La guerra contra Iran, la de Ucrania, la rivalidad entre grandes potencias y el uso creciente de la economía y la tecnología como instrumentos de poder están acelerando una conversación que hasta hace pocos años era marginal en Bruselas: la autonomía estratégica industrial en defensa.
Este cambio quedó patente en la última Conferencia de Seguridad de Múnich, donde responsables políticos, militares e industriales coincidieron en un diagnóstico común: Europa debe asumir un papel mucho más activo en su propia seguridad.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo resumió con claridad al afirmar que la defensa mutua en la Unión Europea “no es opcional, sino una obligación”.
Bruselas quiere que la mitad del armamento se fabrique en Europa
La Comisión Europea ya ha comenzado a traducir ese cambio político en medidas concretas.
La European Defence Industrial Strategy (EDIS) y el European Defence Investment Programme (EDIP) buscan reforzar la base tecnológica e industrial de la defensa europea y reducir la dependencia de proveedores externos.
Entre los objetivos fijados para 2030 destacan:
- Que al menos el 50% de las adquisiciones militares se realicen dentro de la UE
- Que el comercio de defensa entre países europeos alcance el 35% del mercado
La estrategia se apoya además en el European Defence Fund (EDF), que cuenta con cerca de 8.000 millones de euros hasta 2027 para financiar tecnologías críticas.
El verdadero reto: transformar el gasto en industria
El gasto en defensa en la UE está creciendo con rapidez. Según la Agencia Europea de Defensa, los Estados miembros alcanzaron 343.000 millones de euros en gasto militar en 2024, y las previsiones apuntan a 381.000 millones en 2025, alrededor del 2,1% del PIB europeo.
Sin embargo, el verdadero desafío no es solo aumentar el gasto, sino transformarlo en capacidad industrial propia.
La defensa moderna depende cada vez más de tecnologías avanzadas:
- Sensores y radares
- Comunicaciones seguras
- Sistemas espaciales
- Inteligencia artificial
- Plataformas no tripuladas
- Guerra electrónica
Todas estas capacidades dependen de semiconductores y tecnologías fotónicas avanzadas.
La batalla tecnológica: semiconductores y fotónica
En este contexto, Bruselas ha colocado los semiconductores en el centro de su estrategia industrial.
La European Chips Act, aprobada en 2023, fija un objetivo ambicioso: alcanzar el 20% de la producción mundial de chips en 2030.
Hoy Europa está por debajo del 10%, mientras que más del 75% de la fabricación avanzada se concentra en Asia.
Entre las tecnologías consideradas críticas destacan:
- La fotónica integrada
- Los semiconductores compuestos
- Materiales como el nitrurio de galio (GaN) o el fosfuro de indio (InP)
Estas tecnologías son fundamentales para radares, comunicaciones seguras, sensores militares o sistemas espaciales.
Industria, defensa y soberanía tecnológica
La conclusión que se impone en Bruselas es cada vez más clara: la política industrial y la política de defensa forman ya parte del mismo eje estratégico. Europa mantiene una fuerte capacidad de investigación, pero el paso hacia la producción industrial a gran escala sigue siendo una de sus debilidades.
Cerrar esa brecha entre laboratorio y fábrica se ha convertido en una prioridad. En ese contexto, proyectos industriales europeos centrados en tecnologías críticas, como las foundries de semiconductores o las plataformas de producción fotónica, comienzan a verse no solo como iniciativas industriales, sino como activos estratégicos para la seguridad del continente.
Fabricar en Europa lo que Europa necesita para defenderse, coinciden cada vez más responsables políticos e industriales, ya no es solo una ambición económica, sino una condición para la autonomía estratégica europea.