El Banco Central Europeo (BCE) ha avisado de que una flexibilización de las normas de supervisión bancaria podría mermar la capacidad de las entidades para afrontar choques negativos en un entorno marcado por el repunte de las tensiones geopolíticas.
“La fragmentación o cualquier debilitamiento de los estándares podría socavar la capacidad de las entidades para resistir perturbaciones adversas”, advierte Claudia Buch, presidenta del Consejo de Supervisión del BCE en el informe anual de actividades supervisoras de la institución en 2025.
“Estos mecanismos de protección deben mantenerse ante el aumento de las tensiones geopolíticas”, destaca la alemana, para quien la incertidumbre política, económica y geopolítica “es considerable”, pero los indicadores de mercado no reflejan de forma adecuada las tensiones financieras, lo que podría llevar a una reevaluación brusca de los riesgos.
En este escenario, pese a que los colchones de capital y liquidez se sitúan muy por encima de los mínimos regulatorios y la rentabilidad del sector es elevada, Buch subraya que las perspectivas de estabilidad financiera a medio y largo plazo se han vuelto más frágiles.
“Debemos seguir yendo más allá de los indicadores coyunturales de las entidades e identificar las vulnerabilidades frente a acontecimientos externos adversos”, sostiene la jefa de la supervisión del BCE.
De cara al ciclo 2026-2028, la institución fija entre sus prioridades reforzar la capacidad de resistencia de los bancos frente a los riesgos geopolíticos y las incertidumbres macrofinancieras, lo que implica preservar criterios estrictos en la concesión de crédito, niveles adecuados de capitalización y una gestión prudente de los riesgos asociados al clima y la naturaleza.
Como parte de este trabajo, el BCE llevará a cabo en 2026 una prueba de resistencia inversa para detectar escenarios de riesgo geopolítico específicos para cada entidad que puedan dañar de forma significativa su posición financiera.
Asimismo, el supervisor europeo mantiene el foco en corregir carencias en la gestión de los riesgos climáticos y medioambientales, en mejorar la capacidad de agregación y reporte de datos de riesgo, y en acompañar la transformación digital del sector y la adopción de tecnologías como la IA, que exigen marcos sólidos de gobernanza y control de riesgos.
“Para cumplir nuestro mandato de mantener la seguridad y la solidez de las entidades de crédito, necesitamos un marco regulatorio fuerte”, afirma Buch, quien apunta que, dentro de Europa, una mayor armonización de las normas bancarias y un sistema europeo de garantía de depósitos favorecerían la integración y la simplificación, mientras que el impulso al mercado único reforzaría la eficiencia del sistema bancario.
A nivel internacional, la responsable alemana reivindica que un sistema financiero global resiliente es clave para el crecimiento y la estabilidad, y que ello requiere el cumplimiento de estándares regulatorios comunes y una coordinación estrecha entre supervisores.