La industria manufacturera española encadenó en enero su segundo mes seguido en terreno contractivo, con un índice PMI de 49,2 puntos frente a los 49,6 registrados al cierre de 2025. Esta nueva bajada sitúa el indicador en su cota más reducida desde abril del año pasado, un retroceso que las compañías relacionan sobre todo con el impacto de la incertidumbre global.
“El sector manufacturero español ha comenzado el nuevo año débilmente”, resume Jonas Feldhusen, economista Hamburg Commercial Bank, que interpreta las cifras de enero como una posible señal de un periodo de debilidad más prolongado ante el “cada vez más preocupante” deterioro de la demanda.
“Muchas de las empresas encuestadas atribuyen la menor demanda a la continua incertidumbre global, un factor que ya ha afectado considerablemente a los fabricantes de Alemania, Francia e Italia”, añade.
La encuesta PMI de enero reflejó además el descenso más intenso de los nuevos pedidos en nueve meses, lastrado por los aranceles, la evolución del tipo de cambio euro/dólar y la floja demanda procedente de los mercados europeos.
En este contexto, las fábricas optaron por consumir sus existencias de insumos en lugar de reponerlas, aprovechando los stocks disponibles ante la caída de los pedidos y la estabilidad de las necesidades de producción. Como resultado, la compra de materias primas se redujo por segundo mes consecutivo.
Al mismo tiempo, los productores españoles trataron de ganar eficiencia en sus plantas recortando plantilla al inicio de 2026, prolongando hasta cinco meses seguidos el ajuste del empleo industrial, vinculado a la menor entrada de pedidos y al objetivo de aliviar la presión de los costes.
En el ámbito de los precios, los costes de los insumos repuntaron con fuerza en enero, pero la competencia limitó la capacidad de las empresas para trasladar ese encarecimiento, de modo que los precios de venta volvieron a bajar por quinto mes consecutivo.
“Como es de esperar, esta combinación del aumento de los costes de los insumos y la disminución del poder de fijación de precios está frenando la disposición de las empresas a contratar personal”, apunta Feldhusen.
Pese a la debilidad actual, los fabricantes españoles conservan una perspectiva claramente optimista para los próximos doce meses y muchos prevén que la demanda se mantenga estable a lo largo de 2026, confiando en que los proyectos en marcha y las inversiones ya comprometidas terminen generando resultados.
No obstante, el economista subraya que persisten importantes focos de riesgo externo, entre ellos la fuerte competencia extracomunitaria y la combinación de tensiones geopolíticas y comerciales, ilustradas recientemente por los acontecimientos en torno a Groenlandia, factores que están llevando a posponer decisiones de inversión.