España atesora unas condiciones que la ubican entre los países más atractivos para albergar centros de datos (CPDs). Su localización privilegiada para la conectividad internacional, con acceso directo a cables de fibra óptica; una infraestructura energética sólida liderada por fuentes de energía renovables; la disponibilidad de suelo y un entorno regulatorio favorable a la digitalización hacen las delicias de los inversores. Sin embargo, bajo la superficie de este boom, afloran debates, y uno de los más importantes es el energético.
Es vox populi que el crecimiento exponencial de los centros de datos genera estrés hídrico. Los recursos de agua de una zona determinada quedan comprometidos para el enfriamiento de los servidores con el propósito de que no se sobrecalienten. Las torres de refrigeración evaporativa o cualquier sistema similar para disipar las altas temperaturas consumen millones de litros de agua al día en grandes instalaciones; y empresas como Google o Microsoft reconocen que el agua es uno de sus recursos más críticos.
España sufre ciclos de sequía cada vez más intensos con motivo del cambio climático, por lo que el uso del agua copa un lugar vital en la agenda política y social. Los proyectos que no logren posicionarse como respetuosos con el medioambiente y aseguren un retorno económico local, se encontrarán con un importante rechazo ciudadano.
Sin embargo, la evolución tecnológica del sector ha incluido nuevos matices, nuevas reglas del juego. Los centros de datos de nueva generación, especialmente los de categoría tier III y tier IV, incorporan sistemas de refrigeración cada vez más eficientes. Muchos de ellos tienen circuitos cerrados o soluciones híbridas, lo que permite reducir de forma significativa el consumo de agua.
Aunque depende de la tecnología y el consumo de agua no desaparece por completo y sigue siendo un recurso valioso, expertos del sector consultados por Demócrata consideran que el eje del debate ha virado, de manera que los desafíos no se ubican ahora tanto en aliviar el estrés hídrico como en garantizar una fuente de energía sostenida.
El eje del debate ha virado: del estrés hídrico a la energía sostenida
La irrupción de la inteligencia artificial, con cargas de trabajo mucho más intensivas, ha incrementado de forma notable la densidad de potencia requerida por estas infraestructuras. Las redes actuales son capaces de absorber esa demanda y dar respuesta, pero exige de refuerzos, nuevas conexiones y una planificación más sofisticada para adaptarse a consumos más elevados, constantes y concentrados. Tanto es así que se ha generado un cuello de botella de potencia comprometida y el Gobierno aprovechó el decreto anticrisis por la guerra de Irán para intentar solventarlo.
Noticia destacada
El Gobierno aprovecha el decreto anticrisis para imponer un canon y nuevas exigencias a los centros de datos
5 minutos
El Ejecutivo ha incluido nuevas exigencias a proyectos de centros de datos y ha impuesto un canon por reserva de capacidad, de manera que quien no ejecute el proyecto perderá el acceso a la red.
Del estrés hídrico a la energía nuclear
En este contexto, la estabilidad del suministro se convierte en un factor crítico. A diferencia de otros usos eléctricos, los centros de datos requieren un flujo energético constante, sin interrupciones ni variaciones significativas. Este requisito plantea desafíos en sistemas con una creciente penetración de energías renovables, cuya generación es variable por naturaleza y depende de factores como el viento o la radiación solar. Si bien estas fuentes pueden cubrir una parte sustancial de la demanda, su integración a gran escala requiere soluciones complementarias, como sistemas de almacenamiento o tecnologías de respaldo.
Es, además, un debate susceptible de politización y ha adquirido una dimensión internacional. Por ejemplo, en Estados Unidos algunos grandes operadores están explorando fórmulas como los reactores nucleares modulares, aún en distintas fases de desarrollo.
En Europa, el enfoque combina una fuerte apuesta por las energías renovables con un debate abierto sobre el papel de otras tecnologías en el mix energético. En este contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reabierto recientemente la discusión sobre la contribución de la energía nuclear, en un momento en el que la necesidad de garantizar suministro estable convive con los objetivos de descarbonización y con posiciones divergentes entre Estados miembros. Sin ir más lejos, en España varios partidos de la oposición insisten en mantener las centrales nucleares operativas.
Noticia destacada
El Congreso rechaza la enmienda para prorrogar la vida de las nucleares gracias a la abstención de Junts
3 minutos
Así las cosas, las renovables seguirán desempeñando un papel central, pero su desarrollo deberá acompasarse con soluciones que aseguren la continuidad del suministro. En paralelo, otras tecnologías, incluida la nuclear, continúan formando parte de una discusión que, lejos de estar cerrada, marcará el futuro energético del sector.