El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, ha avanzado que la compañía tiene previsto reclamar la extensión de la vida útil de más centrales nucleares, además de la ya pedida para Almaraz, al considerar que “la mayor parte de ellas pueden llegar hasta los 60, e incluso 80 años”.
Durante una conferencia con analistas para comentar los resultados del grupo correspondientes al ejercicio 2025, Galán explicó que “este es un proceso que está en marcha” y que se está estudiando con detalle, después de que las propietarias de Almaraz —Iberdrola, Endesa y Naturgy— presentaran en octubre una petición formal al Gobierno para prolongar la operación de los dos grupos de la planta extremeña hasta 2030.
Recordó que en 2019 las compañías titulares de las centrales nucleares en España cerraron un acuerdo con Enresa para fijar un calendario de clausura escalonada del parque entre 2027 y 2035, comenzando por Almaraz y finalizando con Trillo, un plan que sigue vigente y que el Ejecutivo ha vuelto a respaldar.
Galán defendió el aprovechamiento de la energía nuclear como activo estratégico, al subrayar que es “seguro, estables y, además, favorece los precios bajos”, pese a la “enorme” presión fiscal que soportan estas instalaciones en España.
“Esa es la realidad que estamos viendo hoy en día. Y de hecho, países europeos sin centrales nucleares tienen precios estructuralmente altos, unos 20 euros más en comparación con España y Francia. Así que este es el gran debate que se está produciendo en Europa”, afirmó.
En esta línea, incidió en que los países que han mantenido su parque nuclear y lo han combinado con fuertes inversiones en renovables disfrutan de precios energéticos más reducidos que aquellos “que no han construido o que han cerrado las centrales nucleares y que dependen por completo de la importación de combustible fósiles”.
Alerta sobre intervenciones regulatorias en el mercado eléctrico
Por otro lado, Galán alertó sobre el impacto de determinadas decisiones regulatorias, como la de Italia, que plantea excluir el CO2 de la factura eléctrica, advirtiendo de que “cualquier intervención en el mercado no servirá para atraer las inversiones que se precisan para poder satisfacer las necesidades de Europa”.
En su opinión, la vía más eficaz para reforzar la competitividad europea pasa por rebajar la carga impositiva sobre la electricidad, en lugar de introducir nuevas distorsiones en el mercado.
“Si comparamos los impuestos de Europa con los chinos o los norteamericanos, en algunos casos son cinco veces más. Entonces no se trata de más reformas, sino que se trata de ver dónde está el problema. El problema en Europa es la fiscalidad y las políticas energéticas que en algunos países no han seguido el camino necesario o el camino correcto”, sostuvo.
En este contexto, defendió prolongar la operación de las centrales nucleares y aumentar el esfuerzo inversor en energías autóctonas, que en Europa son principalmente las renovables, con el objetivo de ser “más competitivos”.
“Esto es lo que están haciendo en países como China, que están invirtiendo mucho ya en energías autóctonas, fundamentalmente hidroeléctricas y renovables, y también en energía nuclear para mantener un mix mucho más competitivo de generación de energía”, concluyó.