Groenlandia empieza en Donetsk

El senador y vicepresidente de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, Pere Joan Pons, reflexiona en Demócrata sobre las consecuencias de las últimas acciones de Trump

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Pere Joan Pons es Senador por Mallorca y vicepresidente de la Asamblea parlamentaria de la OSCE

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El futuro de Groenlandia y el de Europa se decide, desde hace tiempo, en Ucrania. Puede parecer una provocación, pero no lo es: lo que ocurra en Donetsk marcará el rumbo del proyecto europeo y el equilibrio geopolítico del continente durante las próximas décadas.

Desde julio de 2025 ejerzo la presidencia de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), una institución que agrupa a 57 países y representa a más de mil millones de personas, de Vancouver a Vladivostok. En estos meses he participado en decenas de reuniones internacionales y, en todas ellas, se repite una misma percepción: las negociaciones para una supuesta paz en Ucrania se viven mayoritariamente como un proceso impuesto. Al mismo tiempo, se constata con inquietud un cambio profundo de paradigma con la nueva administración Trump.

La forma en que Europa salga de la guerra de Ucrania condicionará decisivamente su relación futura con Estados Unidos. Algunos gobiernos y líderes europeos empiezan a comprender —quizá demasiado tarde— que la pasividad mostrada el pasado verano ante los pasos hacia una presunta paz negociada en Anchorage, sin Europa y sin Ucrania, y la posterior respuesta débil e insuficiente, han acelerado ambiciones que hoy ya no son teóricas. Groenlandia y Venezuela son ejemplos evidentes de ello.

En este contexto, la respuesta clara, firme e inequívoca del presidente Volodímir Zelenski a las exigencias rusas para la paz debería haber servido de referencia. Europa tendría que haber sabido replicar esa actitud en otros escenarios que hoy ya forman parte de la realidad internacional.

Europa, y especialmente el espacio de la OSCE, vive un nuevo tiempo de inestabilidad, confrontación e inseguridad. Esta tendencia va más allá de una administración concreta y ha quedado plenamente confirmada con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025, publicada el pasado diciembre. Ya no hablamos de impresiones o análisis: se trata de doctrina escrita.

Europa se ha convertido en la principal amenaza para la ideología MAGA

Como ha señalado recientemente Martin Wolf en Financial Times, el objetivo implícito de esta estrategia es desmantelar el proyecto europeo: su demos, su democracia, la libertad y pluralidad de la prensa y su modelo de bienestar. Europa se ha convertido en la principal amenaza para la ideología MAGA. Y, paradójicamente, eso es una buena noticia.

El World Economic Forum lleva tiempo alertando de la consolidación de un nuevo orden mundial, más competitivo, con un aumento de los conflictos geoeconómicos y una presión creciente sobre los pilares del multilateralismo global. En este escenario, Europa se convierte en un obstáculo para el trumpismo, que encuentra en el modelo de Viktor Orbán su principal referente europeo. Todo lo que se aleja de ese modelo es percibido como enemigo. Y hoy Europa es, sin ambigüedades, un objetivo político para la administración estadounidense.

Menospreciar normas, erosionar instituciones o renunciar al multilateralismo como vía de resolución de conflictos no es nuevo. Lo verdaderamente determinante es la respuesta. Y esa respuesta solo puede venir de una Europa unida, capaz de activar instrumentos políticos, económicos y diplomáticos que demuestren que seguimos creyendo en la democracia, en el derecho internacional y en el orden institucional surgido tras 1945.

No se trata de ingenuidad. Los hechos son claros: Putin no ha ganado Donetsk y Trump no ha resuelto ningún conflicto real. No ha detenido la guerra de Ucrania, no ha logrado una paz justa en Oriente Medio, no ha mejorado la economía global mediante el arancelismo ni ha aportado más libertad o bienestar a Venezuela. Al contrario: ha legitimado un régimen que mantiene a un sucedáneo de Maduro en el poder mientras la población sigue pagando el precio.

Por eso Ucrania es clave. Porque la primera frontera de Groenlandia está en Donetsk. En octubre, durante una reunión en Estambul con un alto dirigente internacional, se compartió lo que muchos consideran el plan implícito para la paz: Donetsk para Putin, nada para Ucrania, el éxito político para Trump y un único perdedor claro: el proyecto europeo.

Zelenski ya lo advirtió en la Conferencia Internacional de Estocolmo sobre Crimea: la Rusia de Putin y Trump no puede decidir el futuro de Ucrania sin Ucrania. Y, de momento, ni Rusia ni Putin han logrado imponer esa paz. Esa es la lección de Donetsk. Y es también la lección para Groenlandia y para Europa.

Si Europa no es capaz de defender una Ucrania europea, desde el multilateralismo y con Ucrania como parte de la solución, habrá dado el primer paso para perder Groenlandia. Un territorio que ya ha expresado de forma clara su voluntad de vincularse al marco de la Unión Europea, de la OTAN y de Dinamarca. La ciudadanía groenlandesa lo sabe porque lo ha visto en Venezuela: para Trump, las personas —sean ucranianas o venezolanas— cuentan poco.

Es el momento de ser más Europa que nunca, más multilateralistas que nunca y de abandonar definitivamente los dobles estándares según el conflicto de turno

Como corolario, la nueva política estadounidense demuestra dos realidades incuestionables: la necesidad de reformar la arquitectura internacional para reforzar el multilateralismo como herramienta eficaz de resolución de conflictos y la pérdida de peso global de Estados Unidos en el siglo XXI. De ahí su regreso a una lógica propia del siglo XIX, una lógica que el siglo XX ya nos mostró adónde conduce: al horror de la guerra.

Por fortuna, el multilateralismo, la democracia y el derecho internacional son más fuertes que un mandato presidencial. Y hoy, en Europa, este presidente cuenta con menos apoyo que al inicio de su mandato. Es el momento de ser más Europa que nunca, más multilateralistas que nunca y de abandonar definitivamente los dobles estándares según el conflicto de turno.

Europa tiene ante sí una oportunidad histórica: reforzar su proyecto político, profundizar en el multilateralismo y mejorar su calidad democrática. Donetsk no es un lugar lejano. Es el espejo en el que se refleja nuestro futuro.

SOBRE LA FIRMA: Pere Joan Pons es Senador por Mallorca y vicepresidente de la Asamblea parlamentaria de la OSCE