En medio del debate político sobre la reforma de la Ley Orgánica, parece eludirse entre números y argumentos el hecho de que los sujetos afectados no dejan de ser menores. Se debate sobre el reparto de los menores migrantes no acompañados como si de un juego de azar se tratase.
Se debate sobre el reparto de los menores migrantes no acompañados como si de un juego de azar se tratase.
No es ninguna novedad que con la crisis migratoria los centros de acogida en lugares como Canarias están completamente desbordados. El aforo se sobrepasa con creces y, por tanto, los recursos asistenciales que se ofrece a estos menores no son ni efectivos ni suficientes.
Bajo esta situación se colectiviza a los migrantes, en lugar de presentarles como adolescentes con necesidad de una atención personalizada. Parece obviarse el que no dejan de ser chicos, en su gran mayoría, de entre 12 y 17 años. Menores cuyo desarrollo óptimo como jóvenes que son es imposible en centros saturados.
Pero, ¿cómo proporcionarles una protección eficiente si la individualidad de estos menores se encuentra deshumanizada entre números? ¿Cómo hablar de salud mental en un contexto en el que sus historias personales no importan?
Además, se suma a esta situación la casuística de que estos chicos cargan en sus mochilas el haber huido de un pasado traumático o coyuntura desfavorable. Pero, ¿cómo proporcionarles una protección eficiente si la individualidad de estos menores se encuentra deshumanizada entre números? ¿Cómo hablar de salud mental en un contexto en el que sus historias personales no importan?
La colaboración de las Comunidades Autónomas en esta reforma es una responsabilidad social. Solidaridad.
Cabe preguntarse, ¿cómo se pretende la integración social de estos menores en nuestro país si no se les ofrece las herramientas necesarias para ello? ¿Por qué se exige a estos adolescentes más que al resto? Estos chicos necesitan crecer en un espacio seguro, en el que sientan que su vida importa más allá de ubicarse en un colectivo y, sobre todo, donde se les garantice los derechos como menores y el mínimo de una vida digna.
Acogida y protección digna
La colaboración de las Comunidades Autónomas en esta reforma es una responsabilidad social. Solidaridad. Es imperativo una acogida y protección digna de los menores migrantes no acompañados. Esto implica centros no saturados y la garantía de un entorno favorable en sus vidas. Una reforma que agilice los trámites burocráticos que afectan a los menores, evitándoles un futuro a la deriva constante que agrave su sufrimiento.
Resulta necesario cubrir sus necesidades como menores, tratarlos como personas que se han armado de valor para seguir el instinto más básico de supervivencia. Dejemos de obstaculizarles la búsqueda de oportunidades, de un futuro, de una vida digna. Dejemos de deshumanizarlos hasta convertirlos en enemigos.
SOBRE LA FIRMA Marta Pérez-Saborid es secretaria y portavoz de la ONG Luz Azul que trabaja por la integración social y laboral de la juventud migrante











