Somos nuestras agendas. Nada más. Agendas llenas de reuniones, pero lo realmente fundamental es que las agendas estén llenas de sentido. El día a día acelera cadencias endiabladas. Pasan los meses y los mandatos, volando.
Los compromisos se acumulan en forma de reuniones que a veces tienen sentido, otras son innecesarias, otras son soporíferas. Si no somos incapaces de decir no, somos incapaces de gestionar nuestras agendas, de poner foco a nuestro quehacer. La política además se regodea en el corto plazo.
Si no somos incapaces de decir no, somos incapaces de gestionar nuestras agendas, de poner foco a nuestro quehacer
El próximo titular de televisión o de prensa es la nueva frontera. De hecho, hay agendas que parecen orientarse exclusivamente a crear titulares. Levantar la cabeza, otear el medio plazo, pensar por cuenta propia, gestionar la agenda con sentido es lo único que permite crear legado. Mimetizarse en modo gregario, repetir consignas, delegar el pensamiento, es el confort pusilánime del corto plazo y la absoluta garantía de que uno renuncia a dejar huella.


