La carga de deuda pública global en proporción al producto interior bruto mundial continuará aumentando en los próximos años y podría situarse en torno al 100% del PIB en 2029, un registro que solo se había visto tras la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que adelanta en un año su cálculo anterior.
En la edición más reciente del informe “Monitor Fiscal”, el organismo multilateral subraya que, pese a que la economía mundial ha demostrado resiliencia, “la situación fiscal ha empeorado”, después de que la deuda pública global se colocase en el 93,9% en 2025, mientras que el déficit presupuestario conjunto se situó en el 5% del PIB.
“Incluso en países donde la dinámica de la deuda ha mejorado, los niveles de deuda pública en muchos casos se mantienen por encima de los máximos alcanzados durante la crisis de la Covid-19”, apunta el FMI, que recuerda que los pagos por intereses se han disparado en apenas cuatro años, desde el 2% hasta casi el 3% del PIB mundial, a medida que los gobiernos renuevan la deuda que vence a los actuales tipos, más elevados.
Al mismo tiempo, los responsables del documento señalan que, además del volumen de endeudamiento, preocupa especialmente la senda de las políticas fiscales en un entorno de tipos de interés altos y mayor sensibilidad de los mercados, lo que implica que “el margen para acomodar esta trayectoria se está reduciendo”.
En esta línea, consideran que las tensiones proteccionistas y la creciente fragmentación geoeconómica continúan empujando a los gobiernos hacia subsidios industriales y apoyos al comercio con resultados inciertos sobre la productividad, incrementando el riesgo de que los saldos primarios no alcancen los niveles necesarios para estabilizar la deuda si el crecimiento acaba siendo menor de lo previsto.
Asimismo, el informe alerta de que la inestabilidad política y social interna intensifica las presiones sobre las cuentas públicas, al constatar un aumento del malestar social en todos los niveles de renta, vinculado a un crecimiento más débil y a déficits primarios más elevados, mientras que las presiones, explícitas o implícitas, sobre la independencia de los bancos centrales pueden elevar las expectativas de inflación y las primas de riesgo incluso en economías con alta calificación crediticia, minando la credibilidad que mantiene a raya el coste de financiación.
Por otra parte, el FMI advierte de que la guerra en Oriente Próximo puede reforzar la dinámica adversa en los mercados financieros y de materias primas —a través de unos tipos de interés globales más altos, la apreciación del dólar y un fuerte encarecimiento de la energía—, intensificando las tensiones macroeconómicas en las economías emergentes y en desarrollo.
“El margen para un ajuste fiscal ordenado se está reduciendo”, remarca el Fondo, que aconseja acometer planes de consolidación concretos y bien diseñados en lugar de fijar metas ambiciosas a medio plazo para las economías avanzadas con elevados niveles de deuda.
En el caso de Estados Unidos, para el que proyecta un déficit de entre el 7% y el 8% del PIB pese a operar prácticamente a plena capacidad, “sin que se vislumbre ningún plan de consolidación de la deuda”, y con una deuda que podría alcanzar el 142% en 2031, la institución ve “ineludible” frenar la trayectoria ascendente del endeudamiento, lo que exigirá ajustes “tanto en ingresos como en gastos”, incluyendo los principales programas de prestaciones sociales.
Respecto a China, el informe indica que la expansión fiscal a corto plazo del gigante asiático, orientada a apuntalar la demanda interna en un contexto de presiones deflacionistas, ha elevado el déficit total hasta casi el 8% del PIB y se prevé que el desequilibrio siga siendo alto de forma persistente, lo que impulsará la deuda china hasta el 127% del PIB en 2031.
España reduce deuda y mantiene un déficit inferior al de la eurozona
En el capítulo dedicado a España, el FMI subraya que el país será, junto a Japón y Canadá, una de las economías avanzadas donde más se reducirá la ratio de deuda sobre PIB a lo largo del periodo de proyección, que se extiende hasta 2031.
Para la economía española, el Fondo calcula que la deuda pública caerá este año por debajo del 100% del PIB por primera vez desde 2019, hasta el 98,2% del PIB, y continuará retrocediendo paulatinamente en cada ejercicio del horizonte analizado, hasta situarse en el 90,4% en 2031. Ello supondría un recorte de 10 puntos porcentuales respecto al nivel de 2025 y la menor proporción de deuda sobre PIB desde 2012.
En lo referente al déficit, las previsiones a largo plazo del FMI señalan que el desequilibrio se reducirá en 2026 al 2,1% del PIB desde el 2,5% estimado para 2025, lo que representaría el mejor registro desde 2007, tras haber superado el 10% del PIB en 2020.
No obstante, en la actualización de primavera de sus proyecciones macroeconómicas, el organismo anticipa un ligero repunte del déficit presupuestario español al 2,3% en 2027, para luego estabilizarse en el 2,2% en el resto de años considerados.
Así, España mantendrá durante todo el periodo de previsión un déficit inferior al promedio de la zona euro, cuyo saldo negativo oscilará entre el 3,3% del PIB previsto para 2026 y el 3% en 2031, consolidándose como la gran economía europea con menor déficit.
En detalle, el FMI proyecta que Alemania registre un desequilibrio del 3,8% en 2026, que se reducirá ligeramente al 3,7% en 2031; Francia anotará un déficit del 4,9% este año, que bajará al 2,9% al final del horizonte de análisis; mientras que Italia partirá de un déficit del 2,8% en 2026, que se mantendrá relativamente estable hasta 2031, cuando el Fondo prevé un 2,7%.
Aunque en el “Monitor Fiscal” no se dedica un apartado específico en profundidad a la economía española, los autores subrayan que “cuando la polarización política complica las reformas generales, las iniciativas de eficiencia específicas, como las reformas de la administración pública digital en España, pueden crear margen fiscal con menores costes sociales y políticos”.