El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, ha respaldado este lunes el desarrollo del euro digital, una iniciativa que, según ha indicado, podría estar operativa en torno a 2029. A su juicio, esta nueva forma de dinero público en formato electrónico permitirá que la zona del euro reduzca su dependencia de los grandes proveedores de pago de Estados Unidos y, si finalmente facilita la creación de “un bizum europeo será una magnífica noticia”.
Durante un coloquio celebrado en Madrid con motivo de la presentación del ‘Anuario del Euro’, el economista español ha quitado hierro a las “miles de teorías conspiratorias” que circulan sobre el proyecto. Ha remarcado que el euro digital no sustituirá al efectivo, sino que será una evolución del euro físico para contar con dinero público, que es la base del sistema de pagos, también en soporte digital.
“Esperamos que para 2029 esté disponible a nivel institucional y minorista”, ha señalado Guindos, subrayando que se tratará de un instrumento de pago que no devengará intereses. Ha explicado que el BCE tiene muy presente el impacto que podría tener sobre la estabilidad financiera y que, por ello, se ha diseñado sin remuneración.
En su opinión, la implantación del euro digital permitirá que Europa “sea menos dependiente de medios de pago americanos y si el euro digital crea un bizum europeo será una magnifica noticia”, ha reiterado, insistiendo en el potencial de esta herramienta para reforzar la autonomía estratégica en el ámbito de los pagos.
Defensa europea y estabilidad fiscal
En otro plano, el vicepresidente del BCE ha recalcado que la “prioridad existencial” para Europa es actualmente la defensa, lo que exige elevar el gasto en este capítulo. Ha señalado que el paraguas de seguridad de Estados Unidos “es menos confiable” y que la amenaza que representa Rusia para los valores europeos es tangible.
Ante este escenario, Guindos considera que la Unión Europea se enfrenta a dos caminos: regresar a una dinámica en la que cada país vuelve a “mirarse el ombligo”, con la consiguiente fragmentación y pérdida de peso internacional, o avanzar hacia una cooperación mucho más profunda entre Estados miembros.
“A lo mejor nos estamos jugando nuestra supervivencia”, ha advertido el vicepresidente del BCE. Ha apuntado que, por ahora, los mercados financieros se muestran relativamente calmados y no se observa una ampliación significativa de los diferenciales de la deuda soberana, incluso en economías como la francesa, pese a que el BCE está reduciendo progresivamente su presencia en el mercado de bonos.
Desde la óptica fiscal, ha señalado que Europa encara dos desafíos principales: el incremento necesario del gasto en defensa y la inestabilidad política. Esta última mantiene a varios gobiernos de la región, entre ellos los de Francia y España, sin capacidad para sacar adelante nuevos presupuestos. No obstante, Guindos ha precisado que el nivel de déficit público de España es sensiblemente menor que el de Francia.
Aun con este contexto de incertidumbre, el vicepresidente del BCE considera que Europa tiene ante sí la oportunidad de asumir un papel clave en la protección del estado de derecho y de los valores democráticos occidentales.
Advertencia sobre los riesgos de la IA
En la recta final de su intervención, Guindos se ha referido también a la inteligencia artificial (IA). Ha llamado la atención sobre el riesgo de que se generen expectativas excesivamente optimistas en torno a su capacidad para impulsar la productividad, aunque ha descartado que la situación sea comparable a la de la “burbuja puntocom”.
“Si no se cumplen las promesas que descuentan los mercados, a lo mejor podemos tener un factor de riesgo para el crecimiento ligado a la inversión empresarial”, ha advertido, aludiendo a la posibilidad de que una corrección de estas expectativas afecte al dinamismo económico.