La transición ecológica se decide hoy: en comités ejecutivos, presupuestos y proyectos que van a transformar industria, energía y empleo. Pero si la mitad del talento no llega a los puestos donde se manda, la sostenibilidad se queda sin velocidad, sin innovación y sin legitimidad. El liderazgo femenino no es un gesto: es una condición de gobernanza.
La sostenibilidad no es una etiqueta. Es una manera de decidir. Se decide cuando una empresa asigna inversión a descarbonización en lugar de aplazarla. Cuando revisa su cadena de suministro para reducir impacto ambiental y laboral. Cuando mide riesgos climáticos y sociales como parte del negocio, no como un anexo.
Por eso, hablar de liderazgo femenino no es abrir un “capítulo de igualdad” separado del clima o de la competitividad. Es hablar de gobernanza: de quién está en la sala cuando se toma la decisión que luego se convierte en emisiones, empleo, innovación y resiliencia.
El peso de la mujer en la empresa
En España hemos avanzado en presencia, pero seguimos fallando en poder real. La CNMV lo muestra con claridad: en 2024 las mujeres representan el 41,27% de los consejos del IBEX 35, pero solo el 7,40% de las consejerías ejecutivas y el 26,31% de la alta dirección (excluidas consejeras). Dicho de forma sencilla: estamos cerca de la paridad en la foto del consejo, pero lejos de la paridad donde se aprueban presupuestos, se dirigen equipos y se ejecuta la estrategia. (CNMV, 2024).
La sostenibilidad exige ejecución. Exige velocidad. Y exige legitimidad. Si la toma de decisiones estratégicas no se nutre de todo el talento, se reduce la calidad del diagnóstico y se empobrece la solución. No porque exista un “gen sostenible”, sino porque los retos complejos -clima, energía, agua, biodiversidad, desigualdad- necesitan diversidad de experiencia, prioridades y conocimiento.
El espejo más revelador es la economía verde. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, entre 2019 y 2023 las mujeres son solo una de cada siete personas ocupadas en economía verde; y en 2023 apenas representan el 11,5% del empresariado verde y el 15,1% del empleo asalariado en estas actividades. (MITECO, 2025). Si queremos una transición profunda, ¿cómo vamos a permitirnos dejar fuera a la mitad del talento emprendedor y profesional precisamente en los sectores que definirán el futuro productivo?
Lo que dicen de verdad los datos
Los indicadores oficiales confirman que el techo sigue presente. En 2024, el INE sitúa en el 34,42% la proporción de mujeres en cargos directivos y en el 35,15% la proporción de mujeres en alta dirección. En la Unión Europea, Eurostat habla de un 35,2% de mujeres en puestos directivos en 2024. Avanzamos, sí, pero demasiado lentamente para una agenda que exige transformar modelos energéticos e industriales en pocos años.
Además, la gobernanza climática global nos recuerda que esto no es un debate doméstico. En el marco UNFCCC, solo 7 de 17 órganos técnicos han alcanzado el objetivo de equilibrio, y la representación femenina media se sitúa en el 40%. Si la mesa de decisión climática no es plenamente inclusiva, el riesgo no es solo ético: es estratégico.
BIOGRAFÍA
Gricell Garrido (presidenta de Asociación Española de Mujeres Empresarias)
Cuenta con más de 35 años de experiencia en el sector de la seguridad electrónica, con una trayectoria que comenzó en la alta dirección de una multinacional americana y que continuó como fundadora y CEO de Prevent Security Systems durante los últimos 23 años. A lo largo de su carrera ha desarrollado una sólida visión empresarial basada en la innovación, el liderazgo y el compromiso con el tejido empresarial, defendiendo especialmente el valor del asociacionismo como herramienta clave para impulsar soluciones a los retos sociales y empresariales.
Actualmente desempeña un papel activo en diversas instituciones empresariales: es vicepresidenta de CEIM, presidenta de la Comisión de Seguridad de CEIM, vicepresidenta de FIDE (Federación Iberoamericana de Empresarias) y vocal en la Cámara de Comercio. Además, es presidenta de la Asociación Española de Mujeres Empresarias (ASEME), la asociación más antigua de empresarias en España, con más de 50 años de historia, desde donde trabaja para impulsar el liderazgo femenino, promover la igualdad de oportunidades en el ámbito empresarial y fortalecer la red de mujeres empresarias y emprendedoras.
La sostenibilidad no se lidera en masculino
La sostenibilidad tampoco puede entenderse solo en términos ambientales o económicos. También es una cuestión de paz y estabilidad social. Naciones Unidas ha estudiado durante años el impacto de la participación de las mujeres en los procesos de paz y los resultados son contundentes: cuando las mujeres participan en las negociaciones, los acuerdos tienen un 35% más de probabilidades de durar al menos quince años.
No es casualidad. La presencia femenina amplía el foco de las negociaciones, introduce variables sociales y de cohesión que muchas veces quedan fuera de los acuerdos tradicionales y contribuye a construir soluciones más duraderas. Y trabajos académicos sugieren que, cuando esa participación es “con voz e influencia”, se correlaciona con mejor contenido e implementación. Esto no permite atribuir causalidad simple, pero sí obliga a una conclusión práctica: incluir a las mujeres mejora la resiliencia del tejido social y la sostenibilidad de los acuerdos.
Por eso, en ASEME defendemos un cambio de paradigma: pasar de la presencia simbólica a la influencia real. Y hacerlo con compromisos concretos. Primero, objetivos medibles para que haya más mujeres en puestos ejecutivos -no solo en órganos de supervisión-, con transparencia y rendición de cuentas. Segundo, abrir la economía verde a las mujeres con financiación, compras responsables, formación y redes: si la transición se hace sin mujeres, será más lenta y menos innovadora. Tercero, medir lo que importa: ligando indicadores ambientales y sociales a la evaluación directiva, para que la sostenibilidad deje de depender del voluntarismo.
La sostenibilidad no se lidera en masculino. Se lidera con todo el talento disponible, en la empresa, en lo público y también en la paz. Porque cuando la mitad del talento no decide, el futuro se retrasa. Y el futuro -económico, social y ambiental- no puede esperar.