IA para todos: ambición moral, pragmatismo geopolítico

Francisco Pérez Bes, adjunto de la Agencia Española de Protección de Datos y experto en Derecho Digital, analiza en Demócrata las implicaciones del AI impact Summit: "Es un intento explícito de reequilibrar la gobernanza global de la inteligencia artificial en un momento de fragmentación tecnológica, tensiones geopolíticas y creciente concentración de poder"

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Francisco Pérez Bes es adjunto de la Agencia Española de Protección de Datos

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Durante el evento AI impact Summit, celebrado en febrero de 2026, España y 88 países y organizaciones internacionales más, adoptaron la declaración de Nueva Delhi sobre IA.

Esta declaración es mucho más que un mero comunicado diplomático. Es un intento explícito de reequilibrar la gobernanza global de la inteligencia artificial en un momento de fragmentación tecnológica, tensiones geopolíticas y creciente concentración de poder en torno a modelos fundacionales, infraestructura de cómputo y datos.

Bajo el lema “AI for All” y anclada en la máxima “Sarvajan Hitaya, Sarvajan Sukhaya” (bienestar y felicidad para todos), la iniciativa india propone un marco de cooperación voluntaria estructurado en siete pilares:

  • democratización de recursos
  • crecimiento económico y bien social
  • IA segura y confiable
  • IA para la ciencia
  • acceso para el empoderamiento social
  • desarrollo de capital humano
  • sistemas resilientes y eficientes

La pregunta relevante no es si la declaración es bienintencionada —lo es— sino si es estratégica, ejecutable y capaz de alterar las asimetrías actuales.

Como es sabido, el actual tablero de la gobernanza de la IA se estructura en tres espacios claramente diferenciados: el enfoque regulatorio propio de la Unión Europea (centrado en la protección de los derechos fundamentales de las personas y la defensa de la innovación), el énfasis en innovación y seguridad nacional de Estados Unidos y el modelo estatal-tecnológico de China.

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En la realidad, el logro del objetivo conocido como la “democratización de recursos de IA” —incluido el acceso a capacidad de cómputo, a modelos, datos y capacidades— sigue viéndose frenado por la tradicional concentración de infraestructura en un puñado de actores privados tecnológicamente avanzados, y Estados que usan esa tecnología para lograr sus objetivos de política geoestratégica.

Voluntariedad versus normatividad

Sin embargo, todos los instrumentos propuestos en este encuentro han sido voluntarios y no vinculantes. Esto tiene ventajas diplomáticas —facilita adhesiones amplias y evita bloqueos regulatorios— pero también límites evidentes.

Mientras la Unión Europea avanza con marcos jurídicos obligatorios sobre riesgos, transparencia y responsabilidad algorítmica, y Estados Unidos consolida estándares sectoriales y controles de exportación estratégicos, la propuesta india apuesta por principios flexibles, cooperación técnica y soft law.

¿Es suficiente este enfoque en un entorno donde la IA impacta de forma tan intensa en -por citar sólo algunos- derechos fundamentales, mercados laborales, procesos electorales y seguridad internacional?

Esta realidad nos puede llevar a concluir que mientras que la arquitectura de la propuesta es colaborativa su exigibilidad parece difusa.

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De hecho, la Declaración no aborda cuestiones críticas como responsabilidad civil por daños algorítmicos, la exigencia de realizar auditorías obligatorias, acreditar la trazabilidad de modelos o disponer de mecanismos de reparación transfronterizos.

Energía, infraestructura y realismo tecnológico

Uno de los aportes más interesantes derivados de dicha declaración es el que tiene que ver con el reconocimiento explícito de la huella energética y material de la IA, aspecto este que ha venido siendo un riesgo inherente desde la generalización de esta tecnología.

Muchos países del “Sur Global” no pueden sostener modelos energéticamente intensivos

En un momento en que los modelos de gran escala consumen cantidades masivas de energía y agua, vincular democratización con eficiencia no es solo una cuestión ambiental, sino que vuelve a ser una aspiración geopolítica: muchos países de lo que se ha venido a denominar como el “Sur Global” (naciones de África, América Latina, y partes de Asia y Oceanía, que buscan desarrollar y aplicar IA adaptada a sus propios contextos culturales, lingüísticos y socioeconómicos) no pueden sostener modelos energéticamente intensivos.

Así las cosas, si la “IA para todos” requiere disponer de centros de datos que resultan inviables por culpa de ubicarse en contextos de escasez energética, la declaración queda en una mera esperanza.

Capital humano y soberanía

La Declaración dedica un pilar completo al desarrollo de un asunto recurrente en cualquier debate sobre IA y capital humano: alfabetización en IA, re-skilling, formación de funcionarios públicos y ecosistemas adaptados. En este sentido, puede concluirse que la creciente y estructural necesidad de talento humano eclipsa al debate sobre la actual brecha de infraestructura.

No obstante, aparece una tensión inevitable, que adopta la forma del respeto a la soberanía nacional.

En este sentido, en un mundo de cadenas de suministro fragmentadas y controles de exportación y de inversión extranjera, la soberanía tecnológica de los territorios no depende únicamente de su voluntad política o de la atracción de talento. Tal autonomía parece depender del acceso a hardware y software estratégicos (en particular, de chips de última generación), de la adecuada protección de la propiedad intelectual y de la formalización de sólidas alianzas industriales.

Entre idealismo y estrategia

La Declaración de Nueva Delhi es, además de una ambición moral, una apuesta estratégica para la India, que quiere posicionarse en el nuevo tablero de juego mundial como un puente entre los bloques de dominio tecnológico, y como arquitecta del acceso equitativo a la IA.

Queda por ver si la aplicación de la Declaración determina si “AI for All” se convierte en un nuevo eje de gobernanza global o, simplemente, queda como una declaración más en el archivo diplomático de la revolución tecnológica. Dependerá de su capacidad para poner en práctica los elementos esenciales en un entorno internacional donde el acceso a la tecnología y a los recursos para desarrollarla, seguirá estando condicionado por las enormes rivalidades estratégicas entre países, que parece que la IA ha acrecentado.

sobre la firma:

Francisco Pérez Bes es adjunto de la Agencia Española de Protección de Datos. Además, fue socio en el área de Derecho Digital de Ecix Group y es ex Secretario General del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE).