Bancos estadounidenses se preparan para posibles ciberataques en medio de la escalada del conflicto con Irán

El sector financiero eleva sus defensas ante el riesgo de ataques digitales, mientras la tensión geopolítica impulsa medidas de vigilancia más estrictas

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Una persona utiliza un ordenador (foto recurso) EUROPA PRESS

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Los bancos de Estados Unidos están en alerta reforzada por posibles ciberataques a medida que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se intensifica. La preocupación se centra en el aumento de amenazas digitales que suelen surgir en periodos de inestabilidad geopolítica, impulsadas por grupos alineados con Irán como por “hacktivistas”, según informes de la Inteligencia estadounidense citados por Reuters.

La industria financiera, que gestiona infraestructuras críticas como sistemas de pago y mercados de valores, ha reforzado la vigilancia de amenazas cibernéticas y prioriza la resiliencia operativa ante posibles intentos de ataques como ataques de denegación de servicio (DDoS).

Organizaciones del sector y grupos de intercambio de información, como la Securities Industry and Financial Markets Association (SIFMA) y el Financial Services Information Sharing and Analysis Center (FS‑ISAC), están intensificando ejercicios y protocolos para asegurar que las entidades puedan operar incluso bajo presión digital elevada. 

Una evaluación de Inteligencia estadounidense también señala que actores alineados con Irán podrían llevar a cabo ciberataques de bajo nivel dirigidos a redes estadounidenses, incluidos intentos de saturar servicios o desfigurar sitios web, como parte de una respuesta indirecta a la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en los ataques conjuntos recientes. 

Aunque hasta el momento no se han producido interrupciones de gran escala, la industria permanece en alerta y continúa invirtiendo en defensas digitales para proteger sistemas sensibles. Esta precaución refleja una tendencia creciente en la que los conflictos militares y tensiones internacionales no solo se libran en el terreno físico, sino también en el ámbito digital, donde las infraestructuras financieras son consideradas objetivos de alto valor estratégico.