La cooperación internacional mantiene una notable solidez y no se ha desmoronado pese al aumento de las tensiones geopolíticas y a la creciente fragmentación económica, aunque se ha desplazado hacia esquemas más pragmáticos y adaptables.
Así lo refleja el informe “The Global Cooperation Barometer 2026”, elaborado de forma conjunta por McKinsey & Company y el World Economic Forum (WEF), que examina el estado de la colaboración entre países a partir de 42 indicadores diseñados para medir cómo cooperan las naciones ante los desafíos actuales.
El documento constata que, mientras los parámetros vinculados al multilateralismo clásico se han debilitado, las métricas asociadas a acuerdos más reducidos y flexibles, como los flujos de datos, el comercio de servicios y ciertos movimientos de capital, siguieron creciendo a lo largo de 2025.
Un sistema global en plena transformación
El barómetro toma el pulso al sistema internacional a través de cinco dimensiones clave y dibuja un escenario de profunda transformación. En este marco, los niveles de cooperación en comercio y capital se sitúan aún por encima de los de 2019, aunque con una arquitectura en plena reconfiguración, señala el estudio.
Gana terreno la preferencia por socios geopolíticamente alineados (“friend-shoring”), al tiempo que el comercio de bienes se expande a un ritmo menor que el de la economía mundial. En contraste, el intercambio de servicios y los flujos de capital mantienen un dinamismo relevante.
En el ámbito de la innovación y la tecnología se identifica uno de los principales vectores de crecimiento. El ancho de banda internacional se ha multiplicado por cuatro respecto a los niveles previos a la pandemia y la movilidad de talento tecnológico continúa al alza, incluso en un contexto de limitaciones en insumos esenciales como los semiconductores. En este entorno, emergen nuevas fórmulas de cooperación en inteligencia artificial e infraestructuras 5G entre países alineados.
En materia de clima y capital natural, las organizaciones destacan que la financiación y las cadenas de suministro globales han favorecido el despliegue de tecnologías limpias, que alcanzaron máximos históricos a mediados de 2025.
Aunque China concentró la mayor parte de las nuevas instalaciones renovables, otras economías en desarrollo han acelerado sus iniciativas. Ante las dificultades del multilateralismo, bloques como la Unión Europea y la ASEAN combinan sus metas de descarbonización con objetivos de seguridad energética.
En el terreno de la salud y el bienestar, los autores explican que la cooperación se ha mantenido relativamente estable tras la pandemia. No obstante, esta aparente estabilidad esconde una vulnerabilidad creciente: en 2025, la ayuda al desarrollo destinada a salud se redujo de forma acusada, con un impacto especialmente severo en los países de ingresos bajos y medios.
Por último, el estudio advierte de un deterioro rápido en paz y seguridad. Todos los indicadores se sitúan por debajo de los niveles anteriores a la pandemia y el incremento del gasto militar, unido al debilitamiento de los mecanismos de resolución de conflictos, ha provocado que las personas desplazadas por la fuerza alcancen la cifra récord de 123 millones.
“Remapear” la cooperación en un mundo fragmentado
Ante un entorno más fragmentado y multipolar, el informe recalca que los grandes desafíos globales, desde la seguridad cibernética hasta el cambio climático, no pueden afrontarse de manera aislada.
En este sentido, McKinsey y el WEF instan a los responsables públicos y privados a anticiparse a los cambios de forma proactiva. Sostienen que las organizaciones deben “remapear” su compromiso internacional, identificando en qué ámbitos los acuerdos regionales o “minilaterales” pueden generar resultados más ágiles que los foros globales bloqueados.
En segundo lugar, plantean reforzar la resiliencia mediante nuevas capacidades. Para ello, abogan por construir una mayor flexibilidad operativa que permita adaptarse a un escenario en el que los flujos comerciales y tecnológicos modifican su dirección en función de la geopolítica.
Además, proponen ajustar el formato de cooperación al tipo de reto. Según exponen, no todos los problemas requieren un consenso global y “los líderes deben elegir el formato adecuado (bilateral, regional o sectorial) según la urgencia y el tipo de problema a resolver”.
“La cooperación sigue siendo esencial, pero su práctica está evolucionando hacia la agilidad y el pragmatismo”, concluye el informe, que subraya que “el éxito en esta nueva era dependerá de la capacidad de encontrar el equilibrio entre la competencia necesaria y la colaboración indispensable”.