El Banco Central Europeo (BCE) sigue muy de cerca la evolución de la crisis en Oriente Próximo para calibrar cómo puede afectar la guerra a las previsiones de crecimiento e inflación. Así lo ha indicado el vicepresidente del organismo, Luis de Guindos, quien ha reiterado el “compromiso inquebrantable” de la institución con lograr que la inflación se sitúe de forma estable en el objetivo del 2% a medio plazo.
Guindos considera que el conflicto en Oriente Próximo supone “una materialización aguda” de los riesgos geopolíticos que representan una amenaza central para la estabilidad financiera internacional.
Al mismo tiempo, ha remarcado que la exposición directa de las entidades financieras europeas a esa zona es reducida y que, por ahora, los efectos indirectos sobre el sistema financiero de la zona euro se han mantenido acotados.
No obstante, el vicepresidente del BCE ha advertido de que, en un contexto de fuerte incertidumbre global, este conflicto podría dar lugar a nuevas vulnerabilidades interconectadas y desembocar en tensiones de carácter sistémico.
“Nos enfrentamos a una crisis de suministro que probablemente tendrá repercusiones de gran alcance para la economía mundial y la estabilidad financiera”, ha señalado el exministro de Economía, que ha apuntado que la intensidad del impacto y sus efectos sobre los precios y la estabilidad financiera dependerán de cuánto se prolongue y se extienda la guerra.
Asimismo, ha alertado de que el conflicto “amenaza con desestabilizar el sentimiento del mercado en un momento en que las valoraciones de los activos son altas, lo que podría conducir a una fuerte reevaluación del riesgo para los prestatarios apalancados y los gobiernos, y amplificar las tensiones en el sector financiero no bancario”.