El Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) ha advertido en un informe especial hecho público este jueves de que el instrumento de la Unión Europea diseñado para mejorar la productividad y la sostenibilidad del campo mediante la innovación, conocido como AEI-AGRI, no ha logrado desplegar todo el potencial para el que fue creado.
El documento recuerda que, entre 2014 y 2022, se movilizaron cerca de 1.000 millones de euros procedentes de fondos nacionales y comunitarios para respaldar prácticas agrícolas innovadoras. Sin embargo, pese a ese esfuerzo financiero, el instrumento “rara vez proporcionó innovaciones útiles”.
Críticas a la falta de conexión con los agricultores
“El instrumento de la UE destinado a impulsar la innovación en las explotaciones agrícolas podría haber obtenido mayor rendimiento de los recursos”, ha señalado el miembro del tribunal responsable de la auditoría, João Leão, durante la presentación de las conclusiones.
Leão ha incidido en que “se desaprovecharon algunas oportunidades” por no tener en cuenta las necesidades prácticas de los agricultores, subrayando que la implicación directa de estos habría aumentado considerablemente las probabilidades de éxito. El informe detecta, de hecho, que la participación del sector primario en muchos proyectos fue limitada.
Proyectos con escasa relación directa con la agricultura
Para elaborar el examen, los auditores analizaron una muestra de 70 proyectos desarrollados en España, Francia, Países Bajos y Polonia. De esa revisión se desprende que, en términos generales, la implicación de los agricultores “era escasa”, lo que habría reducido el impacto real de las iniciativas.
Además, el Tribunal constató que casi un tercio de los proyectos apenas guardaba relación directa con la actividad agrícola, al estar orientados hacia la transformación industrial u otros ámbitos alejados del trabajo en las explotaciones.
Déficit en la difusión y adopción de resultados
Otra de las carencias señaladas es la limitada difusión de los resultados obtenidos. El informe considera que se perdió una oportunidad relevante para extender el conocimiento generado y facilitar su aprovechamiento por el conjunto del sector agrario.
Según los datos recogidos, solo alrededor de la mitad de los proyectos compartió de forma efectiva los conocimientos adquiridos, y únicamente en seis de los dieciocho proyectos que alcanzaron resultados considerados útiles se produjo una adopción amplia de las innovaciones por parte de sus destinatarios.
En sus conclusiones, el TCE apunta que los Estados miembros promovieron en contadas ocasiones innovaciones con potencial real en el ámbito local y entre los agricultores, pese a que la Política Agrícola Común (PAC) permitía destinar fondos a formación, acciones educativas y servicios de asesoramiento para facilitar su implantación.
El balance final del informe es claro: la UE movilizó recursos significativos para modernizar el campo, pero el impacto efectivo de la herramienta quedó por debajo de las expectativas iniciales.