Un conflicto judicial con impacto sistémico
La admisión a trámite por parte del Tribunal Supremo del recurso presentado por Santa Bárbara Sistemas, filial del grupo estadounidense General Dynamics, ha introducido un elemento de incertidumbre en el despliegue de los Programas Especiales de Modernización (PEM). El Alto Tribunal ha advertido de que el alcance del recurso podría extenderse más allá de los contratos concretos impugnados, afectando potencialmente al conjunto del Real Decreto 915/2025, que articula préstamos públicos por más de 14.000 millones de euros a la industria de defensa.
Fuentes del sector subrayan que la preocupación no reside tanto en las empresas adjudicatarias como en el riesgo de que un eventual retraso judicial altere el ritmo de ejecución de inversiones consideradas críticas para la modernización militar de España y su alineación con los estándares europeos.
Indra y la apuesta por un campeón industrial nacional
En este escenario, Indra se consolida como una de las compañías llamadas a vertebrar el nuevo ecosistema de defensa español, dentro de una estrategia más amplia orientada a reforzar capacidades industriales propias y reducir dependencias externas en ámbitos considerados estratégicos.
El modelo defendido por Indra se basa en la integración tecnológica, la capacidad de gestión de grandes programas y la creación de conocimiento industrial a largo plazo. Un enfoque que, según fuentes del sector, resulta coherente con la evolución del gasto en defensa en Europa y con el objetivo de que España no quede rezagada frente a otros países que ya han acelerado sus planes de rearme.
Los programas de financiación, bajo la lupa
El recurso de Santa Bárbara cuestiona el procedimiento seguido para la concesión de préstamos a interés cero por parte del Ministerio de Industria, destinados a financiar los PEM. El Supremo ha señalado que algunos de los argumentos esgrimidos, como la ausencia de dictamen del Consejo de Estado, podrían tener implicaciones más amplias sobre el conjunto del decreto.
Esta interpretación ha llevado a que otras compañías beneficiarias, entre ellas filiales de Telefónica, se personen en la causa como posibles afectadas. Desde el sector se insiste, no obstante, en que los créditos han sido una herramienta clave para poner en marcha inversiones de gran volumen y largo plazo, difíciles de acometer únicamente con recursos privados.
Riesgo de retrasos frente a Europa
Uno de los temores recurrentes entre los actores industriales es que la prolongación del litigio pueda ralentizar la ejecución de programas ya en marcha. España alcanzó en 2025 un gasto en defensa superior al 2% del PIB, un hito ligado directamente al despliegue de estos proyectos y a la movilización de financiación pública.
Desde esta perspectiva, la posición de Indra aparece alineada con los intereses de estabilidad y continuidad del sector. La compañía ha defendido en distintos foros la necesidad de ofrecer certidumbre regulatoria y jurídica para que la industria pueda planificar inversiones, contratar personal cualificado y cumplir los plazos comprometidos con el Ministerio de Defensa.
Un contexto de competencia y reordenación industrial
El conflicto también refleja una reordenación más profunda del sector de defensa terrestre en España. Santa Bárbara, que durante años ha tenido un papel predominante en determinados segmentos, ha visto reducido su peso en los nuevos programas, mientras que Indra ha reforzado su presencia como integrador y proveedor de sistemas complejos.
Este cambio parece alineado con la necesidad de impulso de campeones nacionales, capaces de competir de igual a igual con sus homólogos europeos y participar en proyectos multinacionales de mayor escala.
El 2% español en defensa, ¿en riesgo?
A la espera de la evolución judicial, el consenso en el sector es que Indra seguirá siendo una pieza clave del nuevo ciclo inversor en defensa. Su papel como clave de bóveda de la articulación de capacidades tecnológicas, industriales y de gestión que resultan esenciales para el éxito de los PEM y el actual litigio podría amenazar incluso al cumplimiento del objetivo del 2% del PIB destinado a Seguridad y Defensa.