El dato como nuevo núcleo del poder: Palantir, Trump y la idea de sustituir la política por la tecnología de Thiel

El control masivo de datos personales se ha convertido en una pieza central del proyecto político de Donald Trump. Así lo sostiene la periodista Carole Cadwalladr en un extenso análisis publicado en The Nerve, donde advierte de la consolidación de un modelo de poder basado en la vigilancia tecnológica, con la empresa Palantir y su cofundador Peter Thiel como actores clave

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Manifestantes sostienen un cartel con el lema Abolir el ICE durante una marcha en el centro de Chicago. Chris Riha/ZUMA Press Wire/dpa

Manifestantes sostienen un cartel con el lema Abolir el ICE durante una marcha en el centro de Chicago. Chris Riha/ZUMA Press Wire/dpa

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La tecnología como arquitectura de poder político

En su investigación, Cadwalladr plantea que lo que está ocurriendo en Estados Unidos va más allá de un endurecimiento de políticas de seguridad o migración. 

La autora describe un cambio cambio estructural: la utilización de sistemas avanzados de análisis de datos como infraestructura política,capaz de identificar, vigilar y clasificar poblaciones enteras en tiempo real.

Este modelo, sostiene, no actúa al margen del poder político, sino que lo redefine. La tecnología deja de ser un instrumento auxiliar del Estado para convertirse en el propio andamiaje del poder.

Palantir y la vigilancia aplicada a la política migratoria

Uno de los ejes del artículo es el papel de Palantir Technologies en las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). 

Según detalla Cadwalladr, la compañía proporciona herramientas que permiten cruzar grandes volúmenes de datos procedentes de distintas agencias públicas para localizar, priorizar y vigilar objetivos.

Estos sistemas no solo identifican direcciones o vínculos personales, sino que generan perfiles dinámicos basados en múltiples fuentes administrativas. 

De la seguridad al control social

El análisis sostiene que el despliegue de estas herramientas no se limita al ámbito migratorio. Cadwalladr señala que la recopilación masiva de datos permite anticipar protestas, identificar disidencias y generar un clima de disuasión, en el que la visibilidad constante sustituye al control judicial.

En este contexto, la vigilancia deja de ser una respuesta excepcional y se convierte en una práctica normalizada del ejercicio del poder. La autora califica este fenómeno como una forma de autoritarismo tecnológico, en el que la capacidad de observar y clasificar precede a cualquier decisión política formal.

Peter Thiel y la idea de la tecnología como alternativa a la democracia

El artículo sitúa en el centro de este modelo la visión ideológica de Peter Thiel, cofundador de Palantir y uno de los principales apoyos financieros de Trump en el sector tecnológico.

Cadwalladr recuerda declaraciones públicas de Thiel en las que plantea que la tecnología puede sustituir a la política como mecanismo de transformación social, al permitir cambios unilaterales sin necesidad de consenso democrático. 

En esta concepción, el voto, el debate parlamentario o la mediación institucional pierden relevancia frente a la capacidad de diseñar sistemas tecnológicos que reconfiguren la realidad.

Un ecosistema tecnológico alineado con el trumpismo

El texto amplía el foco hacia un ecosistema más amplio de empresas tecnológicas y figuras de Silicon Valley que, según la autora, han mostrado una creciente cercanía con el proyecto político de Trump. Palantir aparece como el nodo central, pero no el único, en una red donde confluyen intereses empresariales, ideológicos y estratégicos.

Cadwalladr describe esta convergencia como una alianza entre capital tecnológico y poder político, en la que el acceso a datos masivos se traduce en influencia directa sobre decisiones públicas.

Reino Unido y Europa: un riesgo exportable

El medio británico The Nerve alerta que uno de los elementos más sensibles del análisis es su proyección internacional. 

La autora subraya que el Reino Unido es uno de los principales clientes institucionales de Palantir fuera de Estados Unidos, con contratos vinculados a sanidad, infraestructuras críticas y seguridad nacional.

Desde esta perspectiva, Cadwalladr advierte de que el modelo estadounidense no es una anomalía aislada, sino un laboratorio exportable. La dependencia tecnológica de proveedores privados extranjeros plantea, según el artículo, interrogantes profundos sobre soberanía, privacidad y control democrático en Europa.