El ex secretario general de la OTAN y antiguo primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen sostiene que Europa atraviesa una situación de “emergencia de seguridad” y que debe transformar su estructura económica para afrontar una posible agresión rusa.
En una entrevista concedida a EL PAÍS durante una visita a Washington previa a la Conferencia de Seguridad de Múnich, Rasmussen advierte de que Rusia podría atacar a un país europeo incluso antes de que finalice esta década.
“Europa no se despertó con las primeras alarmas”
Rasmussen, que dirigió la OTAN entre 2009 y 2014, considera que Europa reaccionó tarde tanto a la anexión de Crimea en 2014 como al inicio de la guerra en Ucrania en 2022. A su juicio, la reelección de Donald Trump supone una tercera señal de alarma para el continente, al introducir dudas sobre el compromiso estadounidense con la defensa europea.
Según explica en la entrevista, la incertidumbre sobre el respaldo de Washington obliga a Europa a asumir más responsabilidad en su propia seguridad.
Economía de guerra y reconversión industrial
Uno de los puntos más contundentes de sus declaraciones es la necesidad de transformar la capacidad productiva europea. Rasmussen plantea que sectores con sobrecapacidad, como la industria automovilística, podrían reconvertir parte de su producción hacia equipamiento militar, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
No se trataría, afirma, de una estrategia ofensiva, sino de un refuerzo defensivo destinado a proteger los valores y el modelo europeo frente a amenazas externas.
Riesgo de ataque antes de 2030
El ex dirigente atlántico va más allá y sostiene que, según informaciones de inteligencia, Moscú podría intentar una acción contra un país de la OTAN antes de que termine la década. Incluso apunta que ese escenario podría adelantarse.
En la entrevista menciona simulaciones militares recientes que contemplaban tensiones en el enclave ruso de Kaliningrado y posibles movimientos hacia territorio lituano. Para Rasmussen, el problema no es la capacidad de mando europea, sino la insuficiencia de equipamiento y producción estratégica.
Críticas a España por el gasto en Defensa
Rasmussen también se pronuncia sobre el compromiso de los aliados en materia de gasto militar. Considera que los países que no alcancen el objetivo acordado del 5% del PIB en Defensa muestran una falta de solidaridad dentro de la alianza.
En su opinión, la OTAN es un sistema basado en la corresponsabilidad: cada miembro debe aportar su parte para poder contar con la protección colectiva en caso de amenaza.
Groenlandia y la firmeza europea
En relación con las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia, Rasmussen califica de “horrorosa” la posibilidad de que un presidente estadounidense amenace con medidas contra un aliado. Cree que la reacción firme y coordinada de los socios europeos fue clave para contener la crisis diplomática.
A su juicio, la relación transatlántica seguirá siendo fundamental, pero Europa debe prepararse para escenarios en los que Estados Unidos no actúe automáticamente en defensa del continente.
Autonomía estratégica europea y el papel de la industria española
Las declaraciones de Rasmussen encajan además con un debate que ya está abierto en Bruselas: el de la autonomía estratégica europea y la necesidad de construir una capacidad industrial de defensa propia, menos dependiente de Estados Unidos.
En los últimos meses, el concepto de “Europa soberana” en materia de seguridad ha ganado peso tanto en la Comisión Europea como en capitales clave como París, Berlín y Madrid. La guerra en Ucrania y la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense han acelerado la idea de consolidar un auténtico campeón europeo de defensa, capaz de integrar tecnología, producción y sistemas estratégicos bajo liderazgo comunitario.
En ese contexto, compañías europeas como Indra han intensificado su posicionamiento como actores centrales en el ecosistema europeo de defensa, especialmente en ámbitos como sistemas de mando y control, radares y digitalización militar. A su vez, grupos industriales como Escribano Mechanical & Engineering han reforzado su papel en el desarrollo de tecnología crítica y armamento avanzado.
El objetivo que comparten buena parte de los gobiernos europeos es evitar la fragmentación industrial y avanzar hacia estructuras más integradas que permitan competir a escala global. En ese diseño, España aspira a consolidarse como uno de los polos industriales del sur de Europa en materia de defensa, reforzando su peso dentro de la arquitectura estratégica comunitaria.
Las palabras de Rasmussen, al reclamar una economía europea “en pie de guerra”, conectan directamente con esa transformación: no se trata solo de aumentar el gasto militar, sino de construir capacidad productiva propia, reducir dependencias tecnológicas externas y garantizar que Europa pueda sostener su defensa incluso en escenarios de tensión con Washington.