El Gobierno de Estados Unidos ha expresado su rechazo frontal a la posible inclusión de un modelo de preferencia europea en la Directiva de Adquisición de Defensa de la Unión Europea, al considerar que supondría una forma de proteccionismo y una vulneración de los compromisos de cooperación militar suscritos entre Washington y Bruselas.
“Estados Unidos se opone a cualquier esfuerzo de incorporar una preferencia europea en la Directiva de Adquisición de Defensa”, ha manifestado el embajador de EEUU ante la UE, Andrew Puzder, en un mensaje publicado en redes sociales.
La postura de Washington se conoce en un contexto en el que diversos dirigentes europeos reclaman reforzar la autonomía de la UE en materia de seguridad, a raíz de la guerra de Ucrania y de la relación cambiante con la Administración Trump. El presidente de EEUU, desde su primer mandato, viene reclamando a los socios de la OTAN que aumenten su gasto militar, tras denunciar que su país está siendo esquilmado por sus aliados en el seno de la Alianza Atlántica.
Puzder acompaña su publicación con una declaración adicional del Departamento de Defensa de EEUU, difundida en la página web de la Comisión Europea, en la que se subraya su “firme oposición a cualquier cambio en la Directiva que limite la capacidad de la industria estadounidense para apoyar o participar de otro modo en las adquisiciones nacionales de defensa de los Estados miembros de la UE”.
Según la Administración estadounidense, la llamada preferencia europea “socavaría el rearme europeo y debilitaría la preparación de la OTAN”, además de “contradecir los compromisos de la UE en la declaración conjunta firmada en 2025 sobre comercio y los compromisos y obligaciones de los Estados miembros en acuerdos recíprocos” entre la UE y EEUU “de adquisiciones de defensa”, así como otros acuerdos bilaterales suscritos entre Washington y 19 de los 27 socios comunitarios.
El Departamento de Defensa recuerda que las compañías de EEUU están fuertemente integradas en la economía y en la cadena de suministro del continente, y que dan trabajo a miles de ciudadanos europeos, por lo que una eventual “exclusión” de la industria estadounidense, en última instancia, “impediría que los países europeos adquieran las capacidades que necesitan para su propia defensa” y “debilitaría los lazos entre Estados Unidos y los aliados de la OTAN”.