La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha difundido este viernes un informe en el que repasa la trayectoria del Euríbor, un indicador que, según concluye, conserva una “utilidad económica diferenciada”, aunque requiere determinadas mejoras y actualizaciones para garantizar su continuidad en un entorno financiero en constante transformación.
El documento, titulado 'Tres décadas del Euríbor: viabilidad y perspectivas de evolución', está firmado por la responsable del área de Índices de Referencia de la CNMV, María José Gómez Yubero; el director del departamento legal de mercados globales de BBVA, Ignacio Ollero García-Agulló; y el exmiembro del área de índices de referencia del supervisor, Miguel Palomero Aguilar.
El análisis examina si la opción adoptada en Europa de mantener el Euríbor, frente a la retirada del Líbor en otras regiones, fue “acertada” y si, más allá de su mera pervivencia formal, el índice continúa siendo imprescindible y sostenible como referencia prospectiva dentro del sistema financiero de la Unión.
La primera gran conclusión del estudio es que la senda diferenciada seguida por Europa al preservar el Euríbor, en contraste con el enfoque anglosajón, constituyó una decisión “sensata, necesaria, racional y justificada”, teniendo en cuenta las particularidades del entramado financiero europeo.
“A diferencia de otras jurisdicciones, la zona euro presenta una elevada dependencia de tipos de interés a plazo en contratos de crédito minorista y corporativo, especialmente en el mercado hipotecario, donde la certidumbre 'ex ante' sobre el tipo aplicable constituye un elemento esencial por las propias exigencias de la normativa aplicable”, señalan los autores del informe.
En este marco, la eliminación repentina del Euríbor habría provocado una “disrupción contractual de gran magnitud”, con riesgos jurídicos, económicos y sociales “significativos”.
Como segunda conclusión, el trabajo subraya que el Euríbor continúa desempeñando funciones económicas que no pueden ser cubiertas de forma plena por los tipos libres de riesgo, “incluso tras la consolidación del euroSTR y de las tasas compuestas basadas en él”.
En esa línea, se detalla que su naturaleza prospectiva y la inclusión de un componente de riesgo de crédito bancario siguen siendo elementos clave para ciertos usos, tanto en la determinación del precio del crédito como en la cobertura y gestión del riesgo de tipo de interés por parte de las entidades financieras.
Asimismo, el Euríbor reformado carecería de las debilidades asociadas a los denominados 'credit-sensitive rates' surgidos en otros mercados, al apoyarse en un universo subyacente de operaciones más amplio y en un marco regulatorio y supervisor “mucho más exigente”.
El informe recalca también que la continuidad de este índice, ampliamente utilizado en España como referencia en los préstamos hipotecarios, ha sido posible gracias a un proceso de revisión metodológica, regulatoria y de gobernanza que ha modificado de forma profunda su configuración original.
No obstante, el estudio advierte de que persisten desafíos estructurales que no han sido “completamente resultados” y que se vinculan, sobre todo, con la eficiencia y la operativa del índice, más que con su robustez intrínseca. Entre estos retos, los autores citan la dependencia de un mercado monetario no garantizado “que no siempre genera suficientes transacciones”, el tamaño limitado del panel de entidades contribuidoras, la concentración de los costes operativos y de cumplimiento en los panelistas y el fenómeno del 'free riding'.
“Estas limitaciones no cuestionan la representatividad ni la credibilidad del Euríbor, pero sí justifican la necesidad de seguir explorando mejoras que permitan reducir cargas, aumentar la eficiencia y reforzar su permanencia a largo plazo”, añaden los responsables del trabajo.
En conjunto, el informe concluye que el Euríbor continúa siendo una pieza necesaria dentro del ecosistema financiero europeo, si bien su pervivencia futura “no puede darse por garantizada de forma automática”. Los autores consideran que esta dependerá de la capacidad del entramado institucional y normativo para seguir adaptando el índice a un escenario caracterizado por mercados monetarios “más reducidos, mayores exigencias regulatorias y una creciente presión por la eficiencia y la simplificación”.
Al mismo tiempo, recalcan que la estrategia europea de coexistencia entre un Euríbor reformado y un conjunto de referencias construidas a partir del euroSTR constituye una solución “equilibrada” que “combina estabilidad, utilidad económica y robustez regulatoria”.