España como gran hub logístico

Francisco Aranda Manzano, presidente de UNO Logística, aborda en Demócrata el impacto de la digitalización en la logística y reclama reformas para no perder inversiones

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Francisco Aranda Manzano es presidente de UNO Logística, organización empresarial de logística y transporte de España

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Recientemente hemos celebrado el día europeo de la logística, un sector que ha dejado de ser un actor silencioso para convertirse en una pieza central de la economía contemporánea. En un mundo marcado por la permacrisis, la inmediatez, el comercio electrónico y las cadenas de suministro globales, su papel ya no es meramente operativo, sino profundamente estratégico. Hablar de logística hoy es hablar de competitividad, potencialidad económica y capacidad de crecimiento.

En términos económicos, su relevancia es incuestionable. El sector no solo aporta un 10% al PIB, incluyendo actividades logísticas dentro de empresas industriales y comerciales. El peso real del sector en la economía es mucho mayor por su efecto tractor sobre el resto de los sectores económicos. Cada industria, desde la automoción hasta la alimentación, depende de que los flujos de mercancías funcionen con precisión milimétrica. Además, su impacto en el empleo es notable porque genera más de 1,5 millones de puestos de trabajo, si se tienen en cuenta las funciones logísticas dentro de los diferentes sectores, con perfiles cada vez más diversos, desde operarios especializados hasta ingenieros de datos.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión del sector está en su transformación tecnológica. La logística vive una revolución impulsada por la digitalización, la automatización y el uso intensivo de datos (ya es el tercer sector que más utiliza el big data en España porque la clave es predecir el comportamiento del consumidor). Tecnologías como la inteligencia artificial, el Internet de las cosas o los sistemas de gestión avanzada de almacenes están redefiniendo procesos tradicionales. Los centros logísticos ya no son simples espacios de almacenamiento, sino nodos inteligentes capaces de anticipar la demanda, optimizar rutas y reducir costes en tiempo real.

La colaboración entre empresas, administraciones y centros educativos son clave

Esta evolución plantea un desafío crucial que es el capital humano. La logística del siglo XXI requiere ya talento cualificado, adaptable y con competencias tecnológicas. No basta con cubrir vacantes; es imprescindible atraer, formar y fidelizar profesionales capaces de operar en entornos cada vez más complejos. Existe una brecha evidente entre las necesidades del sector y la oferta formativa actual. Si no actuamos con rapidez, esta carencia puede convertirse en un cuello de botella que limite su desarrollo.

Por ello, es urgente impulsar políticas activas de empleo (PAE) que respondan a esta nueva realidad. La colaboración entre empresas, administraciones y centros educativos son clave para diseñar itinerarios formativos alineados con las demandas reales de las empresas.

Otro de los grandes retos que enfrenta el sector es el acceso rápido al suelo. La creciente demanda de espacios choca con procesos administrativos largos y complejos. Esta situación genera incertidumbre y frena inversiones que podrían traducirse en crecimiento económico y creación de empleo real. Reducir los plazos y simplificar los trámites es una necesidad urgente para no espantar las inversiones. Sólo cada 1% de incremento de tasa de penetración del comercio electrónico requiere en torno a 1,2 y 1,9 millones de metros cuadrados.

A este escenario se suma otro factor crítico que es el acceso a la energía eléctrica. La demanda energética del sector logístico está experimentando una transformación profunda como consecuencia de la automatización, la robotización y la electrificación de las operaciones, factores que están modificando de manera sustancial el perfil de consumo de las plataformas. Las naves logísticas de nueva generación incorporan un elevado componente tecnológico y operan mediante sistemas de gestión automatizados, vehículos guiados por inteligencia artificial y maquinaria eléctrica de alta eficiencia, lo que exige un suministro eléctrico estable y de mayor potencia.

Además, la electrificación de las flotas introduce nuevas necesidades de recarga que se concentran en ubicaciones estratégicas y requieren refuerzos específicos de la red. Sin una garantía de suministro suficiente y ágil, muchos proyectos corren el riesgo de huir a otros países de nuestro entorno.

La transición energética es una oportunidad para el sector logístico, pero también un desafío. Apostar por energías limpias, mejorar la eficiencia y reducir la huella de carbono son objetivos ineludibles. No obstante, para que esta transición sea viable, es imprescindible que las infraestructuras energéticas acompañen el ritmo de crecimiento del sector. La falta de potencia disponible no puede convertirse en un freno para la innovación.

En definitiva, el sector logístico se encuentra en un momento decisivo. Su importancia económica y estratégica es indiscutible, pero su futuro dependerá de la capacidad para afrontar con éxito los retos que tiene por delante. Tenemos la oportunidad de posicionar a España como un gran hub logístico intercontinental.

Apostar por la logística, es apostar por una economía más fuerte, más resistente y mejor preparada para los desafíos del futuro.

sobre la firma

Francisco Aranda Manzano es presidente de UNO Logística, organización empresarial de logística y transporte de España.