Economistas del BCE plantean que la ESMA asuma la supervisión de las grandes gestoras europeas

Economistas del BCE proponen que la ESMA supervise a las grandes gestoras de activos europeas para reducir riesgos, pese al rechazo del sector.

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La vigilancia sobre las principales gestoras de activos europeas, por su peso sistémico, su intensa actividad transfronteriza y su elevada concentración en pocos países y grupos, debería articularse en un esquema más integrado a escala comunitaria. Según un artículo difundido este viernes en el blog del Banco Central Europeo (BCE), la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) estaría en posición de ayudar a “eliminar los puntos ciegos y reducir la fragmentación” existentes en la actualidad.

El texto, firmado por un equipo de economistas del BCE, subraya que las grandes firmas de gestión de activos en Europa dan servicio a clientes de toda la UE, pero continúan sometidas únicamente a la supervisión de sus autoridades nacionales, “lo que genera posibles puntos ciegos para los riesgos”, mientras que un modelo de supervisión de alcance europeo podría, además, favorecer la financiación entre países.

Los autores ponen el foco en la fuerte expansión del sector en la última década: los activos bajo gestión en Europa prácticamente se han duplicado y ya rebasan los 20 billones de euros, frente a unos 39 billones en el caso del sector bancario, lo que refuerza su relevancia para la estabilidad financiera.

Pese a este crecimiento, el negocio europeo de fondos de inversión se concentra en unos pocos Estados miembros y está dominado por entre 10 y 15 grandes grupos que operan de forma muy intensa a nivel transfronterizo. Sin embargo, y a pesar de su importancia sistémica y su presencia paneuropea, continúan siendo supervisados exclusivamente por sus reguladores nacionales.

“Dado que es probable que el sector tenga una presencia aún mayor en los próximos años, dada la profundización de la Unión de Ahorros e Inversiones (UIE), ha llegado el momento de evaluar si la arquitectura supervisora es adecuada”, señalan los economistas en la entrada.

En esta línea, sostienen que un marco más homogéneo en el ámbito de la UE facilitaría la aplicación efectiva de la normativa europea y contribuiría a derribar obstáculos a la distribución transfronteriza de fondos, favoreciendo así un mayor tamaño operativo y menores costes para los inversores minoristas.

Además, defienden que avanzar hacia una supervisión europea de las mayores gestoras de activos constituiría un elemento clave para proteger la estabilidad financiera y reforzar un mercado de capitales más profundo y eficiente. Al mismo tiempo, apuntan, este enfoque apoyaría al BCE tanto en la implementación de su política monetaria como en el desempeño de sus funciones de supervisión bancaria.

“La arquitectura supervisora de la UE debe seguir el ritmo de las ambiciones de crecimiento de la UIE”, resumen los autores, insistiendo en la conveniencia de centrar la supervisión en los actores de mayor tamaño, identificados con criterios claros y sencillos, lo que permitiría vigilar mejor los riesgos más relevantes para el sistema.

Por ello, concluyen que encomendar a la ESMA la misión de impulsar una mayor convergencia supervisora sobre estas entidades “podría contribuir a eliminar los puntos ciegos y reducir la fragmentación”, y que, combinada con un marco macroprudencial más robusto para todo el sector, esta reforma ayudaría a preservar la estabilidad financiera, a consolidar un auténtico mercado de capitales integrado y a canalizar el ahorro de forma más eficiente.

No obstante, la idea de una supervisión centralizada suscita recelos en la industria. La Asociación Europea de Fondos y Gestión de Activos (EFAMA) manifestó el pasado otoño “su histórica oposición a la supervisión centralizada de las gestoras de activos por parte de la UE, ya sea a través de la supervisión directa de la ESMA o de colegios de supervisores” y defendió que el actual modelo de supervisión nacional continúa siendo, a su juicio, el más apropiado para el sector.