¿Cómo afecta la situación geopolítica a los medicamentos en España?

De momento no se prevén problemas de suministro derivados de la política NMF estadounidense o los posibles nuevos aranceles

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Aranceles, pactos comerciales y despliegue militar marcan la renovada estrategia exterior de EEUU

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El contexto geopolítico actual está provocando muchas incertidumbres en todas las industrias. Aspectos críticos, como el desarrollo de nuevos medicamentos, causan una honda preocupación. Descubrir una molécula que pueda ser un potencial tratamiento, realizar los ensayos clínicos para demostrar su eficacia y seguridad y finalmente comercializarlo para que los pacientes se beneficien forma parte de un largo proceso, de gran complejidad y de mucho riesgo.

Como se recuerda desde la patronal Farmaindustria, la elevada inversión que implica del desarrollo de un nuevo fármaco se financia, en gran parte, mediante el retorno de los medicamentos que ya están en el mercado. Durante décadas, el mercado farmacéutico estadounidense, a través de su sistema sanitario, ha financiado una parte muy relevante de esa innovación global.

Por este motivo, las decisiones de Estados Unidos sobre el precio de los medicamentos afectan tanto a su propio sistema sanitario como al del resto del mundo. En este escenario surge el concepto clave de Nación Más Favorecida (NMF): esta nueva política, anunciada por Donald Trump en mayo del pasado, pretende asegurar que EE. UU. no pagará por ciertos fármacos más que los países con mayor nivel de renta, tomados de una lista de naciones de la OCDE con un Producto Interior Bruto per cápita superior al 60% del PIB de EE. UU.: Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Suiza, Australia, Japón y otros países, como España. La referencia de precios entre sistemas sanitarios es algo que ya usan los países en Europa para fijar los precios de los medicamentos.

Pero debe tenerse en cuenta que los precios son diferentes en EE. UU. frente a Europa porque los sistemas sanitarios son muy distintos: aquí, los sistemas sanitarios son públicos, con cobertura universal y los precios de los medicamentos intervenidos. En EE. UU. existe un sistema mixto y fragmentado, con intermediarios privados que influyen en el precio de los medicamentos.

En la práctica, EE. UU. compara los precios internacionales y establece como referencia el más bajo para fijar lo que pagarán los programas sanitarios estadounidenses. El objetivo es reducir el coste de los medicamentos que paga el sistema sanitario norteamericano. Pero este enfoque implica una segunda línea de presión, con amenazas arancelarias e incentivos que quieren dirigir a las empresas a invertir y producir más en Estados Unidos. Esta doble estrategia está reconfigurando por completo el tablero global de la industria farmacéutica.

Como es bien sabido, la guerra en Irán está generando una gran incertidumbre en los mercados energéticos y logísticos, con potenciales repercusiones en los costes de producción y suministro de medicamentos. Si la guerra se prolonga, la situación podría parecerse a lo ocurrido con la guerra en Ucrania, con más de 900 millones de euros de impacto en los laboratorios farmacéuticos tanto por los costes energéticos como por el encarecimiento de materias primas.

 De hecho, Carlos Cuerpo, vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, ha señalado hoy mismo en declaraciones en Onda Cero, que, si el conflicto en el Golfo Pérsico se mantiene, “los costes podrían llegar a ser significativos ya no solo en el precio, sino también en actividad. Lo que mucho más preocupante”.

Además, debe recordarse que Europa lleva años perdiendo competitividad frente a Estados Unidos y China en aspectos como la investigación biomédica, la fabricación y la inversión. Por estos motivos, desde Farmaindustria se señala que Europa debe reaccionar para revertir la pérdida de competitividad que lleva padeciendo las dos últimas décadas si no quiere quedarse a la cola en investigación biomédica y, por tanto, en el acceso de sus pacientes a nuevos tratamientos.

Irán, nuevo frente

El estrecho de Ormuz es un lugar geoestratégico clave, ya que por este punto gran parte del petróleo y del gas natural licuado que se transporta por barco. Su cierre está provocando alteraciones en los precios de la energía y en los mercados financieros, con posibles efectos inflacionistas si el conflicto se prolonga, como ya ha ocurrido en otras crisis recientes.

Desde Farmaindustria se recalca que este conflicto no afecta de forma directa al sector farmacéutico, pero una crisis prolongada sí podría tener un impacto indirecto relevante. El motivo es que el encarecimiento de la energía, de las materias primas y del transporte internacional incrementa los costes de producción y de suministro de los medicamentos. A diferencia de otros sectores, la industria farmacéutica opera en un entorno de precios regulados, lo que impide trasladar estos sobrecostes al precio final, lo que implica que deben ser asumidos por las compañías. En situaciones anteriores, como la guerra en Ucrania, el sector ya absorbió un fuerte aumento de costes para garantizar el suministro de medicamentos. Y ese compromiso con los pacientes, como insiste Farmaindustria, vuelve a ser clave en un contexto de creciente incertidumbre internacional.

Nuevo marco de aranceles

El tres de abril se escribió un nuevo capítulo de esta historia, cuando la Administración de Donald Trump publicó una Declaración por la que aprueba oficialmente un nuevo marco de aranceles para las importaciones de productos farmacéuticos: para Europa, y por tanto para España, el techo se ha fijado en un 15% (con algunas excepciones).

Esta decisión, según fuentes de Farmaindustria, tendrá un coste directo sobre los pacientes, los sistemas sanitarios y la industria farmacéutica tanto en Estados Unidos como en Europa. La causa es que los medicamentos no son un producto de consumo sin más; se trata de un bien estratégico y vital para el bienestar de la sociedad, por lo que desde la patronal farmacéutica se subraya que no debe implantarse ninguna medida que obstaculice su llegada a los pacientes y permita el acceso a los tratamientos a los profesionales y a los sistemas sanitarios.

Los aranceles forman parte de una estrategia más amplia de EEUU para reforzar su posición industrial. Junto a la política de precios de Nación Más Favorecida, la amenaza de nuevos aranceles busca incentivar que las compañías farmacéuticas inviertan y produzcan más dentro del país norteamericano. Esta combinación de presión sobre los precios y barreras comerciales puede influir en dónde se decide investigar, fabricar y lanzar nuevos medicamentos, con consecuencias para Europa y para el acceso de los pacientes a la innovación biofarmacéutica.

A todo esto, debe sumarse que Europa atraviesa una difícil etapa de pérdida de competitividad frente a EE. UU. y China, fundamentalmente, en materia de investigación, fabricación y puesta en marcha de nuevos medicamentos. El Viejo Continente era líder mundial en el lanzamiento de nuevas fármacos para los pacientes en los años 90. Diez años después perdió el primer puesto ante EE. UU. Y en 2024 China superó a Europa por primera vez, relegando a la UE a la tercera posición mundial.

Tres efectos

La bajada de los precios en EEUU presionando a los europeos podría tener tres efectos. En primer lugar, reducir los ingresos destinados a I+D en Europa. En segundo término, poner en riesgo la autonomía estratégica del continente. Por último, desincentivar inversiones en fabricación y ensayos clínicos en la región.

La nueva situación ahondaría la crisis de competitividad que está sufriendo Europa en los últimos 20 años. Y, en concreto, la política de NMF puede tener un impacto directo en los lanzamientos de nuevos medicamentos en la región europea.

Sin embargo, debe insistirse en que, por esta medida, no van a subir los precios de los medicamentos en Europa. La explicación es que los medicamentos financiados tienen precios intervenidos por los gobiernos europeos. Por ejemplo, en el caso de España, los precios de los medicamentos financiados se van erosionando con el tiempo, advierte Farmaindustria. En ningún caso el laboratorio puede incrementar el precio de un medicamento financiado de forma unilateral y es necesario que se acuerde en la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos.

No obstante, en el contexto de la política de NMF y de nuevos aranceles es posible que los precios de los nuevos medicamentos se vean afectados en Europa, por lo que desde la patronal se insiste en que es necesario conservar medidas de protección como la confidencialidad de los precios negociados de los medicamentos, ya que se presumen menos diferencias entre los precios de lanzamientos en EE. UU. y la UE.

Debe recordarse que el precio oficial de los medicamentos financiados en nuestro país es público. De hecho, lo publica el Ministerio de Sanidad. Lo que no se hace público es el descuento final que el Estado negocia con cada compañía. El motivo es que si esos descuentos se publicaran, España perdería capacidad para negociar precios más bajos, ya que otros países pedirían automáticamente las mismas condiciones y las empresas dejarían de ofrecer descuentos adaptados a cada sistema sanitario.

¿Puede la nueva política de EE. UU. aumentar el gasto sanitario público en España?

El gasto farmacéutico es solo una parte del gasto sanitario total. Además, los medicamentos generan ahorros en otras áreas, como hospitalizaciones, urgencias, bajas laborales o pensiones. Un reciente informe de Analistas Financieros Internacionales calcula en dos tercios del volumen total de gasto farmacéutico público el ahorro generado en otras partidas del presupuesto público, a causa del ahorro que la mejor salud de la población que consiguen los nuevos medicamentos. Y ello sin tener en cuenta los ahorros que producen en el ámbito privado, como las bajas laborales o la menor necesidad de cuidados para los enfermos. El precio de un medicamento debe basarse siempre en el valor que aporta para el paciente y el sistema sanitario

No obstante, el SNS está claramente infrafinanciado: el gasto sanitario público español está muy por debajo de la media europea, tanto en términos per cápita como en términos de % del PIB.

El reto, para Farmaindustria, es valorar adecuadamente la innovación y acelerar su llegada a los pacientes. El medicamento debe verse como una inversión, no como un gasto: cada euro invertido en nuevos medicamentos genera 4 euros en retorno económico para España.

La siguiente cuestión que se plantea es si este nuevo escenario puede tener un impacto en la disponibilidad de nuevos medicamentos para los pacientes en Europa y España. Y la respuesta es que ya existe un retraso importante en la llegada de medicamentos respecto a EEUU y otros mercados: en España los pacientes reciben los nuevos tratamientos, de media, más de 600 días después de su aprobación europea, a lo que hay que sumar más de 150 días, también de media, hasta que tienen una disponibilidad amplia en las comunidades autónomas. La incertidumbre global no ayuda y obliga a estar atentos y a dar señales políticas que apuesten de forma decidida por la innovación biofarmacéutica en Europa y en España, aconsejan desde Farmaindustria.

Tras la reciente revisión de la legislación farmacéutica europea, que para la patronal ha carecido de la ambición necesaria para frenar la pérdida de competitividad de Europa, se abren ahora, desde su perspectiva, nuevas oportunidades con la futura Ley Europea de Biotecnología, el Espacio Europeo de Datos de Salud y la esperada Ley de Medicamentos y Productos Sanitarios en España. Todas ellas, según su punto de vista, deben impulsar un verdadero ecosistema de innovación y facilitar accesos más rápidos y predecibles a los nuevos tratamientos.

La clave de esta situación es que hay mucho en juego en inversión en investigación, producción y ensayos clínicos. EE. UU. está atrayendo enormes inversiones, más de 500.000 millones de dólares anunciados por la industria en los últimos meses. Por esta causa, Europa necesita reaccionar para seguir siendo un actor relevante en innovación, fabricación y ensayos clínicos.

En el caso concreto de España, el impacto puede ser muy relevante, ya que somos líderes europeos en ensayos clínicos. Además, la producción de medicamentos supera los 20.000 millones de euros al año, siendo el medicamento el quinto producto más exportado. Pero el mantenimiento de este liderazgo requiere, para Farmaindustria, un trabajo continuo y políticas de apoyo decididas y estables, así como iniciativas que acorten el tiempo que se tarda en tener disponibles los medicamentos innovadores para los pacientes en España.

Por último, Farmaindustria garantiza que, hoy en día, no se prevén problemas de suministro derivados de la política NMF estadounidense o los posibles nuevos aranceles. Aunque sí podrían producirse desabastecimientos de medicamentos si se prolonga el conflicto en Oriente Medio.