La Agencia Internacional de la Energía ha lanzado una advertencia sobre el riesgo de que “varios países europeos” comiencen a experimentar problemas de suministro de combustible de aviación en “las próximas seis semanas”, condicionado a la capacidad de importar desde los mercados internacionales para compensar la pérdida de producto procedente de Oriente Próximo.
En una nota informativa, el organismo recuerda que, hasta ahora, los envíos desde esa región asiática llegaban a suponer alrededor del 75% de las importaciones netas de combustible para aviones que recibe el continente europeo.
La inquietud por una posible escasez se intensifica justo cuando las compañías aéreas se preparan para la campaña alta de verano, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre el desenlace del conflicto en Oriente y por el encarecimiento del queroseno asociado a la crisis.
Este martes, la Comisión Europea ha señalado que, por el momento, no observa señales que apunten a un problema actual de suministro de combustible dentro de la Unión Europea, tampoco en el transporte aéreo. No obstante, ha admitido que las aerolíneas podrían afrontar falta de combustible “en un futuro próximo” si se prolonga la situación en Oriente Próximo que mantiene bloqueado el tráfico comercial por el estrecho de Ormuz.
El sector aéreo europeo, representado por el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI, por sus siglas en inglés), ya trasladó la semana pasada a Bruselas, mediante una carta, su preocupación por un posible déficit de queroseno en un horizonte de “tres semanas” en caso de que no se logre una solución a la crisis en Oriente Próximo.
Algunas compañías han empezado a reaccionar para mitigar el impacto del conflicto militar. Lufthansa ha comunicado este jueves el cierre de su filial CityLine y la retirada de seis aeronaves, entre otras medidas de ajuste.
Asimismo, KLM recortará 160 vuelos durante el mes de mayo desde y hacia el aeropuerto de Schipol, en Ámsterdam (Países Bajos). A su vez, la española Volotea ha introducido un recargo máximo de 14 euros por pasajero y trayecto para “garantizar la estabilidad operativa, minimizando el impacto en un entorno global en constante evolución”.
Por otro lado, Ryanair apuntó ayer que ve probable que las aerolíneas trasladen el incremento de los costes de combustible a billetes más caros de cara a la temporada estival.