¿Por qué importan las alianzas? El valor de la defensa colectiva

La ex secretaria de Estado de Seguridad y recién elegida Presidenta de la Asociación Atlántica Española (AAE), Ana Botella, reflexiona en Demócrata sobre la vigencia del modelo de alianzas como respuesta eficaz ante la agresión, la desinformación y la fragmentación

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Ana Botella es la Presidenta de la Asociación Atlántica Española (AAE) y ex Secretaria de Estado de Seguridad

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La gran lección estratégica de Europa en el siglo XX sigue plenamente vigente en el XXI: la unidad refuerza la seguridad y protege a los ciudadanos. La OTAN y la Unión Europea nacieron de una misma convicción histórica tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial: frente a la amenaza exterior, frente a la agresión y frente a la imposición de la voluntad del más fuerte, las democracias son más seguras cuando cooperan y actúan juntas. Y esa es, todavía hoy, la respuesta más directa a la pregunta que da título a este artículo: las alianzas importan porque disuaden la agresión, porque refuerzan la capacidad de respuesta ante amenazas cada vez más complejas y porque protegen un espacio común de libertad, democracia y derecho.

Esa convicción es reconocible ya en Sobre la paz perpetua de Kant: la paz no surge por inercia, sino que debe construirse políticamente mediante normas, instituciones y vínculos estables entre los Estados. La Unión Europea encarna esa aspiración mediante la integración económica, comercial y social; la OTAN ha aportado la garantía estratégica indispensable para proteger ese espacio de libertad, cooperación y derecho frente a quienes pretenden quebrarlo. Esa fue la lógica de las alianzas entonces y sigue siendo la lógica de nuestras alianzas ahora.

Precisamente por eso, la cohesión de las democracias incomoda a quienes aspiran a imponer su voluntad por la fuerza. Molesta también a quienes buscan debilitar el proyecto europeo para rentabilizar la fragmentación. Y disgusta, de forma muy particular, a la Rusia de Putin, cuyo objetivo no se limita a la agresión contra Ucrania, por grave que esta sea, sino que apunta también al deterioro del sistema europeo de libertades, demasiado próximo para su lógica imperial autoritaria. En esa estrategia, Ucrania es el frente visible, pero no el único, para imponer sus leyes de vecindad, que se extienden a la erosión de la confianza entre europeos y al desgaste del vínculo transatlántico.

Nuevas amenazas, nueva concepción de la defensa

Defender las alianzas no significa caer en un inmovilismo trasnochado, ni negar la necesidad de cambio. Las alianzas solo perduran si son capaces de adaptarse. Pero conviene no confundir adaptación con demolición. La Europa de hoy no es la de 1949, como tampoco lo son la OTAN ni la propia Unión Europea, que hasta ha modificado su nombre. Han cambiado las amenazas, han evolucionado los conceptos estratégicos y ha crecido el número de Estados miembros en ambas instituciones. También ha cambiado la propia naturaleza de la defensa, que no puede medirse únicamente en términos militares o de fronteras físicas.

Hoy incluye la capacidad de respuesta ante ciberataques, sabotajes, presión sobre infraestructuras críticas, ataques híbridos, injerencias electorales, campañas de desinformación o acciones dirigidas a fracturar nuestras sociedades desde dentro. La resiliencia ya no es una tarea exclusivamente militar. Es una responsabilidad compartida que afecta a gobiernos, sociedad civil, empresas y ciudadanos, y que exige una concepción amplia de la defensa, como refleja el compromiso de inversión acordado en la cumbre de La Haya en 2025: al menos un 3,5% del PIB en gasto de defensa y hasta un 1,5% adicional en gasto relacionado con la defensa y la seguridad.

La Europa de hoy no es la de 1949, como tampoco lo son la OTAN ni la propia Unión Europea

Desde esa realidad, el nacionalismo excluyente y el proteccionismo a ultranza no representan una respuesta moderna a los desafíos actuales, sino una involución. Cuanto más aislados viven los países, más vulnerables quedan sus ciudadanos. Cuanto más se rompe la cooperación entre democracias, más fácil resulta para poderes autoritarios imponer sus agendas regresivas. La alternativa a las tensiones o desequilibrios que toda alianza puede generar no es el aislamiento, sino una cooperación mejor ajustada, una autonomía estratégica inteligente y una voluntad firme de reconstrucción antes que de demolición.

La actualidad estratégica  de las alianzas

Los hechos recientes lo confirman. Dinamarca decidió en junio de 2022 incorporarse plenamente a la política común de seguridad y defensa de la Unión Europea. Finlandia ingresó en la OTAN el 4 de abril de 2023 y Suecia lo hizo el 7 de marzo de 2024, tras largas décadas de neutralidad. Recientemente, el gobierno de Islandia ha anunciado que el próximo 29 de agosto de 2026 iniciará los trámites de un referéndum para reabrir las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. También Ucrania lo ha demostrado con claridad. La resistencia del pueblo ucraniano, apoyado política, económica y militarmente por sus socios, está manteniendo viva la soberanía de Ucrania y nos recuerda a Europa que la libertad no puede darse por descontada.

La OTAN sigue siendo esencial para la defensa colectiva de los países aliados

En España, la percepción de amenaza sigue siendo a menudo lejana. Sin embargo, incluso en ese contexto, la OTAN mantiene una valoración social positiva, aunque todavía insuficientemente reconocida en relación con el papel real que desempeña. No estamos ante una organización rechazada por la sociedad española, sino ante una alianza cuya utilidad necesita ser mejor explicada y comprendida. Porque la OTAN no es solo una estructura militar de defensa en la región euroatlántica, sino una alianza política y militar que actúa por consenso entre aliados, frente a amenazas comunes y que sigue siendo esencial para la defensa colectiva de los países aliados, en una era de crecientes amenazas híbridas y desafíos autoritarios.

Una tarea compartida por las instituciones y la sociedad civil

Desde la Asociación Atlántica Española defendemos los principios que inspiran el Tratado del Atlántico Norte: libertad, democracia, Estado de derecho, vínculo transatlántico y defensa colectiva, como base de una seguridad compartida actualmente por treinta y dos países y cerca de mil millones de ciudadanos. Queremos contribuir a un mayor conocimiento sobre la aportación de España a esta seguridad y defensa de la región euroatlántica a través de la OTAN, fortaleciendo una sociedad civil informada y contrarrestando las campañas de influencia que persiguen exactamente lo contrario: desunirnos para debilitarnos.

Frente a los ataques continuados al orden multilateral y a históricas   alianzas occidentales, los principios que las inspiran no solo conservan plena vigencia, sino que resultan hoy más necesarios que nunca. Porque las alianzas importan no solo por su legado histórico, importan porque siguen transformando los valores que compartimos en seguridad efectiva para naciones y ciudadanos libres. Y esa tarea exige, hoy, una sociedad civil informada, comprometida y consciente de que hablar con rigor de seguridad y defensa es también una necesidad democrática.

sobre la firma:

Ana Botella es la Presidenta de la Asociación Atlántica Española (AAE) y ex Secretaria de Estado de Seguridad (2018-2020). También ha sido diputada en el Congreso por el PSOE durante cuatro legislaturas (2016-2023) y delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana con José Luís Rodríguez Zapatero.