La AIE alerta de una crisis energética y alimentaria más severa que las de 1973, 1979 y 2022 juntas

La AIE advierte de una triple crisis de petróleo, gas y alimentos, más grave que las de 1973, 1979 y 2022, y alerta de un inminente “abril negro”.

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El planeta atraviesa lo que el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, describe como una triple crisis que golpea al petróleo, al gas y también a los alimentos, con una gravedad que supera “las de 1973, 1979 y 2022 juntas”. A su juicio, el mundo entra en un “abril negro” cuyo desenlace pasa, de forma casi exclusiva, por la reapertura del estrecho de Ormuz.

“Marzo fue muy difícil, pero abril será mucho peor”, advierte Birol en una entrevista concedida al diario francés ‘Le Figaro’ y citada por Europa Press, donde adelanta que, si el estrecho de Ormuz continúa bloqueado durante todo el mes de abril, el volumen de crudo y productos refinados que dejará de llegar al mercado será el doble que en marzo. “Nos adentramos en un 'abril negro'”, ha lamentado.

El responsable turco de la AIE reconoce ser “muy pesimista” ante el escenario actual, ya que el mundo se enfrenta a una “triple crisis”, al confluir una crisis de petróleo, otra de gas y una tercera de alimentos.

“El mundo nunca ha experimentado una interrupción del suministro energético de esta magnitud”, ha sintetizado, remarcando que la situación actual “es más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.

En su análisis, los Estados más expuestos son aquellos con mayor dependencia de las importaciones energéticas, como Corea del Sur y Japón, pero sobre todo Indonesia, Filipinas, Vietnam, Pakistán y Bangladesh, además de varios países africanos con escaso margen financiero para afrontar el encarecimiento y la escasez.

Birol recuerda que, a mediados de marzo, la AIE reaccionó liberando 400 millones de barriles de petróleo de las reservas de emergencia de sus países miembros. Aun así, puntualiza que la organización conserva todavía el 80% de esos inventarios estratégicos y recalca que se recurrirá a ellos “si es necesario”, aunque mantiene la esperanza de no tener que utilizarlos.

Junto a la liberación de reservas, la AIE impulsa medidas de ahorro de petróleo y se ha volcado en la denominada “diplomacia energética”, manteniendo un diálogo constante con los ministros de Arabia Saudí, Brasil, India y numerosos gobiernos más, con el objetivo de estabilizar los flujos de suministro.

En primer término, Birol insta a los países a extremar la prudencia en el uso de la energía, apostando por la conservación y por mejorar la eficiencia, al tiempo que insiste en sostener el despliegue de las energías renovables y diversificar los orígenes de las importaciones mediante nuevos socios comerciales.

A más largo plazo, el director de la AIE prevé una transformación profunda del tablero geopolítico de la energía y confía en que la crisis actual sirva de catalizador para acelerar el desarrollo de las renovables, la energía nuclear y la adopción masiva de vehículos eléctricos.

Según su pronóstico, aunque algunas tecnologías avanzarán a distinto ritmo, “se producirá una transición hacia las energías renovables fulgurante”, apoyada en la rápida instalación de plantas solares y eólicas. Paralelamente, se alargará la vida operativa de las centrales nucleares ya en funcionamiento y, en muchos países, se reavivará el impulso a la energía nuclear, con especial atención a los pequeños reactores modulares.

Asimismo, al igual que ocurrió en la década de 1970, Birol prevé una transformación profunda de la industria del automóvil, en la que los coches eléctricos ganarán terreno con mucha más rapidez que los vehículos de combustión interna, en especial en Asia, la región donde la demanda de petróleo es más elevada.