Un error estratégico: España y los reactores nucleares

El presidente de la Sociedad Nuclear Española, Paulo Domingues Santos: "Los siete reactores españoles están en perfectas condiciones tanto en equipos técnicos como humanos para seguir funcionando, no prescindamos de ellos, no desechemos un recurso tan valioso y cierto en estos tiempos de incertidumbre"

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Paulo Domingues Santos es presidente de la Sociedad Nuclear Española

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La Real Academia Española de la Lengua define error como “una acción desacertada o equivocada” y prescindir de la energía nuclear a fecha de hoy, para un país, es una decisión equivocada, un error estratégico e injustificable que, seguro, se puede argumentar, pero que difícilmente se puede defender.

España dispone de siete reactores nucleares en funcionamiento: Almaraz I y Almaraz II, Ascó I y Ascó II, Cofrentes, Vandellós II y Trillo. El año pasado, con una potencia instalada que supone el 5,0% del disponible, las siete centrales aportaron un 19,7% del total generado en el sistema eléctrico peninsular. Su factor de carga fue superior al 83% y entregaron a la red 51,8 TWh netos que suponen un 25% del total de la electricidad generada en España libre de emisiones. Datos reales y fiables para aportar al debate y que pueden sustentarse, además, en otros valores intrínsecos de la energía nuclear como su capacidad de ser generación de base, de aportar control y estabilidad a la red o de poder defender unos costes menos dependientes de efectos geopolíticos circunstanciales.

España tiene siete reactores que están funcionando y que están en perfectas condiciones para seguir haciéndolo (no perdamos de vista que se trata de un sector estrictamente regulado y supervisado para que así sea) así que el error estratégico, la crudeza de la equivocación que nos quieren llevar a cometer es prescindir de este recurso. Estamos hablando de destruir un recurso real, disponible, que funciona y que sigue siendo una necesidad de nuestro sistema eléctrico sin que todavía nadie nos haya contado, de verdad, lo que vamos a ganar como sociedad con esta decisión.

No vamos a ser los primeros en cometer este error. Alemania cerró su último reactor en 2023 y recientemente el canciller federal Friedrich Merz reconoció que no son capaces de revertir esta decisión y la calificó como “grave error estratégico”. No se trata tan solo de una afirmación política, se trata de una realidad traducible a datos de costes energéticos, degradación de la economía e incremento del nivel de emisiones, que deberían ser banderas rojas en la toma de decisiones políticas en España. Aprender del “error estratégico” alemán nos debería llevar a una senda diferente a la que parece que nos quieren obligar a transitar.

La energía nuclear supone un 25% del total de la electricidad generada en España libre de emisiones de gases de efecto invernadero

Queremos pensar que alguien tiene claro en qué nos va a beneficiar esta decisión que cada vez tiene más voces en contra. Nosotros lo que sí sabemos es en qué nos va a perjudicar. Perderemos puestos de trabajo de calidad, riqueza en zonas de la definida como “España vaciada”, tejido empresarial, capacidad de generación que no, no va a ser sustituido por energía renovable (es capacidad de generación complementaria). No deberían intentar colocarnos en un discurso de odio, de oposición de una energía frente a la otra. Nuclear y renovables es un tándem que nos hace fuertes como país, que nos da una independencia más necesaria hoy que nunca.

Quizás no estamos en la casilla de hablar de construir nuevos reactores (difícilmente estaremos nunca en ella sin un marco regulatorio estable y que dé garantías a las fuertes inversiones que se requieren para ello) pero sí estamos en la de salvar lo que tenemos, en no prescindir de una certidumbre y de un recurso válido, real y tangible como es la energía nuclear en España.

Llevamos muchos meses escuchando voces que reclaman la toma de decisiones en este sentido pero quizás, por su relevancia en Europa, ponemos de manifiesto las de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen que, tras hablar también de “error estratégico”, ha sugerido que quizás la mejor opción sea retrasar el cierre de las centrales nucleares y habló de “evitar la jubilación prematura de activos, como las instalaciones nucleares existentes, que pueden proporcionar electricidad fiable, de bajo coste y con bajas emisiones”.

Von der Leyen ha vivido doblemente ese “error estratégico” esa decisión equivocada que tomó primero su país, Alemania, y que ahora reconoce con este giro de 180 grados en el posicionamiento de la Unión Europea frente a la capacidad nuclear de Europa para hacer frente a un contexto complejo en el que el impacto del incremento de precios de gas y petróleo ya se ha empezado a notar.

Estamos hablando de destruir un recurso real, disponible, que funciona y que sigue siendo una necesidad de nuestro sistema eléctrico sin que todavía nadie nos haya contado, de verdad, lo que vamos a ganar como sociedad con esta decisión.

La toma de decisiones, sin duda, nunca es sencilla y se basa en el análisis de un entramado complejo de circunstancias y condicionantes. No se trata de cuestionar la que se tomó en 2019, cuando se acordó el actual calendario de cierre, sino de aceptar que las circunstancias son radicalmente diferentes y que lo que en 2019 podía ser una opción, en 2026 es un error que no deberíamos cometer.

La sociedad debe exigir a las propietarias y operadoras de las centrales nucleares un trabajo exquisito, un funcionamiento seguro, una adecuada gestión de sus residuos, una alta cualificación y preparación de sus profesionales y, por supuesto, el necesario nivel de inversiones para que estas instalaciones operen de manera segura y fiable. Aquí el nivel de exigencia y de responsabilidad debe ser alto, muy alto y debe aportar esa confianza tan necesaria en un sector que, no lo olvidemos, lleva en España desde hace más de 50 años y que cuenta con una estructura muy consolidada.

Los siete reactores españoles están en perfectas condiciones tanto en equipos técnicos como humanos para seguir funcionando, no prescindamos de ellos, no desechemos un recurso tan valioso y cierto en estos tiempos de incertidumbre.

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Paulo Domingues Santos es presidente de la Sociedad Nuclear Española