No es la primera vez que la UE – un territorio donde convivimos 500 millones de habitantes diversos y 27 países, – se enfrenta a enormes retos de futuro. Sin embargo, los desafíos actuales por su complejidad y doble dimensión, de naturaleza interna y externa, están configurando una tormenta perfecta que interpela directamente a las raíces de nuestra democracia y a la esencia más íntima del proyecto europeo.
En el plano interno, las últimas elecciones europeas, arrojaron un resultado agridulce. Los partidos políticos que comparten el proyecto europeísta hemos conseguido mantener la mayoría parlamentaria en la Eurocámara, y eso es una buena noticia. Pero no deja de ser muy preocupante el aumento de las fuerzas de la extrema derecha en casi todos los principales países europeos, que ha seguido confirmándose en elecciones regionales de algunos estados miembros.
