KPMG ha alertado de que las compañías españolas deben dejar de ver la energía como un simple coste operativo y empezar a gestionarla como un riesgo estratégico de primer orden, en un escenario marcado por el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y el aumento de los shocks geopolíticos en todo el mundo.
De acuerdo con la firma, este contexto está generando fuertes presiones sobre los precios de la energía, las cadenas de suministro y los mercados financieros, que se han convertido en los principales canales de transmisión de la inestabilidad hacia la economía real.
En una guía diseñada para apoyar a las empresas en la mitigación del riesgo geopolítico, KPMG aconseja integrar de forma explícita el riesgo energético en los mapas globales de riesgos, diversificar proveedores y orígenes de suministro y revisar de manera periódica los marcos contractuales y legales, además de la gestión de coberturas y derivados energéticos.
La consultora remarca que la energía puede llegar a determinar la viabilidad de proyectos, inversiones y operaciones, lo que supone un “cambio de paradigma” para la gestión empresarial.
El documento, que se apoya en el Informe Perspectivas 2026 elaborado junto a CEOE, recuerda que un 44% de los directivos españoles reconoce haber tenido que replantear su estrategia por la situación geopolítica.
“Las empresas trabajan en un entorno sometido casi a constantes shocks geopolíticos”, señala Fernando Cuñado, socio responsable de Mercados y del área de Forensic de KPMG en España, quien apunta que la guerra en Oriente Medio ha sembrado el caos en las economías más afectadas y ha tenido un impacto “enorme” a nivel global.
KPMG plantea rediseñar las cadenas de suministro por funciones o segmentos, y no como un bloque único, incorporando opcionalidad, flexibilidad y preacuerdos de contingencia, dado que no todos los productos exigen el mismo grado de resiliencia.
En paralelo, anima a revisar los contratos para localizar cláusulas de fuerza mayor, condiciones económicas y capacidad de trasladar subidas de precios, así como a renegociar los futuros acuerdos con disposiciones que permitan mayor flexibilidad ante escenarios extraordinarios.
La firma resalta igualmente la importancia de los seguros específicos frente a riesgos de guerra, habitualmente excluidos de las pólizas generales, y avisa de que, aunque la navegación por el Estrecho de Ormuz no ha sido vetada formalmente, las primas se han incrementado de manera notable.
Además, advierte de que el aumento del coste energético se está trasladando tanto a los precios finales como al consumo, por lo que recomienda desplegar políticas de precios más avanzadas, ajustarlas con mayor frecuencia en función de los costes y la demanda, e incluso diferenciarlas por canal de venta o área geográfica para reflejar mejor los costes logísticos.
Entre las medidas sugeridas, KPMG propone optimizar el portafolio para suprimir referencias poco rentables o muy complejas desde el punto de vista del transporte, monitorizar el comportamiento del consumidor para adaptar la oferta a sus prioridades y reforzar la confianza, y pactar con los distribuidores fórmulas que permitan compartir el impacto del aumento de costes.
El propósito, concluye, es garantizar el abastecimiento de productos esenciales y proteger la cesta básica, manteniendo sus precios lo más contenidos posible en un entorno de elevada incertidumbre geopolítica.