El “Retrato de María Teresa de Vallabriga y Rozas”, realizado por el maestro de Fuendetodos en 1783, se incorpora como cuarta obra invitada a la exposición “Goya, del Museo al Palacio” y permanecerá accesible al público en el Palacio de la Aljafería hasta mediados de abril.
La presentación oficial del lienzo ha corrido a cargo del director general de Cultura, Pedro Olloqui, quien lo ha dado a conocer este viernes junto al jefe del Servicio Gestor del Palacio de la Aljafería, Sergio Castillo. Al acto han asistido también la presidenta de las Cortes de Aragón, Marta Fernández, y el conservador-restaurador del Museo Nacional del Prado, José de la Fuente.
La obra se ha colocado en el espacio reservado a las piezas invitadas dentro del Salón del Trono. El “Retrato de María Teresa de Vallabriga y Rozas” es un óleo sobre lienzo de 48 x 39,6 centímetros, propiedad del Museo del Prado. En él, la joven aparece representada de perfil, siguiendo un modelo compositivo que remite a los usos de la Antigüedad y el Renacimiento, sobre un fondo oscuro que refuerza la relevancia de la retratada, que contaba entonces con 24 años.
En el cuadro sobresale un rostro luminoso que evidencia su juventud y hermosura. El cabello, trenzado y brillante, se recoge con un lazo de seda azul, mientras que sobre los hombros se aprecia un peinador sencillo. Desde el punto de vista técnico, las pinceladas revelan una ejecución rápida y una base de veladuras doradas en el pelo que incrementan su resplandor.
La luz se concentra en la cara, marcando el contorno del perfil y aportando color a mejillas y labios. Pese a su sobriedad y a la economía de recursos, la imagen transmite una sensación de naturalidad y dulzura.
En el momento en que Goya la retrata, María Teresa de Vallabriga y Rozas, Español y Drumond de Melfort (Zaragoza 1759-1820), hija del capitán de caballería José Ignacio de Vallabriga Español y de María Josefa de Rozas y Drummont de Melfort, cuarta condesa de Castelblanco y condesa viuda de Torres Secas, llevaba siete años casada con el infante Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, hermano de Carlos III. Su enlace se considera un matrimonio morganático, es decir, una unión entre personas de diferente rango social, lo que relegó al infante a una posición de segunda fila en la corte e impidió que utilizara las armas y el apellido de los Borbones.
María Teresa contrajo matrimonio con 17 años y, tras el fallecimiento del infante, fue separada de sus tres hijos: Luis María, que llegaría a ser cardenal-arzobispo de Toledo; María Teresa, futura condesa de Chinchón; y María Luisa.
Posteriormente regresó a Zaragoza después de una larga etapa en Madrid, donde residió en la célebre casa Zaporta, conocida hoy como Casa de la Infanta en su honor. Asimismo, sus restos reposan en la Basílica del Pilar.
Retratos de una aragonesa influyente
La huella de esta zaragozana en la vida social de su tiempo está bien documentada y la estima mutua con Goya quedó reflejada en la cantidad de veces que la pintó. Una de estas efigies se conserva en una colección particular en México; también está ejecutada sobre tabla y en ella la dama se sitúa de frente ante el espectador.
Se conoce además otro retrato muy próximo al del Prado, igualmente sobre lienzo y en manos privadas, así como una versión casi de cuerpo entero que se exhibe en la Alte Pinakothek de Múnich. A ello se suma el retrato de la Galería de los Uffizi, en Florencia, con la sierra de Gredos como fondo y la protagonista montando a caballo. Ambos lienzos datan de 1783.
El cuadro que ahora se muestra en la Aljafería forma pareja con el retrato de su esposo, Luis Antonio de Borbón, que fue la obra invitada anterior. Los dos fueron pintados por Goya en el verano de 1783 y se consideran estudios previos para el gran lienzo de la familia del Infante, conservado hoy en la Fundación Magnani-Rocca, en Parma (Italia).
Según la documentación, en el reverso del retrato figuró, sobre un cartón, una inscripción no autógrafa de Goya, perdida antes de su ingreso en el Museo Nacional del Prado, en la que se indicaba la rapidez de ejecución del cuadro: “Retrato de Dña. María Teresa de Vallabriga/ esposa del Srmo. Señor Ynfante/ de España Dn. Luis Antonio/ Jaime de Borbón/ que de 11 a 12 de la mañana el día/ 27 de agosto del año 1783 hacía / Dn. Francisco de Goya”.
Goya en 1783 y su papel en la Ilustración
Para el pintor aragonés, 1783 marca un punto de inflexión porque “inicia su ascenso como político dentro de la corte española” y coincide con un hito histórico, tal y como ha explicado Olloqui: “Es el año de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, lo que quiere decir que las ideas ilustradas en las que Goya cree y en las que se desarrolla como político alcanzan su naturaleza política más importante”.
En palabras del director general de Cultura, “Es un año fundamental para Goya. Empieza su ascenso social, su penetración en la corte, su transformación de un pintor de éxito, de matriz fundamentalmente aragonesa, en un aragonés con una vocación pictórica universal y una vocación política muy influyente y esa vocación política empieza a hacerse posible en la relación con el matrimonio de Luis de Borbón y María Teresa de Vallabriga”.
Olloqui ha subrayado que el artista “tenía una gran fe en el movimiento ilustrado y sus relaciones en la corte están presididas desde esa vocación ilustrada, la posibilidad de que la humanidad y España podían mejorar”, aunque “con el tiempo perdería esa fe” y comenzaría a desarrollar “lo más atractivo de su pintura política”: las series de grabados y lienzos de crítica social.
A juicio del responsable de Cultura, el pintor de Fuendetodos “anticipa la crisis del pensamiento occidental” y “solo 20 años después de su muerte, Marx escribe el manifiesto comunista en el que deja sembrado que la humanidad vivirá en un estado de crisis permanente que Goya ya había anticipado. Eso es lo que convierte en adictiva su figura”.
Un recorrido vivo por las obras invitadas
Uno de los elementos más atractivos de “Goya, del Museo al Palacio”, que ha sumado 321.000 visitantes en su primer año, es su carácter cambiante: junto a la colección estable, se van incorporando obras invitadas mediante préstamos temporales de piezas de Goya.
La primera pintura que inauguró este espacio específico fue el “Retrato de José de Cistué y Coll, Barón de la Menglana”, fechado en 1788 y adquirido recientemente por el Gobierno de Aragón para el Museo de Huesca, cedido a la muestra el pasado mes de marzo. Destacaba por un fondo neutro con cortinaje y tapete que aportaban volumen y plasticidad, así como por el minucioso tratamiento de los rasgos faciales.
Transcurridos cuatro meses, cedió su lugar a la “Virgen con el niño”, ejecutada por Goya entre 1772 y 1773 y exhibida en la Aljafería de julio a septiembre. Se trataba de una iconografía poco habitual en la producción del artista, en la que la Virgen aparece con el Niño en delicada armonía, con un rostro ovalado, facciones suaves, ojos rasgados y boca pequeña.
Posteriormente, y hasta ahora, el público ha podido contemplar el “Retrato de Luis de Borbón”, un óleo sobre lienzo de propiedad privada pintado en 1783. El artista de Fuendetodos dedicó dos veranos seguidos a realizar este y otros retratos del infante y de su familia.
En esta obra, Don Luis aparece representado con gran elegancia, vestido con casaca en la que sobresale el cuello con chorrera de encaje y una hebilla, y luce en el pecho la banda azul con ribetes blancos de la Orden de Carlos III y, por debajo, la roja del Toisón de Oro.
La exposición “Goya, del Museo al Palacio” fue impulsada por el Gobierno de Aragón y las Cortes de Aragón con motivo del cierre temporal por obras del Museo de Zaragoza, para poder mostrar su colección dedicada al pintor de Fuendetodos. Esta propuesta expositiva se puede visitar desde diciembre de 2024 en la zona histórica del Palacio de la Aljafería.