El presidente de Sidenor, Mirai y Talgo, José Antonio Jainaga, ha defendido la necesidad de abrir “una reflexión profunda” sobre cómo levantar compañías de mayor tamaño que puedan competir en un mercado global, poniendo el foco en las operaciones de integración empresarial.
“No estoy hablando únicamente de procesos de adquisición, sino también de procesos de fusión”, ha señalado Jainaga durante su intervención en el ‘Foro Capital de Fundación Vital’ celebrado en Vitoria-Gasteiz. A su juicio, para avanzar en esa dirección es imprescindible “llevar a cabo un ejercicio de generosidad y de renuncia a principios muy primarios, pensando en el interés del conjunto”.
En cualquier caso, ha descartado que Talgo esté en la búsqueda de un socio industrial. “No necesitamos a nadie”, ha subrayado, matizando que otra “cosa bien diferente” es la forma en que se aborde el despliegue de la alta velocidad en Europa del Este, donde considera que probablemente será preciso actuar “en colaboración con algún fabricante de esos países”.
Jainaga ha remarcado que la industria “es un sector clave para la economía y para la sociedad de Euskadi”, por su aportación de “estabilidad, empleos duraderos, salarios más altos, la capacidad de impulsar la formación y la capacidad, e incluso la obligación de impulsar las actividades de I+D+i”.
“Sin que suene despectivo y simplificando las cosas, Euskadi no puede convertirse en un país únicamente de hosteleros. Tenemos que defender y desarrollar la industria porque es fundamental para nuestro futuro”, ha insistido.
El máximo responsable de Sidenor ha alertado, no obstante, de que la sucesión y el reducido tamaño empresarial constituyen dos retos “fundamentales” para el tejido productivo vasco. A su entender, “los problemas de arraigo están muy ligados a la falta de sucesión”, ya que “cuando una generación de accionistas decide salir de una empresa por carecer de unos sucesores con capacidad o simplemente con ganas de mantenerse en la pelea, el riesgo de que esa empresa caiga en unas manos que no garanticen su futuro es grande”.
En este escenario, ha advertido de que “el riesgo de que el centro de decisión se desplace es igualmente grande” y de que, “tras ese primer movimiento accionarial, se inaugure una cascada de transmisiones de la propiedad que acaben despersonalizando a la empresa y desmotivando a sus integrantes”.
Respecto a la dimensión empresarial, ha recalcado que “es el otro gran hándicap de la empresa vasca”. Según ha expuesto, “la dimensión de una gran parte de empresas no les permite competir adecuadamente en un mundo que se ha vuelto mucho más complejo y donde las fronteras están abiertas”.
Ha matizado que “el tamaño no es un objetivo en sí mismo, ni una característica que garantiza el éxito, pero sí es una condición necesaria para profesionalizar la gestión de la empresa, para abordar procesos de internacionalización, para desarrollar procesos de innovación y para captar los mejores profesionales disponibles en el mercado”.
Costo energético y competitividad industrial
En otro momento de su intervención, Jainaga se ha detenido en el impacto del coste de la energía sobre la industria vasca, que, según ha denunciado, “la coloca en una situación de clara desventaja”. Ha recordado que países como Francia y Alemania “han tomado medidas para compensar los costes energéticos de su industria”, y ha defendido que en Euskadi se precisa “un precio final de la energía eléctrica de 40 euros por megavatio hora”.
Tras apuntar que “los más afortunados en España pagan 80 euros el megavatio hora”, ha asegurado que “existen medios, todos legales, para reducir a la mitad esa factura”, y que se trata “de una cuestión de voluntad política”.
Descarbonización, coche eléctrico y riesgo para el motor europeo
El presidente de Sidenor, Mirai y Talgo ha abordado también el compromiso de la Unión Europea con la descarbonización y los plazos fijados para adaptarse. “En Europa nos hemos pegado, no un tiro (en el pie), nos hemos pegado varios tiros”, ha afirmado.
Ha recordado que el continente representa “solo” el 10% de las emisiones de CO2 globales, pero “hace 20 años, tal vez más, los políticos verdes europeos del medio ambiente, los buenistas, ingenuos y demás” del continente “decidieron que Europa iba a salvar al mundo en el tema de las emisiones”. “Y, además, que lo íbamos a hacer montando todos, por decreto, en un coche eléctrico”, ha añadido.
José Antonio Jainaga ha sostenido que “se han colado absolutamente” porque “la premisa de partida es aberrante”, cuestionando que la solución para eliminar las emisiones tenga que pasar necesariamente por el coche eléctrico. Ha recordado igualmente que el primer vehículo de este tipo es de 1832 y que, casi 200 años después, “todavía no ha triunfado”.
Ha subrayado que el motor de combustión europeo “lleva una ventaja tecnológica a la industria china insalvable”, por lo que, en su opinión, China no habría podido “coger a Europa en la carrera tecnológica del motor de combustión”.
Sin embargo, mientras Europa no dominaba la fabricación del coche eléctrico, “los chinos sí”, lo que, según ha señalado, ha terminado por “conseguir poner la industria del automóvil europeo en una situación de peligro absoluto”. “Es un ejemplo de suicidio industrial, como yo no he conocido”, ha lamentado.
Asimismo, ha reclamado que, si China “quiere vender coches en Europa, no haga trampa fabricándolos allí y ensamblarlos en Martorell”. “Eso es trampa: ustedes vengan y los fabriquen, creen empleo, creen riqueza. Disfruten de nuestras condiciones laborales. Disfruten de nuestros costes salariales. De las multas que nos ponen por las emisiones de CO2. Disfruten de nuestro absentismo. Disfruten de nuestra jornada anual de trabajo. Y si ustedes son competitivos, venderán coches”, ha manifestado.
Absentismo laboral y falta de mano de obra
Jainaga ha vuelto a incidir en el lastre que, a su juicio, supone el absentismo. “No podemos ser campeones mundiales del absentismo”, ha advertido, añadiendo que esta realidad “es injusto, insolidario y socava la competitividad y la imagen del país de cara a posibles inversiones procedentes del exterior”.
El presidente de Sidenor ha llegado a afirmar que “nunca la salud de las personas ha sido tan buena como la actual”, y que “nunca las condiciones de seguridad en el trabajo han estado al nivel actual”, por lo que considera que “culpar a las empresas del absentismo por los elevados ritmos de trabajo o por la precariedad de las instalaciones es una falacia injustificable”.
“En una empresa de 2.000 personas, en Euskadi, todos los días abrimos una fábrica fantasma de 250 personas; vacía, en la que no se produce nada, pero se pagan los salarios”, ha ejemplificado.
Al mismo tiempo, ha puesto el foco en el problema de la escasez de profesionales cualificados, ya que “el déficit de profesionales en la industria lastra nuestro crecimiento”. Ha señalado que en algunos perfiles, como el de soldador, existe “una necesidad perentoria” de trabajadores.
José Antonio Jainaga considera que el absentismo es “un problema cultural, también político, es un problema de educación, y eso va a necesitar por lo menos una generación”. A su entender, “desde que los niños son pequeños” se les debe transmitir que “cuando se va a trabajar por un salario, lo de ir a trabajar es una obligación”.
Ha criticado que se otorguen “premios a la gente que va a trabajar” cuando ya perciben un sueldo, o que se abone “un premio de puntualidad al que llega a la hora”. “Ahora se hacen cosas muy raras. Hay que cambiar la mentalidad y eso nos llevará muchísimo tiempo”, ha señalado.
Por último, ha advertido nuevamente del déficit de personal para la industria y ha defendido la conveniencia de “reforzar la colaboración público/privada en esta área”. También ha reclamado que “no hay que secundar las iniciativas de algunas formaciones políticas que se oponen frontalmente a la inmigración”. “Sin ellos y sus hijos, el futuro no será posible”, ha concluido, en referencia a las personas migrantes.