en las últimas semanas varios de estos colectivos han sobreactuado.

En las organizaciones agrarias como en los partidos políticos hemos presenciado un movimiento similar: VOX, partido que se declara ferviente abanderado del campo, se ha plantado tras la pancarta de “No a Mercosur” y, día tras día, repite la cantinela de los inmensos daños que acarreará al agro español llevándolo a la ruina.

Esta postura radical, obligó a que el Partido Popular, cercano en el arco político pero no en el Mercosur, ante las elecciones autonómicas se viera obligado a rechazar dicho Tratado Comercial, primero de forma tajante (y hasta contradictoria con su propios diputados del Parlamento Europeo, que votaron a favor), y después matizando con un “así no”, (ya que el español y popular Gabriel Mato fue el ponente de las cláusulas de salvaguarda en el Parlamento Europeo y el defensor del “así sí”).

El mismo movimiento se observó en las organizaciones profesionales agrarias: aquellas más radicales, (fuera del triunvirato de ASAJA, COAG y UPA) que en febrero de 2023 movilizaron a miles de agricultores, tomaron la delantera contra Mercosur. Y ese rechazo obligó a que la más próxima ideológicamente, ASAJA, primero rechazara del plano el Tratado para luego se suavizara con un “no a este Mercosur”.

La teoría, y también la experiencia de otros tratados comerciales como el de la Unión Europea y Marruecos, dice que, en general, la apertura comercial, al principio cuesta y luego resulta más positiva de lo esperado. El sector agroalimentario evoluciona y se adapta.

Sin embargo, esta experiencia también dice que lo imprescindible para no rebasar los límites establecidos es invertir en excelentes y homogéneos controles en frontera, un reto en el que sí debe trabajar bastante la Comisión Europea junto con los estados miembro.

Si somos responsables y honestos, en uno o dos años, administraciones públicas, partidos políticos, organizaciones agrarias y periodistas especializados deberíamos realizar y compartir un ánalisis sobre cuál ha sido el coste económico de la entrada en vigor de Mercosur para el sector agroalimentario europeo. Apuesto que, en líneas generales, el vacuno de carne saldrá perdiendo, pero otros sectores como el aceite de oliva o el vino, abrirán mercados.

Hace unos días escuché: ”El maíz llegó a Europa desde América, gracias al viaje de Colón. ¡Eso sí que fue un gran Mercosur!”. No pude evitar sonreír.