La riqueza agregada de los 33 milmillonarios que residen en España, cinco más que en 2024, ascendió en 2025 a unos 197.500 millones de euros. Esto supone un avance real del 13,6% frente al ejercicio previo, mientras que, a escala planetaria, los más de 3.000 milmillonarios vieron aumentar su patrimonio más de un 16%, hasta 18,3 billones de dólares (15,7 billones de euros). Así lo recoge un informe de Oxfam Intermón difundido este lunes, coincidiendo con la apertura del Foro Económico Mundial en la localidad suiza de Davos.
Para el caso español, la organización califica 2025 como “un año histórico” para el gran capital, ya que tanto la fortuna conjunta de los 33 milmillonarios del país como la capitalización bursátil de las empresas del Ibex 35 alcanzaron máximos, mientras los salarios pierden peso en la economía y avanzan por debajo del encarecimiento del coste de la vida.
“En España, la concentración de riqueza también se ha acelerado”, apuntan los autores del informe “Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”, tras estimar que el pasado año el patrimonio de los milmillonarios españoles creció cuatro veces más rápido que la media registrada en los últimos cinco años.
“Esto supone que los milmillonarios españoles ganaron en promedio más de 77 millones de euros al día”, añaden, subrayando que haría falta cerca de un millón de personas trabajadoras en España para obtener la misma cantidad.
El estudio detalla que el ‘club’ de milmillonarios españoles sumó cinco integrantes en 2025, hasta un total de 33, en su mayoría hombres, con una fortuna conjunta estimada en 197.500 millones, el nivel más elevado hasta la fecha. Esta cifra implica un aumento de casi 28.300 millones respecto a 2024 y un crecimiento real del 13,6%, más de cuatro veces por encima del avance previsto para la economía española en 2025 (2,9%).
Así, la riqueza total de estos 33 milmillonarios superaría la que concentran 18,7 millones de residentes en España, es decir, el 39% de la población.
En contraste con este fuerte incremento del patrimonio de las grandes fortunas, Oxfam Intermón señala que, en los diez primeros meses de 2025, los salarios se habrían incrementado seis puntos menos que la inflación en ese mismo periodo, lo que se traduce en una merma del poder adquisitivo de la mayoría trabajadora.
Según sus cálculos, “el 1% más rico concentra el 23,9% de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre apenas posee el 6,7%”. De este modo, el 0,1% más acaudalado en España (unas 48.000 personas con un patrimonio medio de 20 millones de euros) habría incrementado su peso en la riqueza nacional desde 2010 y ya representaría más del 10% del total.
“La gente no llega. El dinamismo económico favorece a las grandes fortunas, pero para millones de personas resulta cada vez más difícil llegar a fin de mes o calentar su casa. A esta dura realidad se le suman las dificultades para acceder a una vivienda digna y asequible”, denuncia Franc Cortada, director de Oxfam Intermón.
MÁXIMO HISTÓRICO DE LA RIQUEZA DE LOS MILMILLONARIOS
A nivel mundial, el documento de la ONG calcula que el patrimonio agregado de los más de 3.000 milmillonarios del planeta aumentó en 2025 más de un 16%, tres veces por encima de la media anual de los últimos cinco años, hasta situarse en un máximo histórico de 18,3 billones de dólares.
En este contexto, el informe advierte de que la aceleración en la concentración de riqueza milmillonaria coincide con el mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Desde su llegada a la Casa Blanca, se han rebajado los impuestos a los superricos, se han bloqueado avances en la fiscalidad internacional para grandes corporaciones, se han limitado los intentos de contener el poder de los monopolios y se ha impulsado la cotización en bolsa de sectores como el de la IA, generando fuertes beneficios que han ido casi en exclusiva a parar a las grandes fortunas.
De acuerdo con el estudio, la riqueza conjunta de los milmillonarios se incrementó el año pasado en 2,5 billones de dólares (2,2 billones de euros), una cantidad prácticamente equivalente al patrimonio de la mitad más pobre del planeta, unos 4.100 millones de personas. La ONG sostiene que, solo con esa suma, podría erradicarse la pobreza extrema de los próximos 26 años.
“Desde 2020, la riqueza combinada de estos milmillonarios ha crecido un 81%”, recuerdan los autores, que consideran que esta acumulación extrema de recursos no solo implica un poder económico descomunal, sino también una creciente capacidad de influencia política que permite a estas élites moldear las reglas que rigen la economía y la sociedad en su propio beneficio. El informe alerta de que los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que el resto de la población.
El documento también subraya la tendencia, cada vez más preocupante, de que los superricos utilicen su patrimonio para controlar medios de comunicación y redes sociales, sin que la mayoría de gobiernos haya logrado contener este fenómeno. En la actualidad, más de la mitad de los grandes grupos mediáticos del mundo y la totalidad de las principales plataformas de redes sociales están en manos de milmillonarios, con ejemplos como el “Washington Post” (Jeff Bezos), Twitter/X (Elon Musk) o la compra de una parte relevante de “The Economist” por un consorcio de grandes fortunas.
“Los milmillonarios están dedicando su riqueza y poder para generar estado de opinión, influir sobre el debate público y cambiar incluso el curso político. No sólo compran yates, compran incluso democracias, alimentando el discurso de odio y la polarización política, todo por defender únicamente sus intereses”, recoge el informe.
PONER LÍMITES A LOS MILMILLONARIOS
Ante este panorama, Oxfam Intermón sostiene que la desigualdad extrema y la concentración de riqueza “no son inevitables”, ni lo es el poder e influencia política de los superricos, por lo que reclama a los gobiernos que actúen con urgencia.
En esta línea, pide priorizar medidas que refuercen los cortafuegos entre la acumulación de riqueza y la política, regulando de forma estricta los lobbies y la financiación de campañas electorales y partidos, garantizando la independencia de los medios de comunicación y prohibiendo los discursos de odio.
Además, propone poner en marcha planes nacionales de reducción de la desigualdad con metas y plazos concretos, junto con agendas fiscales efectivas para gravar a los superricos con tipos suficientemente elevados como para recortar la desigualdad extrema. También aboga por garantizar el empoderamiento político de la sociedad civil y de los sindicatos, protegiendo las libertades de asociación, reunión y expresión.