Lo dijo Josep Borrell (a quien ya se le echa de menos como Alto Representante, y eso que solo han pasado unas semanas desde el fin de su mandato), con toda la razón: “La Unión Europea debe aprender a hablar el lenguaje del poder”. Pero, ironías de la historia, ahora va a tener que ejercer ese poder ante su principal aliado: los Estados Unidos. O, mejor dicho, los Estados Unidos de Donald Trump.
No va a quedar otra alternativa, porque las primeras decisiones del nuevo presidente norteamericano no dejan lugar a dudas: sí, la realidad supera a la ficción. Hasta el punto de que uno se pregunta, a la vista de sus decisiones e intenciones, ¿cómo calificaría la UE a estos Estados Unidos: socio, competidor global, rival sistémico?
Un día sí y otro también, Trump va a provocar y golpear a la Unión. Y, aunque nunca debemos perder la esperanza en que el sistema constitucional estadounidense frene en la medida de lo posible al inquilino de la Casa Blanca, sobre todo tenemos que confiar en nosotros mismos.
