Obesidad: más voces, más dignidad, más acciones

El presidente de la Asociación Nacional de Pacientes con Obesidad (ANPO) reclama más atención social y sanitaria ante la pandemia del siglo XXI

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Federico Luis Moya, presidente de ANPO

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Por Federico Luis Moya

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En los últimos años algunas organizaciones tanto sanitarias como de pacientes venimos impulsando de una forma colaborativa una mayor concienciación que impulse un mejor abordaje de la obesidad en España. La obesidad es considerada la “pandemia del siglo XXI”, presentando unas tasas crecientes de prevalencia año tras año. Sin embargo, esta situación no se ha visto acompañada de un incremento de su atención social ni sanitaria. A este crecimiento difícilmente controlable, no le acompañan políticas públicas eficaces que prevengan y la traten de una forma integral, posiblemente porque sigue siendo una gran desconocida respecto a su origen, impacto y causas. La complejidad de esta enfermedad y su multifactorialidad hace por tanto necesario seguir divulgando y abogando, entre diferentes actores, para promover un mejor entendimiento y conocimiento de su dimensión, que lleven a la población y a la gestión sanitaria, a darle la relevancia que merece en cuanto a atención y prevención.

En este movimiento de impulso de la agenda pública, desde OPEN España aunamos esfuerzos y contraponemos visiones para seguir dando a conocer datos que ayuden a dar dimensión y visibilidad al impacto de la obesidad. Recientemente hemos dado a conocer los resultados del estudio "Autopercepción del peso corporal y el afrontamiento del sobrepeso y la obesidad”, una encuesta poblacional desarrollada por el equipo experto de IMOP insights, que traza una radiografía que no admite conformismos: más de la mitad de la población adulta reconoce percibir un exceso de peso y la prevalencia clínica por IMC sigue siendo elevada. Estos datos no son solo estadísticas; son la constatación de vidas con limitaciones, emociones y necesidades vulneradas. Las personas con obesidad cada vez son más conscientes de sus implicaciones, así como las limitaciones que les causa y las barreras estructurales que les impiden una vida plena. Esta realidad no podemos ignorarla. Como presidente de la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO), hablo desde la experiencia personal y la de de quienes conviven diariamente con la estigmatización, la invisibilizarían y la falta de recursos adecuados.

Que la sociedad esté más consciente del exceso de peso es una oportunidad que no podemos desperdiciar. La mayor autopercepción debería traducirse en políticas y en respuestas sanitarias capaces de acompañar ese impulso hacia el cambio. Pero la realidad es otra: muchas personas reciben mensajes culpabilizadores, intentan multitud de dietas sin apoyo continuado y acaban enfrentándose a la frustración y la soledad. Tratar la obesidad como una cuestión de voluntad individual ha demostrado ser ineficaz y profundamente injusto.

El impacto es también económico y social. Las personas con obesidad severa sufren tasas de desempleo sensiblemente mayores, y eso no es un mero dato: es una limitación. Penalizar en el acceso y la permanencia en el empleo por el peso es una forma de discriminación que empobrece proyectos de vida y complica la adherencia a cualquier estrategia de salud pública. Se hace necesario activar medidas para habilitar a las personas en el mundo laboral, así como prevenir la discriminación laboral por peso. Que las empresas se formen e impliquen en protocolos que fomenten la igualdad de oportunidades e impliquen un cuidado de la salud se hace imperativo y una necesidad común, pero para ello hace falta un apoyo que acompañe desde las instituciones públicas.

La dimensión psicológica, por otro lado, merece una respuesta prioritaria. Los niveles de malestar —tristeza, problemas de sueño, tensión constante— son elevados y se ratifican en este estudio. Sin embargo, solo una minoría (14,4%) de las personas que reportan malestar emocional, recibe apoyo psicológico. Ignorar la salud mental en el abordaje de la obesidad equivale a condenar a muchas personas a ciclos de intentos fallidos y baja adherencia. Por ello, un abordaje integral debe incorporar, de forma estable, recursos de apoyo psicosocial junto con intervenciones médicas y de estilo de vida adaptadas a cada situación.

Hablamos además de una enfermedad que no actúa de manera aislada. La obesidad aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, de ciertas enfermedades cardiovasculares y metabólicas (como renales o hepáticas) y merma la movilidad produciendo dolor físico. Estas intersecciones; con una razón para coordinar la atención y sobre todo, para actuar antes. Las personas que llegan al circuito sanitario con obesidad ya presentan en la mayoría de los casos estas complicaciones asociadas, observándose que son las señales que más identifican para tomar acción y dirigirse al entorno sanitario. Esto de nuevo confirma que un paciente con obesidad necesita circuitos que conecten la atención primaria con la especializada, pero sobre todo empoderen a la primera para dejar de llegar tarde a la intervención.

La evidencia también nos recuerda que la desigualdad socioeconómica condiciona la prevalencia y el impacto de la obesidad. La obesidad afecta a todos los estratos sociales, pero sin duda menores rentas, niveles educativos y mayor edad incrementan las probabilidades de desarrollar obesidad. Esta realidad exige políticas que combinen prevención con la acción y la combinación de medidas sanitarias con acciones sociales: accesibilidad real a alimentos saludables, entornos que favorezcan la actividad física, políticas educativas y apoyos económicos que reduzcan las barreras estructurales.

Por todo esto, desde ANPO revalidamos nuestras reivindicaciones respecto a la acción y diseño de políticas públicas de abordaje de la obesidad, como enfermedad crónica que es. Necesitamos:

  • Un abordaje sanitario integral y continuado que incluya apoyo psicológico, acceso a tratamientos eficaces cuando procedan y seguimiento a largo plazo para el mantenimiento de resultados.
  • Políticas públicas que integren sobre los determinantes sociales de la obesidad junto a los sanitarios, teniendo en cuenta las barreras o vulnerabilidades.
  • Medidas para garantizar inclusión laboral: formación para empleadores, protocolos contra la discriminación y ayudas para la adaptación razonable en puestos de trabajo cuando sea necesario.
  • Coordinación entre especialidades sanitarias, que facilite rutas de atención integradas desde la atención primaria, con protocolos claros de derivación y seguimiento.
  • Campañas de comunicación y formación dirigidas tanto a profesionales sanitarios como a la sociedad para combatir los prejuicios respecto a la obesidad y el conocimiento de sus implicaciones, promoviendo un trato digno y basado en la evidencia.

Creemos que la recientemente publicada Estrategia Nacional de Cronicidad 2025-2028, que por primera vez incluye la obesidad, supone una oportunidad sobre la que construir estas necesidades no cubiertas.  Pero difícilmente cualquier medida será efectiva si las personas que vivimos con obesidad no participamos en su diseño. Reclamamos tener un papel activo y permanente en la formulación de políticas. Las organizaciones estamos siempre abiertas al trabajo colaborativo en mesas de trabajo, comités consultivos, o cualquier otra fórmula sistemática de participación que incorpore la experiencia real a las decisiones técnicas y políticas.

Desde ANPO estamos dispuestos a colaborar, a aportar la voz de quienes más conocen esta realidad y a trabajar codo con codo con administraciones, profesionales y empresas para transformar palabras en hechos.