El BCE pone en valor la apuesta de España por las energías renovables

El BCE alerta del riesgo de la dependencia energética europea y ensalza la transición de España hacia renovables como vía para abaratar costes y estabilizar precios.

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La fuerte dependencia exterior de la energía se ha convertido en una de las mayores debilidades de Europa y complica cada vez más la labor de preservar la estabilidad de precios, misión central del Banco Central Europeo (BCE), que subraya las ventajas del proceso de transición de España hacia las energías renovables.

Aunque la política energética recae en los Gobiernos, Frank Elderson, miembro del Comité Ejecutivo y vicepresidente del Consejo de Supervisión del BCE, expone en un artículo en ‘Financial Times’ las importantes repercusiones para la institución de la vulnerabilidad energética europea y recuerda que los últimos sobresaltos en los precios de la energía han drenado del Viejo Continente una gran cantidad de recursos, forzando medidas de emergencia y presionando las cuentas públicas.

Las proyecciones macroeconómicas más recientes elaboradas por los expertos del BCE ya reflejan cómo este shock externo puede alimentar la inflación y lastrar el crecimiento de la zona euro, en un contexto “difícil de gestionar”, ya que un endurecimiento de la política monetaria para frenar la subida de precios puede agravar la desaceleración económica, mientras que relajarla para estimular la actividad corre el riesgo de consolidar la inflación.

“Nuestro mandato principal es la estabilidad de precios. Sin embargo, las repetidas perturbaciones de los precios de la energía hacen cada vez más difícil cumplir este objetivo”, afirma.

España, referencia en la transición energética

El representante neerlandés en el directorio del BCE sostiene que, aunque Europa no puede eliminar el riesgo geopolítico, sí está en condiciones de rebajar de forma notable su exposición, y que la vía más eficaz pasa por reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y acelerar una transición ordenada hacia fuentes limpias de producción interna.

“Si Europa cumpliera sus objetivos en materia de energía sostenible, el vínculo entre los precios internos de la energía y la volatilidad de los mercados energéticos mundiales se debilitaría sustancialmente”, asegura.

En esta línea, Elderson considera que la transformación del sistema energético español hacia las renovables “demuestra los beneficios de la inversión en energías limpias” y resalta que, de acuerdo con cálculos del Banco de España, los precios mayoristas de la electricidad a comienzos de 2024 eran alrededor de un 40% más bajos de lo que habrían sido si la capacidad eólica y solar se hubiera mantenido en los niveles de 2019.

A su juicio, una extensión de estas políticas al conjunto de la economía supondría menos sobresaltos para familias, empresas, cuentas públicas y mercados financieros y, en consecuencia, “una mayor estabilidad macroeconómica y de precios”.

Frente a quienes subrayan los altos costes de una transición de este tipo, cifrados en unos 660.000 millones anuales hasta 2023, el ejecutivo del BCE argumenta que el esfuerzo inversor en tecnologías limpias y sostenibles reemplaza al elevado desembolso en combustibles fósiles, actualmente en torno a 400.000 millones de euros al año, y añade que, una vez desplegada la infraestructura necesaria, el coste de la energía pasa a ser prácticamente nulo.

Por este motivo, Elderson sostiene que avanzar hacia una energía limpia, sostenible y producida dentro de las fronteras europeas ofrece mucho más que beneficios climáticos: refuerza la estabilidad macroeconómica, reduce los costes a largo plazo, impulsa el crecimiento, mejora la salud pública y fortalece la autonomía estratégica de Europa.

En este contexto, considera clave seguir progresando en la unión de ahorros e inversiones para canalizar el volumen de capital imprescindible para acometer esta transformación, que exige fuertes desembolsos iniciales, así como mercados de capitales profundos y eficientes y un marco regulatorio estable y predecible.

“La verdadera pregunta ya no es si Europa puede permitirse llevar a cabo la transición energética, sino si puede permitirse no llevarla a cabo. Desde la perspectiva de los bancos centrales, la respuesta es clara”, concluye Elderson.