Los gobiernos y las compañías de todo el planeta incrementarán su endeudamiento en 2026 hasta una cifra sin precedentes de 29 billones de dólares (25 billones de euros), un 7,4% más que en el ejercicio anterior. Este nuevo máximo estará impulsado por la mayor emisión de deuda soberana de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y por el creciente uso que hacen las empresas de los mercados de renta fija, en especial para costear el despliegue de la IA.
En su “Informe sobre la deuda mundial 2026”, el ‘think tank’ de las economías avanzadas prevé que la colocación de deuda soberana de los Estados miembros de la OCDE, que en 2025 llegó a 17 billones de dólares (14,6 billones de euros), suba este año hasta un nuevo récord de 18 billones de dólares (15,5 billones de euros), muy por encima de los 12 billones de dólares (10,3 billones de euros) emitidos en 2022.
La deuda viva en bonos soberanos se situó en 2025 en un máximo histórico de 61 billones de dólares (52,5 billones de euros), frente a los 55 billones de dólares (47,3 billones de euros) de 2024. No obstante, el ratio sobre el PIB de los países de la OCDE se mantuvo en el 83%, aunque las proyecciones apuntan a un repunte hasta el 85% en 2026, el registro más elevado desde 2021 y muy por encima del 46% de 2007, antes de la crisis financiera global.
En las economías emergentes y en desarrollo, la emisión de bonos soberanos alcanzó en 2025 un máximo de 4 billones de dólares (3,4 billones de euros), llevando el stock total de deuda hasta 14 billones de dólares (12 billones de euros), alrededor del 30% del PIB, el nivel más alto desde 2007.
El análisis de la OCDE subraya que una parte sustancial del incremento del pasivo se destina a refinanciar obligaciones previas. El año pasado, las necesidades de refinanciación soberana de sus socios marcaron un récord cercano a 13,5 billones de dólares (11,6 billones de euros), en torno al 80% del endeudamiento bruto, y se anticipa para 2026 un aumento adicional de 1 billón de dólares.
Al mismo tiempo, con unos 3,5 billones de dólares (3 billones de euros), las necesidades netas de financiación permanecieron estables en 2025, aunque siguen claramente por encima de los niveles anteriores a la pandemia. Las previsiones apuntan a que en 2026 volverán a crecer, hasta alcanzar la cota más elevada desde 2020.
En el ámbito privado, la OCDE resalta el avance del endeudamiento corporativo, que en 2025 llegó a su máximo en términos reales, con alrededor de 13,7 billones de dólares (11,8 billones de euros), repartidos entre 6,8 billones de dólares (5,8 billones de euros) en bonos corporativos y 7 billones de dólares (6 billones de euros) en préstamos sindicados.
Así, la deuda corporativa en circulación sumó 59,5 billones de dólares al cierre del ejercicio, con 36,4 billones de dólares (51,2 billones de euros) en títulos de deuda y 23,1 billones de dólares (19,9 billones de euros) en créditos sindicados.
La organización avisa de que, por la magnitud de la inversión en capital necesaria para el desarrollo de la IA, se espera que las necesidades de financiación empresarial continúen aumentando de forma notable en los próximos años.
Crecen los costes de financiación y la volatilidad potencial
Asimismo, la OCDE advierte de que los costes de financiación “siguen siendo motivo de preocupación”, al constatar que los rendimientos reales de la deuda soberana han repuntado, especialmente en los tramos de vencimiento más largos, mientras que el endurecimiento de los tipos de interés empieza a trasladarse con mayor intensidad a la deuda de las empresas.
Ante este contexto, los emisores soberanos han optado por concentrar sus subastas en plazos más cortos para contener la factura de intereses. De este modo, en 2025 el peso de las emisiones con vencimientos superiores a 10 años cayó al nivel más bajo desde 2009 en el caso de la deuda pública y al mínimo de toda la serie histórica en el segmento corporativo.
Por otra parte, aunque los bancos centrales continúan siendo los principales tenedores domésticos de deuda pública en numerosos países de la OCDE, la reducción progresiva de sus balances está desplazando el protagonismo hacia inversores más sensibles a los precios, como hedge funds, hogares y ciertos actores institucionales.
Este giro en la estructura del mercado, desde una demanda menos reactiva a los precios por parte de los bancos centrales hacia otra más dependiente de las condiciones de mercado, puede elevar la volatilidad en la deuda soberana y trasladar esa inestabilidad también al crédito corporativo.
“Los mercados mundiales de deuda han mantenido su resiliencia a pesar de que el endeudamiento ha alcanzado máximos históricos, pero los costes del servicio de la deuda van en aumento y las necesidades de financiación relacionadas con la IA crecen con fuerza”, ha afirmado Mathias Cormann, secretario general de la OCDE.
Ante este escenario, para salvaguardar la estabilidad en los próximos años al mismo tiempo que se satisfacen las crecientes necesidades de financiación pública y privada, el australiano ha instado a los gobiernos a abordar los riesgos de volatilidad derivados de los cambios en la base de inversores de deuda, así como a adoptar políticas fiscales sólidas para mejorar la sostenibilidad de la deuda y reforzar las perspectivas de crecimiento a medio plazo.