El nuevo recargo con el que Nueva York pretende gravar las viviendas de lujo cuyos propietarios no residen de forma habitual en la ciudad ha provocado una oleada de críticas por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y de otros dirigentes republicanos. Sus reproches han encontrado respaldo entre varios multimillonarios, que acusan al alcalde, Zohran Mamdani, de querer “avivar la lucha de clases” y ahuyentar el capital privado.
En esta línea, el gestor de fondos Daniel Loeb denunció en redes sociales que el alcalde neoyorquino estaba “avivando la guerra de clases” después de que este señalara públicamente al inversor Ken Griffith. El ático de este último en Manhattan, tasado en 238 millones de dólares (202 millones de euros), aparece en un vídeo difundido por Mamdani para presentar el nuevo gravamen.
“Nuestro alcalde, aficionado al teatro, está a punto de aprender algunas leyes económicas crueles: no se puede lograr la prosperidad de una ciudad a base de impuestos, ni se atrae capital demonizando a los filántropos que pueden llevarse sus inversiones y empleados a otro lugar”, afima Loeb.
Por su parte, Bill Ackman, consejero delegado del fondo Pershing Square, sostiene que los no residentes que destinan millones de dólares a adquirir apartamentos en Nueva York impulsan el dinamismo económico de la ciudad. A su juicio, figuras como Ken Griffin hacen posible el desarrollo de proyectos inmobiliarios de alta gama en Nueva York, generando empleo bien remunerado en la construcción, la intermediación, los servicios legales, el marketing y otras actividades vinculadas.
“Deberíamos aplaudir a Ken por invertir 238 millones de dólares en Nueva York, no criticarlo por ello”, afirma en un publicación en su cuenta personal en X, donde sostiene que estos propietarios no residentes en Nueva York no representan una carga para las escuelas, los servicios ni otros recursos de la ciudad, mientras que impulsan el crecimiento del comercio minorista, los restaurantes, el teatro y otros sectores clave de la economía.
“Mientras que el alcalde de Nueva York, Mamdani disfruta del lema 'Gravar a los ricos', lamentablemente sus políticas perjudicarán a los sectores a los que supuestamente intenta ayudar”, añade Ackman, recordando que estos propietarios no residentes “ya pagan muchos impuestos, incluyendo impuestos a mansiones, impuestos sobre bienes raíces, impuestos sobre las ventas y más”.
También el inversor tecnológico Jason Calacanis cargó con dureza contra la decisión del Ayuntamiento, asegurando que “Nueva York está acabada” tras conocerse la medida de Mamdani. “¡Felicidades por elegir a un comunista disfrazado de socialista!”, añadió en sus redes sociales, reprochando al alcalde que exhiba públicamente a grandes fortunas de la ciudad.
En la misma red social, la que fuera consejera delegada de X tras la adquisición de la plataforma por parte de Elon Musk, Linda Yacarino, se limitó a apuntar que “esto es una de las cosas más aterradoras que he visto. Y esto no termina aquí”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue más allá y acusó al alcalde neoyorquino de estar “destruyendo” la ciudad, calificando de “error total” la nueva estrategia fiscal. Sus palabras llegaron después del anuncio conjunto con la gobernadora del Estado, Kathy Hochul, del impuesto estatal sobre las viviendas con un valor superior a 5 millones de dólares (4,2 millones de euros) cuyos dueños no tengan su residencia permanente en la ciudad, una figura que alcanzaría también a propiedades del propio Trump.
“Lamentablemente, el alcalde Mamdani está destruyendo Nueva York”, afirmó el inquilino de la Casa Blanca en un mensaje en redes sociales en el que alegó que “Estados Unidos no debería contribuir a su fracaso”, lo que supondría un giro respecto a la cooperación que el magnate republicano había prometido al gobierno de su ciudad natal tras un encuentro con el propio Mamdani en noviembre de 2025, cuando aseguró que sería “un excelente alcalde”.
En paralelo, el senador republicano por Texas, Ted Cruz, ironizó al señalar que “los teléfonos de los agentes inmobiliarios de Texas y Florida no paran de sonar” tras el anuncio de la Alcaldía de Nueva York.
La oficina del alcalde neoyorquino comunicó, después de alcanzar un pacto con el estado, la propuesta del “primer impuesto estatal sobre segundas residencias”, que supondrá “un recargo anual a las viviendas unifamiliares, condominios y cooperativas valoradas en más de 5 millones de dólares cuyos propietarios tengan una residencia principal fuera de la ciudad de Nueva York”.
Según el comunicado difundido por el gobierno local, “la medida está dirigida a los residentes ultrarricos de fuera de la ciudad y a las élites globales que utilizan los bienes raíces de la ciudad de Nueva York como un vehículo para almacenar riqueza, en lugar de como vivienda”, y se calcula que “genere 500 millones de dólares (424,6 millones de euros) en ingresos anuales”.
El documento, que eleva al 93% el apoyo entre los neoyorquinos al nuevo impuesto, menciona de forma expresa algunas propiedades, como “el ático de 238 millones de dólares del multimillonario Ken Griffith en Midtown”, junto a “miles más pertenecientes a oligarcas extranjeros y ultrarricos globales”.
No se incluye, en cambio, referencia alguna a las propiedades de Donald Trump, prominente empresario republicano con activos como el rascacielos Trump World Tower —frente a la sede de la ONU en la Primera Avenida—, Trump Palace Condominiums o la Trump Tower, que alberga en la Quinta Avenida de Manhattan el ático triplex que fue residencia principal del ahora presidente desde 1983 hasta septiembre de 2019, cuando registró Mar-a-Lago (Florida) como su domicilio principal.