Pepe Tudela, un jurista de Estado

3 minutos

Jorge Villarino es CEO de Vinces, doctor en Derecho y letrado de las Cortes Generales (en exc.)

Publicado

3 minutos

Este domingo por la mañana, a través de un buen amigo y admirado compañero de las Cortes Generales, recibí la muy triste noticia del inesperado fallecimiento, el pasado sábado, de D. José Tudela Aranda, Pepe Tudela, como todos le conocíamos. Desde ese momento, han sido muchos los recuerdos que han venido a mi memoria. Muchos más de los que era consciente; bendita memoria que te regala buenos momentos y te saca una sonrisa cuando crees que todo había caído en el olvido.

Tuve la oportunidad de coincidir con él en numerosas ocasiones, pero de manera especialmente intensa cuando, en mi condición de Director de Relaciones Internacionales, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado, –y fruto del convenio que existía con la Fundación– viajábamos juntos, especialmente a Iberoamérica, y muy particularmente a su querido Uruguay. Me quedo para mí las largas tertulias en Montevideo. A eso se sumaba cuando tenía la generosidad de invitarme a jornadas de la Fundación en nuestra muy querida ciudad de Zaragoza, seguro que porque consideraba que algo tenía que aportar; pero conociéndole, también porque sabía que cualquier excusa para visitar mi ciudad siempre suponía para mí una especial alegría.

Bendita memoria que te regala buenos momentos y te saca una sonrisa cuando crees que todo había caído en el olvido

Y es que, aunque nacido en la ciudad de Madrid, tuvimos el orgullo de acogerlo en la tierra aragonesa desde el momento en el que ganó las oposiciones como letrado de las Cortes de Aragón, donde llegó a ser Letrado Mayor desde 1995 a 2003. Y es precisamente desde los muros del Palacio de la Aljafería, cargados de Historia, desde donde se explica la trayectoria y el legado que nos deja. Es desde esta impresionante joya del arte hispanomusulmán, desde donde impulsó la Fundación Manuel Giménez Abad de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico.

La Fundación, que lleva el nombre de su buen amigo asesinado por ETA en el año 2001, explica la vida de Pepe y lo que ha sido su obra durante más de veinte años. Desde las orillas del Ebro, Pepe supo poner la Fundación al servicio de dos temas que le apasionaban y le preocupaban a partes iguales: la defensa de la institución parlamentaria, y las tensiones que han acompañado el origen y el posterior devenir del Estado Autonómico. Y lo hizo con la inteligencia genial que le caracterizaba; el respaldo del consenso político, consustancial a la naturaleza de la Fundación; y la apertura al debate intelectual que siempre caracterizaban las jornadas, foros y publicaciones que él coordinaba.

Fino jurista, servidor público, apasionado de la literatura, viajero infatigable y enamorado de España y de sus instituciones

En todas las ocasiones, conseguía atraer a los mejores y más adecuados ponentes para cada debate, lo que solo podía ser fruto del respeto que le profesaban intelectuales y juristas de lo más dispares.

Fino jurista, servidor público, apasionado de la literatura, viajero infatigable y enamorado de España y de sus instituciones, especialmente de la parlamentaria, son algunos de los rasgos que definen su figura. Pepe combinaba su cada vez mayor dedicación a la docencia e investigación en la Universidad de Zaragoza, con sus desapariciones por los rincones más recónditos del mundo, siempre cargado al hombro con su cámara de fotos.

Tenía la capacidad de pasar de profundas reflexiones sobre el Estado Autonómico, a levantarse para perderse en las librerías de las capitales iberoamericanas en búsqueda de esas primeras ediciones que devoraba con su gran pasión lectora y que le hizo propietario de una más que extraordinaria colección.

No honraría su memoria si no mencionara lo que llevaba ya mucho tiempo preocupándole: la erosión institucional

Pero por encima de todo, Pepe era un jurista de Estado. Siempre actuaba, en su quehacer diario, en defensa del Estado de Derecho. Este era precisamente el título de la última de sus obras, publicada apenas hace unos meses. Y es que no honraría su memoria si no mencionara lo que llevaba ya mucho tiempo preocupándole: la erosión institucional.

A pesar de que llevo años alejado profesionalmente de la institución parlamentaria, ambos compartíamos nuestro cariño por el Parlamento, pivote en torno al cual gira la democracia constitucional. A título anecdótico aún recuerdo un domingo por la noche cenando en Casa Agustín, en Zaragoza, hablando largo y tendido precisamente sobre Demócrata, el medio de comunicación que hoy acoge esta tribuna.

En estos últimos años –maldita vorágine de nuestro día a día– hablábamos en pocas ocasiones; pero cuando lo hacíamos, eran muy largas conversaciones sobre cómo veíamos la cuestión territorial, el devenir de las instituciones, el quehacer del Parlamento o la técnica jurídica. Me queda la satisfacción de las lecciones aprendidas, la sonrisa de las pequeñas anécdotas, la seriedad de las reflexiones, el gusto de las conversaciones, la calidad de su obra y el compromiso de seguir trabajando por aquello que nos unía. Hasta siempre compañero. Descansa en paz y gracias por todo.

SOBRE LA firma:

Jorge Villarino es CEO de Vinces, Doctor en Derecho y Letrado de las Cortes Generales (en exc.)