Por la vía cívica: lo hemos intentado todo en Venezuela

Edison Arciniega, Sociólogo y especialista en Seguridad Alimentaria, analiza en Demócrata las seis dimensiones en las que la sociedad democrática venezolana agotó sus recursos

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El pasado 3 de enero de 2026, Caracas despertó bajo el estruendo de un bombardeo, en el marco de una operación militar de extracción del dictador Nicolás Maduro y su entorno directo, hecho que marcó un punto de quiebre en Venezuela que ha polarizado la opinión internacional. Entre las voces que condenan la "unilateralidad" y quienes celebran el fin de un régimen criminal surge un argumento recurrente: "la solución debe ser pacífica y soberana". Como venezolano dedicado a la investigación de la vulnerabilidad alimentaria —donde el impacto del autoritarismo es más voraz— me veo obligado a cuestionar: ¿Es realmente factible la liberación por medios propios cuando se ha intentado todo?

Para responder, es necesario analizar 27 años de resistencia cívica frente a un modelo que en 2024 se consolidó como una dictadura absoluta. Abordaré seis dimensiones en las que la sociedad democrática venezolana agotó sus recursos.

1. Transparencia y el secuestro de los datos

La primera víctima del chavismo fue la verdad cotejable. Desde 2007, el régimen inició un "apagón estadístico", silenciando desde los anuarios de mortalidad hasta el Censo de 2021, para ocultar el impacto del éxodo migratorio. Ante esto, la academia y el tercer sector respondimos con la creación de ocho observatorios críticos (violencia, conflictividad, seguridad alimentaria, economía, energía, seguridad nacional, salud y ecología).

La consecuencia: persecución sistemática. Quienes protagonizamos este ejercicio de rebeldía técnica estamos hoy en el exilio o en prisión, y los observatorios han sido clausurados de facto.

2. La gestión del hambre como control social

En 2014, cuando la desnutrición se hizo inocultable, el régimen la tildó de "propaganda enemiga". Logramos que Naciones Unidas documentara en 2018 una Emergencia Humanitaria Compleja de grado 4, forzando un despliegue de ayuda independiente. El chavismo respondió con los CLAP: un sistema que, bajo la fachada de ayuda alimentaria, funciona como un esquema de inteligencia social. Se mapean preferencias políticas y se asignan alimentos no por necesidad nutricional, sino por capacidad de afectación del orden público, privilegiando zonas céntricas sobre las periféricas más vulnerables.

3. El genocidio laboral

Venezuela ha sufrido el ajuste de derechos laborales más severo de Occidente. En una década, los ingresos formales cayeron un 88%, con salarios mínimos y pensiones que no superan los 10 USD. El sindicalismo, históricamente ligado a la socialdemocracia, respondió con huelgas y denuncias. La respuesta oficial fue la criminalización: hoy más de cien sindicalistas están presos, incluyendo al Sec. Gral de la CTV, la principal central obrera, otros 700 en el exilio y líderes históricos han muerto bajo custodia del Estado.

4. La trampa electoral

Hemos persistido en el voto a pesar de las condiciones de extrema desigualdad. En 2013 enfrentamos el fraude; en 2015 ganamos la Asamblea Nacional solo para verla anulada por un tribunal adicto al régimen; en 2017 y 2021, donde ganamos gobernaciones y alcaldías, se impusieron "protectores" paralelos y se encarceló a los electos. En julio de 2024, tras una victoria incontestable con el 70% de los votos, el régimen simplemente optó por ignorar la voluntad popular sin mostrar actas, cerrando definitivamente la puerta a la alternancia democrática.

5. El costo de la protesta

Nueve mil manifestaciones, tres huelgas generales y grandes oleadas de protesta popular resumen nuestro esfuerzo cívico. El balance, documentado por la Misión de la ONU, es atroz: 18.000 detenciones políticas, 16.000 casos de tortura, 468 asesinados en protestas y 14.000 ejecuciones extrajudiciales en una década. A esto se suma el desplazamiento forzado de 9 millones de compatriotas.

6. El diálogo como arma de guerra

Participamos en 10 procesos de negociación con acompañamiento internacional. En todos, el resultado fue idéntico: el chavismo utilizó el tiempo para fortalecerse, incumplió los acuerdos y terminó encarcelando a sus interlocutores y hasta interviniendo sus partidos y colocando al frente de ellos a figuras dóciles.

Conclusión: El fin de la vía pacífica

La evidencia es abrumadora. Hemos agotado cada recurso interno. La soberanía popular, expresada de forma heroica en 2024, fue usurpada por una cúpula que controla el monopolio de las armas y las instituciones. Venezuela no es un Estado en disputa política, es un Estado secuestrado al servicio del crimen transnacional.

El mensaje para la comunidad internacional debe ser claro: los venezolanos hemos votado, resistido y padecido en nombre de la libertad, pero la tiranía ha bloqueado, con violencia y sangre, hasta la última vía cívica posible.