La guerra en Irán amenaza la inversión en la Premier League y sacude el fútbol europeo

Expertos advierten que la inestabilidad geopolítica redefinirá las prioridades de inversión de los países del Golfo, con consecuencias directas para el deporte y el lujo global

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Bandera de Emiratos Árabes Unidos Europa Press/Contacto/Valery Sharifulin

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La guerra en Irán no se juega en los estadios ni en las pistas de esquí artificiales del Golfo. Pero si se alarga, puede terminar decidiendo el futuro de ambos.

Mientras los mercados reaccionan con relativa contención —caídas moderadas en bolsa, repunte de los rendimientos de los bonos y tensiones en la energía—, otro de los grandes impactos también se está gestando en otro terreno: el del dinero. O, más exactamente, en, hacia dónde deja de ir ese dinero.

Este diagnóstico es el que prescribe Giordano Lombardo, consejero delegado de Plenisfer Investments, en un reciente análisis al que ha tenido acceso Demócrata, según el cual, este conflicto en Oriente Medio puede provocar un cambio profundo en los flujos de capital procedentes de los países ricos en petróleo, con consecuencias que van mucho más allá del precio del crudo.

El fútbol como inversión… hasta que deja de serlo

Y una de esas consecuencias puede recaer en el fútbol. Durante la última década, la Premier League se ha convertido en uno de los grandes escaparates del capital global. Clubes como el Manchester City o el Newcastle United han sido impulsados por fondos vinculados a países del Golfo, en una estrategia que mezcla rentabilidad, imagen internacional e influencia.

Ese modelo, sin embargo, depende de un contexto de estabilidad y abundancia. Si la guerra se prolonga, la lógica cambia, apunta el CEO de la compañía que forma parte de Generali Investments. Los mismos Estados que han financiado fichajes millonarios pueden verse obligados a redirigir recursos hacia prioridades más urgentes: infraestructuras energéticas, seguridad y estabilidad económica interna.

El resultado no sería inmediato -apostilla Lombardo-, pero sí progresivo: menos inversión, menor capacidad de gasto y un frenazo a la expansión internacional de estos proyectos deportivos.

Esquiar en el desierto, un lujo bajo presión

Y del fútbol a las pistas de esquí. Así -continúa este análisis-, a miles de kilómetros de los frentes, proyectos como Trojena simbolizan una ambición distinta: la de transformar economías dependientes del petróleo en potencias turísticas y tecnológicas.

La futura estación de esquí saudí no es solo una atracción. Es parte de una estrategia para atraer visitantes, diversificar ingresos y redefinir la imagen de la región. Pero ese tipo de iniciativas comparte una característica clave: requieren inversiones masivas y sostenidas en el tiempo.

En un escenario de conflicto prolongado, esas inversiones entran en cuestión. El capital, señala Lombardo, podría desviarse hacia sectores considerados estratégicos, como la construcción de oleoductos o la protección del transporte de petróleo y gas.

El turismo de lujo

Esquiar en el desierto

En un mundo donde la geografía parece marcar límites infranqueables, el esquí ha logrado abrirse paso incluso en uno de los entornos más inhóspitos del planeta: el desierto. Aunque la imagen de dunas y nieve resulta, a priori, contradictoria, lo cierto es que existen algunos casos —contados— en los que esta práctica deportiva ha encontrado su lugar en territorios dominados por el calor y la aridez.

El ejemplo más emblemático se encuentra en Ski Dubai. Ubicada en el interior de un centro comercial, esta pista cubierta permite esquiar durante todo el año en pleno desierto de los Emiratos Árabes Unidos. Se trata de una instalación completamente artificial que mantiene temperaturas bajo cero en un entorno donde, en el exterior, los termómetros superan con facilidad los 40 grados. Es, hasta la fecha, el caso más claro de esquí en desierto “puro”.

A este modelo se suma el ambicioso proyecto de Trojena, impulsado por Arabia Saudí dentro de su plan de desarrollo futurista. La iniciativa contempla la creación de una estación de esquí en mitad del desierto, con vistas a acoger competiciones internacionales como los Juegos Asiáticos de Invierno. Aunque aún se encuentra en fase de desarrollo, representaba hasta la fecha, el intento más avanzado de replicar este tipo de infraestructura en condiciones extremas.

El turismo de lujo, termómetro de la incertidumbre

Pero el impacto no se limita a grandes proyectos. También alcanza al consumo de alto nivel, uno de los motores del turismo global. Firmas como Louis Vuitton o Rolex dependen de un ecosistema donde la confianza económica y la movilidad internacional son fundamentales.

Así que, una guerra prolongada -insiste Lombardo- introduce incertidumbre, encarece la energía —lo que actúa como un “impuesto global”— y puede frenar tanto el gasto como los desplazamientos.Y, el lujo, en ese contexto, suele ser uno de los primeros sectores en resentirse.

Más allá de sectores concretos, el cambio es estructural. En los últimos años, parte del capital procedente del petróleo se ha destinado a reforzar la presencia global de estos países: inversión en tecnología, deporte o turismo, y ahora, el conflicto altera esa estrategia.

Y, ahora "es probable -advierte el experto- que se reduzcan los flujos de capital hacia una amplia gama de iniciativas económicas”, con una reasignación hacia ámbitos más inmediatos y críticos, de modo que, el dinero no desaparece, pero cambia de función, pasando de proyectar influencia a garantizar seguridad.

La temida estanflación

En cualquier caso, la guerra en Irán aún plantea muchas incógnitas: su duración, el alcance de los daños o sus efectos sobre el comercio global. Pero incluso en el escenario más optimista, el informe advierte de consecuencias duraderas.

Entre ellas, un riesgo creciente de inflación persistente y desaceleración económica —la llamada estanflación que obligaría a gobiernos y empresas a ser más prudentes. En ese entorno, los grandes símbolos del lujo global —desde los clubes de fútbol hasta las pistas de esquí en el desierto— pueden dejar de ser prioritarios.

Y aunque no parece que desaparecerán de un día para otro -anota este estudio-, sí podrían entrar en una nueva fase menos expansiva, más contenida y, sobre todo, subordinada a un contexto donde la seguridad vuelve a estar por encima del espectáculo.