Ángel Escribano ha presentado su dimisión como presidente y consejero de Indra. Lo ha hecho un miércoles santo, y en un consejo extraordinario convocado a las cinco de la tarde, en contra de muchos pronósticos, a tenor del resultado del último consejo de administración, celebrado la pasada semana, y donde aparentemente salía indemne y reforzado, doblando el pulso a las presiones del Gobierno. Unas presiones que, en las últimas semanas tomaban una dirección clara, máxime cuando Escribano fue llamado a Moncloa, el pasado viernes, por Manuel de la Rocha, director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno, para pedir su dimisión.
La decisión, adelantada a un círculo muy estrecho, como así lo han podido confirmar a Demócrata, fuentes próximas a su entorno, se produce como consecuencia directa de las intensas presiones ejercidas por el Gobierno de Pedro Sánchez, que habría llegado a deslizar la posibilidad de retirar contratos estratégicos a su empresa, en caso de no producirse su salida de Indra.
Finalmente, Escribano ha sucumbido. Tras semanas de resistencia, no ha logrado sostener el pulso frente a un Ejecutivo que, a través de la SEPI -titular del 28% del capital-, ha desplegado toda su capacidad de influencia para forzar un relevo en la cúpula de una de las compañías clave del sector defensa en España. La decisión pone fin así a una etapa marcada por la tensión entre intereses empresariales y control político.
No en vano, la familia Escribano tiene el 14,3% del conjunto total de acciones de Indra, y continuará, junto con su hermano, al frente de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E).
Asimismo, José Vicente de los Mozos seguirá como consejero delegado de Indra, a la espera de que se nombre un nuevo presidente. Nombramiento que tiene que ser ratificado finalmente por la junta de accionistas, con un protocolo temporal que, como poco, no se hará antes de que concluya el mes de abril.
"Por responsabilidad": lea aquí la carta de dimisión de Ángel Escribano
Ángel Escribano ha presentado una carta dirigida al consejo de administración de la tecnológica, en la que explica que actúa "por responsabilidad" y "para no interferir en la estabilidad de la compañía".
En la misiva, Escribano admite que los hechos acontecidos en las últimas semanas han desembocado en un escenario que, "además del desgaste personal, amenaza con comprometer los objetivos que le impulsaron desde el primer día y que considera esenciales para el futuro de Indra y del sector".
El ya expresidente subraya que, "fiel a los valores de responsabilidad y lealtad que siempre he defendido, no puedo permitir que mi continuidad pueda interferir en la estabilidad de la compañía, en sus profesionales y en la confianza de sus inversores", y remarca que, "y anteponiendo el interés de Indra por encima de cualquier consideración personal", opta por dejar su puesto como consejero y presidente ejecutivo.
Escribano detalla que "ha sido una decisión profundamente meditada" y que estos días le han servido para reflexionar con calma sobre esta etapa, sentirse satisfecho por el trabajo realizado y mostrar su gratitud "por todo lo que hemos logrado juntos como equipo". En este sentido, destaca su reconocimiento al consejo de administración y al "extraordinario equipo de profesionales de la compañía, cuyo compromiso ha sido decisivo en esta etapa".
En la parte final de la carta, asegura: "Quedo a vuestra disposición para todo aquello que pueda ser necesario y deseo firmemente que esta decisión contribuya a reforzar la continuidad y el éxito de este maravilloso proyecto".
Tras anunciar su dimisión, Ángel Escribano ha compartido un mensaje en su perfil de LinkedIn, en el que ha expresado su visión sobre la etapa que ha vivido al frente de Indra y los motivos que le llevaron a dar este paso.
La polémica del conflicto de intereses
La salida, que coincide con un repunte de sus acciones en Bolsa, resulta especialmente significativa porque desmonta el principal argumento que, en apariencia, justificaba las reticencias del Gobierno: el supuesto conflicto de intereses derivado de la posible integración de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), la empresa familiar del propio Escribano, en el perímetro de Indra. Esa operación, que ya había sido planteada en su día por el anterior presidente, Marc Murtra, dejó de ser un obstáculo real cuando el propio Escribano anunció que renunciaba a impulsar dicha fusión.
Sin embargo, ni siquiera ese gesto ha servido para rebajar la presión. La ofensiva del Ejecutivo ha ido más allá del debate sobre el conflicto de intereses y se ha centrado en asegurar un control efectivo sobre la dirección de Indra en un momento clave para el sector, marcado por el incremento del gasto militar en Europa y la relevancia estratégica de las empresas tecnológicas vinculadas a la defensa.
Hace apenas una semana, Escribano había logrado resistir, apoyado por una mayoría del accionariado que avalaba su continuidad. Aquella victoria, sin embargo, fue efímera. En cuestión de días, el equilibrio de fuerzas cambió, y el peso del Estado dentro del capital, junto con su capacidad para influir en la adjudicación de contratos, terminó inclinando definitivamente la balanza.
Las claves de una crisis que venía de lejos
El trasfondo de esta crisis se remonta al pasado verano y tiene múltiples capas, más allá de la superficie del conflicto de intereses. Uno de los primeros puntos de fricción surgió cuando Indra intentó hacerse con el negocio de General Dynamics España, una operación que no prosperó tras la negativa de la matriz estadounidense. A partir de ese momento, las relaciones comenzaron a enrevesarse dentro y fuera del consejo de administración.
El escenario se complicó aún más cuando, desde la óptica de General Dynamics, empezó a percibirse un posible cerco estratégico: por un lado, el peso creciente de Escribano y su empresa familiar; por otro, los acuerdos industriales que se tejían en paralelo, como la potencial integración de EM&E y las alianzas con el gigante alemán Rheinmetall. La sensación de una “pinza” industrial en el sector terminó por activar movimientos defensivos.
Es en ese contexto donde aparece la figura de Iván Redondo, exjefe de gabinete de Pedro Sánchez, que pasa a desempeñar un papel relevante en el entorno de General Dynamics, reforzando la dimensión política de una batalla que ya no era únicamente empresarial.
Este cruce de intereses -corporativos, institucionales e internacionales- ha elevado la pugna por Indra a una dimensión estratégica. La dimisión de Escribano no es solo la caída de un presidente, sino el desenlace de un pulso mucho más amplio por el control de una pieza clave en el tablero de la defensa española y europea.
Con su salida, el Gobierno despeja el camino para rediseñar la cúpula de la compañía conforme a sus propios criterios. Se abre ahora una nueva etapa en Indra, en la que el equilibrio entre autonomía empresarial y dirección política volverá a situarse en el centro del debate.
Ante la vacante generada, la consejera independiente coordinadora, Virginia Arce Peralta, ha puesto en marcha, junto con la Comisión de Nombramientos, Retribuciones y Gobierno Corporativo, el procedimiento para designar a la persona que asumirá la presidencia del consejo de administración