El 42% de los fondos “Next Generation EU” continúa sin ejecutarse en el conjunto de la Unión Europea, lo que supone, de acuerdo con el último estudio de los expertos de Coface, que aún quedan por liberar 270.000 millones de euros hasta finales de 2026, fecha en la que concluye el plazo para utilizarlos.
Puesto en marcha en 2021, el programa Next Generation EU (NGEU) se concibió para ayudar a la Unión Europea a superar la crisis provocada por la Covid-19 y respaldar su transformación estructural, mediante un plan de recuperación dotado con 806.900 millones de euros.
De este importe, 650.000 millones se asignaron específicamente al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), destinado a financiar proyectos en seis ámbitos prioritarios, entre los que figuran la transición ecológica y la digitalización.
Pese a ello, y cuando apenas quedan unos meses para su conclusión, el 42% de los recursos sigue pendiente de ejecución, lo que implica, según Coface, que aún restan 270.000 millones de euros por desembolsar hasta finales de 2026. Los analistas alertan de que esta situación amenaza tanto el impulso del crecimiento a corto plazo como la puesta en marcha de reformas estructurales con efectos duraderos.
Impacto en las previsiones de crecimiento de la UE
El informe de Coface señala que los retrasos en la absorción de los fondos ponen en entredicho las proyecciones iniciales de la Comisión Europea para el PIB de la UE, fijadas en el 1,5% en 2025 y el 1,4% en 2026.
“Si bien países como Grecia, Croacia, Italia y Portugal han aprovechado al máximo los fondos, dado el progreso de los desembolsos hasta la fecha, el impacto global en el PIB europeo será menor de lo esperado”, han avisado.
Las estimaciones del estudio apuntan a que el crecimiento anual podría haber sido, de media, un 0,4% superior entre 2020 y 2030 si los fondos se hubieran utilizado en su totalidad. “Pero la carrera contra el tiempo está empujando a los gobiernos a favorecer proyectos fáciles de implementar, en detrimento de reformas estructurales de alto valor añadido”, han señalado los expertos.
Retrasos por cuellos de botella y cambios de contexto
El documento atribuye los retrasos a obstáculos administrativos, limitaciones en la capacidad de gestión y a escenarios políticos cambiantes. La guerra en Ucrania, la crisis energética y el repunte de la inflación han obligado a numerosos países a replantear sus planes, ralentizando el ritmo de los desembolsos. Además, las reformas comprometidas a cambio de los fondos, en ocasiones impopulares, se han pospuesto o renegociado, como ha ocurrido en España e Italia.
El análisis también apunta a que algunos Estados consideran que los préstamos comunitarios resultan menos atractivos que acudir directamente a los mercados, como es el caso de España, que ha comunicado que renunciará a 67.000 millones de euros de los 83.000 millones de euros de préstamos disponibles gracias a la mejora de su perfil crediticio.
Escenario tras 2026: sustitución parcial del NGEU
El fin del NGEU dejará un vacío que podría cubrirse solo de manera parcial mediante otros instrumentos, entre ellos los préstamos SAFE del programa Readiness 2030, dotados con 150.000 millones de euros entre 2026 y 2030 para financiar armamento.
No obstante, su orientación sectorial hacia la industria de defensa y unas condiciones menos exigentes reducen su impacto macroeconómico frente a los objetivos de diversificación y transformación estructural que perseguía el NGEU.