Jamie Dimon, veterano consejero delegado de JPMorgan Chase y último gran banquero en activo de la crisis financiera que sacudió Wall Street, ha manifestado su confianza en que el crédito privado no llegue a convertirse en un riesgo sistémico. No obstante, ha alertado de que, cuando cambie el ciclo crediticio, las pérdidas serán superiores a lo previsto debido al deterioro de los estándares de concesión de crédito “en prácticamente todos los ámbitos”.
“En términos generales, el crédito privado probablemente no representa un riesgo sistémico”, ha señalado Dimon en su tradicional carta anual a los accionistas de JPMorgan. En el documento recuerda que el mercado de crédito privado apalancado ronda los 1,8 billones de dólares (1,6 billones de euros), frente a unos 1,5 billones de dólares (1,3 billones de euros) del mercado de bonos de alto rendimiento en EEUU y los 1,7 billones de dólares (1,5 billones de euros) del mercado de préstamos apalancados sindicados por la banca.
Aun así, el banquero ha avisado de que, cuando el ciclo de crédito se debilite, “lo cual ocurrirá algún día”, las pérdidas en el conjunto de los préstamos apalancados “serán mayores de lo esperado”, ya que los criterios crediticios se han relajado de forma moderada en casi todas las áreas. Entre otros factores, cita supuestos de desempeño más agresivos y optimistas, cláusulas contractuales más flexibles, un mayor uso de pagos en especie y un incremento del arbitraje.
Dimon también subraya que, por norma general, el crédito privado adolece de poca transparencia y de valoraciones estrictas de sus préstamos, lo que incrementa la posibilidad de ventas forzadas si se anticipa un deterioro del entorno. Añade que, si los tipos de interés o los diferenciales de crédito repuntan, las compañías endeudadas deberán refinanciarse a costes aún más elevados, lo que incrementará la presión financiera sobre ellas.
Sea cual sea la evolución del mercado, el CEO de JPMorgan anticipa que, en algún momento, los supervisores exigirán calificaciones más estrictas o mayores descuentos, lo que previsiblemente implicará una demanda adicional de capital.
“No todos los que otorgan crédito son necesariamente buenos en ello. Muchos actores del mercado se han incorporado tarde, y es de esperar que algunos proveedores de crédito tengan un desempeño mucho peor que otros”, expone Dimon. “No hemos experimentado una recesión crediticia en mucho tiempo, y parece que algunos dan por sentado que nunca ocurrirá”, añade.
Hace unas semanas, el consejero delegado de Goldman Sachs, David Solomon, advertía igualmente en una carta a sus accionistas de que los recientes episodios vinculados al crédito privado recuerdan que el ciclo crediticio “no se ha abolido” y que sigue siendo imprescindible una gestión de riesgos estricta.
Críticas a la reforma bancaria de Basilea III
Por otra parte, el máximo responsable de JPMorgan Chase ha calificado de “mixta” su primera valoración de las propuestas revisadas para la Fase Final de Basilea III y de las normas aplicables a las entidades de importancia sistémica global.
Dimon considera positivo que las últimas propuestas para la Fase Final de Basilea III (B3E) y las GSIB traten de moderar el incremento de capital exigido respecto a los planteamientos de 2023, aunque insiste en que “aún existen algunos aspectos que carecen de sentido”.
A su juicio, un marco regulatorio bien diseñado debería premiar la resiliencia, la solidez de las fuentes de ingresos y una gestión de riesgos robusta.
“Con un recargo de aproximadamente el 5%, JPMorgan Chase tendrá que mantener hasta un 50% más de capital en la gran mayoría de los préstamos a consumidores y empresas estadounidenses, en comparación con un gran banco que no pertenezca al grupo GSIB para el mismo conjunto de préstamos”, explica Dimon, para quien el nivel de recargo propuesto penaliza el éxito, la fortaleza y el modelo de negocio diversificado de la entidad.
“Francamente, no es justo y es antiamericano”, ha apostillado.
Apuesta estratégica por la inteligencia artificial
En su misiva, Dimon reitera además que la IA, los datos y la tecnología serán determinantes para el porvenir de la entidad, y que resulta esencial encontrar la forma de desplegar estas herramientas de manera adecuada y ágil.
En este contexto, el banquero pronostica que la adopción de la IA será sustancialmente más rápida que la de anteriores revoluciones tecnológicas, como la electricidad o internet, y que probablemente se acelerará en los próximos años.
“La IA afectará prácticamente a todas las funciones, aplicaciones y procesos de la empresa. Y a largo plazo, tendrá un enorme impacto positivo en la productividad”, anticipa, antes de remarcar que, en términos generales, la inversión en IA “no es una burbuja especulativa”, sino que aportará beneficios significativos, aunque todavía sea imposible determinar con claridad quiénes serán los ganadores y los perdedores.
Dimon advierte, sin embargo, de que, junto a sus ventajas, la IA implicará nuevos riesgos relevantes, como los ‘deepfakes’, la desinformación y mayores vulnerabilidades de ciberseguridad, que deberán ser abordados por compañías, reguladores y gobiernos.
“Los peores errores que podemos cometer son predecibles: reaccionar de forma exagerada ante el primer incidente grave y restringir una innovación importante, o reaccionar de forma insuficiente y no aprender de los errores”, ha afirmado.
El ejecutivo reconoce igualmente que la IA destruirá ciertos puestos de trabajo y reforzará otros, advirtiendo de que la implantación de estas tecnologías puede avanzar más deprisa que la capacidad de la mano de obra para adaptarse y generar nuevos empleos.
Por ello, se muestra partidario de que empresas y administraciones pongan en marcha medidas diversas para incentivar de forma adecuada la recapacitación, el apoyo económico, la reconversión profesional, la jubilación anticipada y la reubicación de las personas cuyos empleos puedan verse perjudicados por la IA.